Compartir coche, una práctica que ahorra mucho dinero a los usuarios

Los españoles somos consumidores de innovación, mostramos flexibilidad para cambiar de usos y pautas de conducta y  buscamos el ahorro. Combinamos muy bien crisis y digitalización de la economía. Por […]

Los españoles somos consumidores de innovación, mostramos flexibilidad para cambiar de usos y pautas de conducta y  buscamos el ahorro. Combinamos muy bien crisis y digitalización de la economía. Por ello, los negocios del sector de consumo colaborativo están creciendo, especialmente en 2013 y 2014. Veamos una muestra. Tener coche propio cuesta al mes entre 500 y 700 euros (adquisición, mantenimiento,  seguro, parking, combustible, etc.), mientras que disponer de uno cuando se necesita –sin poseerlo-  supone un coste de entre 50 y 100 euros al mes con empresas como Bluemove, en el caso de que se recorran menos de 1.000 kilómetros al mes.

Lo afirman Jorge González-Iglesias y Gabriel Herrero-Beaumont, fundadores de una empresa de carsharing (coche compartido), que ven cómo su flota  es cada día más utilizada en una misma jornada por distintos usuarios o, como ellos les llaman, bluemovers. Iniciaron su empresa en 2010  con cuatro coches. En  la actualidad tienen más de 150 en Madrid y Sevilla y 7.000 miembros en su comunidad de usuarios. Gabriel y Jorge están convencidos de que surgirán nuevos modos y sectores de consumo colaborativo en poco tiempo.

Carsharing es un sistema de alquiler de coches por horas, en el que el usuario paga solo por el tiempo que lo utiliza, y uqe incluye el combustible. Es, pues, una alternativa al vehículo privado y un complemento al transporte público.

El usuario ha de darse de alta en bluemove.es, solicitar  una tarjeta que le acreditará como bluemover y le permitirá activar el mecanismo de apertura de los coches. Desde su smartphone podrá acceder a la plataforma para ver la disponibilidad de coches y reservar su uso con tan solo cinco minutos de antelación. Si además utiliza uno de los coches eléctricos Bluemove, sabe que no deberá pagar por aparcar en zona verde o azul.

Los coches se encuentran en los aparcamentos más céntricos de ambas ciudades, a disposición de quienes deben tomar uno para realizar gestiones en las afueras, para ir una mañana al monte o salir a cenar en fin de semana. En este vídeo se explica cómo se opera para disponer de un coche.

Las tarifas son de 2 euros por hora de uso y adicionalmente se pagan 0,25 céntimos por kilómetro. Los beneficios económicos frente a tener coche están claras y las ventajas sociales también: hacer carsharing implica ir a favor de una movilidad sostenible y de una ciudad sin congestión de tráfico.

Digitalización y ahorro

La implantación del carsharing en España está siendo mucho más rápida de lo que fue en países como Suiza, Estados Unidos o Canadá. “Hemos entrado en el momento idóneo, donde la ola de digitalización se ha sumado a la búsqueda de costes más racionales y de ahorros, debido a la crisis”. En concreto, uno de los grandes sectores afectados por esa enorme digitalización está siendo la movilidad.

La digitalización, afirma Jorge, está produciendo dos efectos muy evidentes. El primero es la transformación del  modelo de negocio de las empresas, porque ha impactado en las estructuras de coste y eso tiene un efecto en los precios en el mercado (oferta) y en la operativa de prestación de servicios. El segundo es el cambio en las pautas de consumo del usuario (demanda). “En nuestro caso gestionamos el uso de cientos de coches a través de un único sistema integrado y remoto, gracias al cual  el usuario final es totalmente autónomo y se autopresta el servicio: accede desde su smartphone desde cualquier lugar con dos clics a Bluemove para darse de alta, sabe dónde recoger un coche, utilizarlo, devolverlo y pagar por su uso”.

