Hablar en público: el antes y el durante

Hace unas semanas, como cada seis meses aproximadamente, tuve la suerte de participar como director y tutor de posgrado en las evaluaciones finales de proyectos […]

Hace unas semanas, como cada seis meses aproximadamente, tuve la suerte de participar como director y tutor de posgrado en las evaluaciones finales de proyectos que los alumnos realizan delante de un tribunal compuesto por directores, tutores e inversores para su evaluación final. Los alumnos disponen de veinte minutos para presentar el proyecto en público y diez minutos para responder las preguntas del tribunal. Del proyecto realizado, más la presentación en público sale una evaluación final que determina si el proyecto está bien enfocado para pasar a una incubadora o a una aceleradora.

Hace algún tiempo escribí sobre las claves para presentar un proyecto de startup a un inversor, y hoy quiero hablar del arte de hablar en público, de la puesta en escena de los proyectos nacidos de buenas ideas que a menudo no llegan a buen puerto, a veces porque en el momento de subir al escenario y hacer la presentación los ponentes no tienen claros algunos puntos importantes.

Cuando asistimos a conferencias y charlas, nos parece relativamente fácil lo que el ponente está haciendo, incluso pensamos que seríamos capaces de realizarlo igual o mejor. Puede que sea así, pero para la mayoría es difícil exponer sus ideas delante del público y aún más dedicarse a ello de forma profesional.

A mí me apasiona, me “desestresa” y me hace feliz hablar en público, quizá por eso he detectado algunos puntos que los principiantes en oratoria deberían tener en cuenta; sin ánimo de dar consejos a nadie, de hecho no soy quien para darlos, me gustaría dar mi opinión a raíz de mi experiencia como comunicador, ponente y espectador de conferencias, y así ayudar a los que empiezan en el mundo de la oratoria.

Cuando tenemos que presentar un proyecto o realizar una conferencia en público, es muy importante no olvidarnos de algunos aspectos. Como conferenciante, preparo mis intervenciones en dos bloques, el antes y el durante. Antes de la intervención trabajo fundamentalmente los siguientes puntos:

  • Preparación: un trabajo clave. Debemos pensar cuál es el objetivo del mensaje, preparar un mapa mental del discurso y ensayarlo con antelación a la presentación. En el caso de que realicemos una conferencia con “derecho” a preguntas de los espectadores, debemos pensar en ellas, en las objeciones que pueden surgir y tener las respuestas preparadas. Es importante que nunca improvisemos si no tenemos la confianza necesaria en nosotros mismos para no perder el hilo y así no desviarnos de nuestro objetivo. Dicen que la mejor improvisación es la que está preparada.
  • Soporte audiovisual: la pauta es importante. Es fundamental preparar la presentación en el formato que más nos guste y con el que nos sentimos cómodos, ya sea en Power Point, Keynote o Prezi. Con el mapa mental que hemos preparado anteriormente, extraeremos lo importante del mensaje y lo plasmaremos en la presentación con imágenes, fotos o vídeos de calidad; pero lo más interesante lo diremos de palabra. A menudo vemos presentaciones saturadas de texto totalmente ilegible, que únicamente conducen a perder el hilo de la presentación y a la desconexión del espectador u oyente.

 

Durante la presentación, es preciso tener en cuenta lo siguiente:

  • Puesta en escena: nunca tendrás una segunda oportunidad para causar una primera buena impresión. Vestuario y cuidado de la imagen personal, tiene que ir acorde con la audiencia. Debemos tener presente que la comunicación no verbal es un punto muy importante para ganar la confianza del espectador, y es por eso que los movimientos y la posición de los brazos y las manos en el momento de la presentación son señales de confianza. A menudo vemos ponentes o presentadores con la mirada perdida, leyendo directamente de la pantalla o del guión, que incluso dan la espalda a los espectadores, lo que proyecta un mensaje de inseguridad.
  • Cuerpo: hablar en público agota mucho física y psicológicamente. Hay que trabajar la respiración antes de subir al escenario, para aliviar los nervios y no llegar agotados físicamente al final del discurso. Previamente tenemos que marcar y estudiar las pausas en el texto; una pausa puede decir más que mil palabras. Analizar el tono de voz de cada párrafo y, si podemos, de algunas palabras clave, porque los estudios demuestran que el 93% del éxito de un mensaje depende de la suma del lenguaje no verbal y del tono de voz, el resto es el lenguaje verbal, es decir, un 7%. Es preciso también trabajar la voz para aprender a vocalizar y entonar cada palabra para conseguir cambios de ritmo en los párrafos.
  • Contenido: si hablas de lo que sabes, el espectador se da cuenta de que sabes de lo que hablas. La comunicación del contenido lo transformamos en comunicación emocional. Usamos contenido audiovisual dentro de los parámetros habituales, sabemos que los vídeos muy largos cansan y los muy cortos no llegan al espectador. No debemos utilizar tecnicismos; puesto que no demuestran que tengamos más conocimientos sobre el tema, no obstante, si usamos alguna palabra muy técnica, debemos explicar su significado. El objetivo de un discurso no es demostrar que conocemos las “palabrejas”, ni que sabemos más que los que nos escuchan, el objetivo es que entiendan lo que estamos transmitiendo. Lo importante es que te lo creas tú y no intentar que se lo crean ellos.
  • El tiempo: el respeto hacia todos demuestra profesionalidad. En un tribunal final de proyecto, en una conferencia o una ponencia tenemos asignado un tiempo determinado. Debemos intentar no superarlo más de cinco minutos ni quedarnos cortos. Si terminamos antes, demostramos que nos falta contenido, si excedemos mucho el tiempo fijado, puede considerarse una falta de respeto hacia el ponente que viene a continuación e incluso hacia el público.

 

Seguramente falten algunos puntos, pero estos son para mí los más importantes antes de hacer una presentación. Si los trabajamos todos, y le sumamos la confianza en nosotros mismos, no tengáis ninguna duda de que el éxito está garantizado. Dicen que saber hablar en público es un don que pocos tienen; para mí, la comunicación es un arte que tiene su magia y es por eso que necesitamos practicar. Pero si quieres llegar a conectar con los demás y que te recuerden por lo que has dicho, por encima de todo, tienes que emocionarles.

 

Foto: Fundación CM

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