Objetivo, las personas. Después, Google

En el afán por conquistar a Google y ganar visibilidad, a menudo corremos el riesgo de olvidarnos de que realmente a quienes nos dirigimos son […]

En el afán por conquistar a Google y ganar visibilidad, a menudo corremos el riesgo de olvidarnos de que realmente a quienes nos dirigimos son personas y no robots. Personalmente, como blogger, nunca me he obsesionado demasiado con el todopoderoso buscador y no me ha ido mal. De hecho, hasta me he planteado recientemente un experimento basado en cerrar el grifo a Google para ver hasta qué punto noto el impacto.

En cualquier caso, es una decisión personal, pero como bloguero lo que sí es fundamental es que nunca pierdas de vista que a quien debes llegar es a personas y si, ya de paso, gustas a Google, aún mejor. Si Google te trae tráfico, pero no consigues conquistar a las personas, mal vas… Primer objetivo, las personas. Después, Google. No es incompatible o no debería serlo.

Y ahora viene la gran pregunta: ¿cómo debe ser ese contenido para que sea capaz de gustar a las personas y que pueda sobrevivir en el tiempo a cualquier cambio algorítmico de Google?

  • Apuesta por la calidad y busca siempre la utilidad de la información que aportes. Las personas, a la hora de consumir un determinado contenido, lo que buscamos es básicamente entretenernos, informarnos o formarnos.
  • Conecta: Google es caprichoso, pero las personas te permiten conectar y conseguir resultados mucho más sólidos en el tiempo. Sé cercano, utiliza un lenguaje sencillo y evita los tecnicismos en la medida de lo posible. Usa un estilo directo y habla de tú a tú con quien está al otro lado, casi como si fuera un amigo de toda la vida o similar.
  • Cuida la estructura del texto: la información que vayamos a aportar puede tener un enorme valor, pero no te servirá de nada si no sabes presentarla. La estructura de un contenido es fundamental. Las personas solo se paran a leer si algo les ha interesado mucho, pero por regla general lo que hacemos es escanear. Estructura tu contenido en párrafos cortos, destaca las ideas clave con negritas (sin abusar), recurre a los subtítulos y a los listados para enumerar datos y desglosar ideas… Diseña tu propia estructura, basada en ponérselo fácil a quien te lee, y mantenla siempre.
  • Busca el título perfecto: este punto bien podría ser el primero, ya que el título es el factor decisivo que en milésimas de segundo conseguirá que captes la atención o todo lo contrario. Un buen título es aquel que es lo bastante sugerente y creativo, pero que al mismo tiempo aporta algo de información. Eso sí, el riesgo de ser demasiado creativo y que el título no corresponda ni de lejos con la información, puede hacer que captes la atención, pero solo el tiempo suficiente que requiere comprobar que el contenido no es ni mucho menos lo que la persona esperaba encontrar. Siempre es bueno experimentar, pero en todo caso huye de los títulos planos.
  • Diseña a conciencia el primer párrafo: si el título debe ser atractivo, el primer párrafo debe suscitar el suficiente interés como para provocar las ganas de seguir leyendo. Ve al grano y resume brevemente qué es lo que ese lector podrá sacar en claro si sigue leyendo tu contenido.
  • Promueve la conversación: un buen contenido es aquel que no solo te informa, te educa o te entretiene, sino que además te invita a pensar y a reflexionar. Si consigues sembrar esa semilla en la persona que te lee y promover a partir de ahí una conversación, podrás pensar que tu contenido ha cumplido su objetivo.

Y tú, ¿crees que es incompatible escribir para personas y, de paso, a Google?

Foto: Arenamontanus, distribuida con licencia CC BY 2.0

 

 

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