Se acabó la globalización

Claro que quiero ser provocador. La globalización se ha acabado. Al menos, como la tendencia que conocimos entre 1980 y 2007 que se cimentó en […]

Claro que quiero ser provocador. La globalización se ha acabado. Al menos, como la tendencia que conocimos entre 1980 y 2007 que se cimentó en el incremento de los flujos comerciales, la defensa de los bloques como última frontera de la geografía política y el amanecer de China. La globalización que conocemos ahora es otra, diferente, poscrisis. Te recomiendo leer el último libro de Judith Rodin antes de diseñar una estrategia de internacionalización. Porque la globalización se ha hecho mayor de edad y está en otra etapa diferente. A continuación, te apunto las nuevas claves.

Los asuntos globales carecen de líderes a la altura. Unos no pueden. Otros no quieren. La realidad nos enseña que en los asuntos que requieren una decisión internacional, unos acuerdos o la creación de unos estándares no cuentan con instrumentos que obliguen a los estados. Pensemos en el cambio climático, la cuestión del agua o las migraciones internacionales: no hay liderazgo político. De hecho, son algunas empresas quienes han dado un paso adelante.

Asia es más que China y el flujo comercial. El nuevo informe de Presencia Global del Real Instituto Elcano explica bien la tendencia. Mario Esteban, investigador responsable del área, explica que China, Japón Corea del Sur, India, Singapur, Malasia, Indonesia, Tailandia, Filipinas y Pakistán representan el 88% del PIB regional. Necesitamos los diez países para comprender el giro hacia Asia Pacífico, su incremento en los patrones de globalización (economía, poder militar, presencia sociocultural).

No existe el entorno digital. Mientras las organizaciones crean que Internet y las nuevas plataformas son subproductos industriales, no podrán crear estrategias digitales para la disrupción. La conceptualización es sencilla: Internet, el móvil y las tabletas tienen que estar al principio de la cadena de mando. Si no se articula digital desde el comienzo, el riesgo de desaparición de una compañía es enorme. No importa el sector o la actividad económica: el mundo ya es digital. Y para el 45% de la población mundial que es menor de 25 años es su medio natural.

 

Lecciones para la empresa

Las ciudades son actores de la innovación y tendrán cada vez más peso en cuestiones de desarrollo digital. La creación de estándares de 4G, la interoperabilidad del Internet de las cosas, los hubs de comercio electrónico y las aplicaciones de la economía compartida (el paradigma Uber) serán fundamentales en el nuevo urbanismo. Con ciudades cada vez más populosas, ¿quién se atreve a no dar la palabra a la ciudad de Nueva York, Estambul, México DF, Yakarta o Ciudad del Cabo? El fenómeno de las metrópolis será diferencial en la globalización de la segunda mitad del siglo XXI.

La empresa flexible. La lógica flexible requiere la capacidad de las organizaciones para atender el cambio digital, prepararse para la disrupción (llegará un Uber a tu actividad antes o después), adaptarse a la globalización y buscar nuevas oportunidades de negocio. Si no,  comprendemos que los dinosaurios murieron por la incapacidad para adaptarse al entorno, corremos el riesgo de convertirnos en uno. El pensamiento estático es lo contrario a la nueva globalización: adapta la empresa a los nuevos planes, adapta nuevas acciones, cambia el comportamiento de tus directivos y escucha a los consumidores. Es un cambio de estrategia cuando destinas unos recursos a nuevos propósitos; si no, es puro maquillaje.

De la dirección estratégica al liderazgo global. En la hoja de cálculo caben los datos de recursos, se miden los procesos y se promueven valores. Esto no basta para el diseño de una estrategia: ¿cómo se miden los intangibles? Planteo tres: (1) el liderazgo, que no depende del tamaño, sino de la capacidad de responder a las necesidades de los clientes de acuerdo con sus expectativas; (2) la reputación, una cualidad atribuida que depende de los gustos del público y que es volátil ante el menor desprestigio de la empresa en todas las fases de la cadena de valor; y (3) la credibilidad, que pasa por la emisión de mensajes coherentes entre la palabra y la acción. Estos ejes son los que permiten ejercer la influencia.

La diversidad es global. Tú eres parte de esa diversidad. Abraza la diversidad para capturar nuevas ideas, incrementar y diversificar las fuentes de información y experiencia sobre el terreno, para conocer nuevas técnicas y aproximaciones a los problemas de la globalización, entre otras. La integración de la diversidad en las organizaciones pasa por su inclusión en los distintos niveles de mando, la elaboración de plataformas digitales que permitan la inteligencia colectiva, el fomento de la transparencia y el impulso de la meritocracia.

En suma, piensa que los fundamentos de la globalización que aprendimos han vuelto a cambiar y empieza a diseñar una estrategia acorde con el nuevo entorno global, abierto, digital y transparente. Conocer, poder y querer serán el motor del cambio.

Foto: pixabay

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