Los españoles nos han demostrado que son early adopters en este contexto de creciente digitalización y de movilización de aplicaciones, que está permitiendo un consumo  eficiente de activos y servicios, que proponen cercanía e inmediatez  a los usuarios, con un modo de operar sencillo e inmediato”. Sucede sobre todo cuando se trata de servicios ligados a lo social y que representan un ahorro. Y recuerdan que el nuestro fue uno de los primeros países en incorporar  masivamente mensajería instantánea de Microsoft . “Como empresarios pensamos que con  la flexibilidad y apertura al cambio de los españoles, no hace  falta irse a San Francisco para innovar”.

Lecciones aprendidas

Resulta interesante escuchar a Gabriel y Jorge las lecciones que han aprendido siendo empresarios y continuar en ello. “En cuatro años con Bluemove  hemos experimentado la complejidad de emprender en un sector como la movilidad; ha sido  extraordinariamente didáctico y enriquecedor, pero somos conscientes de que desconocíamos algunas variables de peso de este campo”. Entre esas variables citan la intensidad de capital y el modo de lanzamiento de un producto nuevo de difícil comunicación. “Comunicar es complicado cuando el consumidor potencial no se imagina qué puede ser eso del carsharing.  Por otra parte, es un negocio de complejidad operativa, en el que los márgenes son difíciles de obtener y hemos tenido que afinar mucho en los costes”. En ese bloque de costes se encuentra el alto precio de los aparcamientos en el centro de ciudades grandes como Madrid.

Otra de las dificultades a las que se enfrentaron los fundadores de Bluemove fueron el marketing y la comercialización: “Nos dimos cuenta de que teníamos que ofrecer el servicio a través de venta directa, explicando sus ventajas persona a persona. Empezamos yendo por barrios, enfundados en monos azules para dar a conocer Bluemove”.

En cuanto a su estrategia de marketing señalan: “Nuestro marketing es ultralocal, porque nos dirigimos a un perfil  de potenciales usuarios que viven en un radio de unos 400 metros de donde están los coches. Por ello, tenemos que focalizar la estrategia y desechar la publicidad de amplio espectro. En nuestro negocio resulta interesante el componente off-online. Desarrollamos acciones locales con apoyo online, porque el “boca a boca” para este tipo de sector es clave. La experiencia del usuario convierte el servicio en algo parecido a un “elemento de culto”, una  nueva manera de hacer las cosas, que consigue mucha repercusión en los demás; es una experiencia que el usuario suele compartir con cuantos conoce inmediatamente,  y lo cuenta como si se hubiera hecho magia: que una persona que no tiene coche tenga uno a su disposición cuantas veces quiera, pagando muy poco dinero al mes. Lógicamente esa experiencia de usuario transmitida es lo que  beneficia el crecimiento de  Bluemove”.

Y confiesan un error que les ha servido para aprender: “intentar hacer business to business (B2B) de un concepto nuevo, y no ir primero al consumidor final ( B2C). Ahora sabemos que para atacar negocios muy innovadores, hay que ir primero a los usuarios finales y no a las empresas”. Y añaden que “el resultado es profundamente positivo y satisfactorio para nuestro crecimiento como empresarios. Hemos peleado muy duro para llegar hasta aquí, ya tenemos una comunidad de usuarios importante. Especialmente en el último año, el negocio está teniendo un crecimiento desatado. Ha sido divertido y sobre todo es un proyecto que hace el bien, con repercusión social y medioambiental. Reducir la contaminación, aumentar el espacio para usos alternativos como la bicicleta tiene efectos positivos para la ciudad”.

En la actualidad, el equipo lo forman veinte personas. “Bluemove está consiguiendo que cumplamos los objetivos que nos habíamos planteado: no solo ganar dinero, sino constituir  un grupo de profesionales con aspiraciones personales y profesionales de crear  y hacer crecer un producto con gran impacto social como es el carsharing,  que  mejora la vida en las ciudades”.

Foto: Equipo de Bluemove

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