Tres emprendedoras de 60 años se abren camino en la Red

Ser mayor de 55 años en España es, desde el punto de vista laboral, sinónimo de rechazo. Todo el mundo mira a otro lado. Demasiado […]

Ser mayor de 55 años en España es, desde el punto de vista laboral, sinónimo de rechazo. Todo el mundo mira a otro lado. Demasiado mayor para trabajar, demasiado joven para jubilarse. La experiencia no cuenta. Nadie te contrata. Una de las pocas alternativas que quedan es montar un negocio propio. Es el caso de Lola, Ana y Carmela, “tres mujeres cercanas a los 60 años, pero con mentalidad de 30”, que han creado la empresa Solbrillas, dedicada a la producción de sombrillas con diseños y materiales exclusivos.

P.- ¿Cómo se os ocurrió la idea de montar un negocio por Internet?

Somos tres socias: Ana Gómez, de 58 años; Carmela P. Torrecuadrada, de 60 años, que viven en Madrid, y yo, Lola Garraus, de 59, que vivo en Zaragoza.

Nos decidimos por Internet porque es una herramienta que ayuda a muchas personas con iniciativa a montar una tienda web con costes reducidos, y que permite vender en todo el mundo, sin necesidad de tener tienda física.

P.- ¿Qué inversión requiere una tienda online como la vuestra?

En nuestro caso, no ha sido solo montar la plataforma de comercio electrónico y la web, sino también diseñar y fabricar las sombrillas, y comprar las monturas y materiales.

Hasta la fecha hemos tirado de nuestros ahorros, unos 45.000 euros, y no hemos contado con ninguna ayuda externa.

Las personas de más de 50 años tienen muchísimas dificultades para encontrar trabajo en España. Nuestros gobernantes deberían dar ayudas a todos los ciudadanos, independientemente de la edad; por poner un ejemplo, la cuota de autónomos a menores de 30 años (reducida), se debería aplicar a toda la población.

Lola Garraus y sus socias

P.- ¿Con qué problemas os habéis encontrado?

La industria del paraguas la tienen los chinos, ya nadie fabrica monturas en Europa. Por un lado, está el volumen: el pedido a los chinos debe ser como mínimo de 1200 unidades. Por otro, no conseguimos que nos fabriquen una montura de metal y madera blanca, sin plástico, no lo aceptan. Y no tenemos otra opción que comprarles a ellos, porque en España solo quedan dos fabricantes, pero no hacen monturas.

P.- Además de las sillas para bebés, ¿qué salida pueden tener vuestras sombrillas?

Tradicionalmente en España se venden sombrillas para cochecitos de bebés, y para el mundo de la moda, pero pensamos que son también un complemento perfecto para cuidar nuestra piel.

En marzo de este año, cuando estaba organizando mi traslado de Madrid a Zaragoza, mis salidas a la calle durante el día eran muy escasas, 200 metros de distancia como máximo, y aun así el sol me dejó la marca del reloj en la muñeca. Ello, unido a que mi madre tuvo cáncer en un párpado, me llevó a la idea de imitar a los asiáticos y tratar de cuidar nuestra piel como ellos. Pero no pensamos en las sombrillas estándares que todo el mundo conoce, sino en algo diferencial, en algo que combinara salud, arte, moda y glamour.

P.- Todas  vuestras sombrillas superan los 260 euros. A ese precio y en estos momentos de crisis, ¿cómo se venden?

Se trata de sombrillas artesanales, pintadas y teñidas a mano, y fabricadas con materiales de primera calidad, como terciopelo, seda, encajes antiguos… Realizamos también encargos especiales, con ilustraciones personalizadas para hacer un regalo único, o para lucir a juego con un elegante vestido.

La crisis es un grave problema para todos. Hasta ahora, la mayoría de nuestros clientes son profesionales, diseñadores… Pero estamos preparando una nueva gama low cost con protección uva y por supuesto bonita, para que el precio no impida protegerse.

P.- ¿Y en el mercado exterior? ¿A qué países os dirigís? A los japoneses les encantan las sombrillas…

Pretendemos vender a todo el mundo. El próximo verano nos posicionaremos en Asia, porque efectivamente en esa región sí se utilizan habitualmente las sombrillas, pero no hemos pensado en un país determinado.

Este mes iremos a Panamá. Necesitamos que nos conozcan en América Latina, porque vender en Europa en invierno es muy difícil.

P.- De vuestro catálogo, ¿qué es lo que mejor se vende?

En los seis meses que llevamos en el mercado casi todas nuestras ventas han sido en España. Lo que mejor se vende son las “solbrillas” pintadas por Carmela, que son más clásicas que las pintadas por Alicia Sánchez, pero de momento nuestro volumen de ventas es malo.

Nuestras expectativas son buenas, pero somos una microempresa artesanal. No pretendemos hacernos ricas, aunque sí aspiramos a tener un salario modesto y, dentro de unos años, tener beneficios.

P.- ¿Cómo decidístes incluir en vuestro catálogo sombrillas góticas?

Estuvimos compartiendo puesto en el Urban Market de Zaragoza con góticas, nos hicimos amigas y una de ellas me encargó para su boda una “solbrilla” gótica que quedó preciosa y que acompañó a un maravilloso traje de la diseñadora de moda independiente Silví Sanctuary.

P.- En breve lanzaréis “solbrillas” para hombres. ¿Ellos llevan sombrilla? 

Todavía no están en el mercado. Se presentó la primera sombrilla para hombres en Madrid Fashion Week con Ion Fiz. Cuando enseñamos a la modista Elena Benarroch nuestras “solbrillas” y nos montó el pop up en su tienda, una señora que fue a comprar una sombrilla y un periodista nos preguntaron si no pensábamos fabricar para hombres.

¿Por qué no van los hombres a protegerse del sol, si lo hacen de la lluvia? En muchos trabajos casi toda la jornada se realiza en la calle. Es frecuente ver a muchos hombres en pleno verano con traje y corbata, que salen a tomar un café, hacen gestiones fuera y quieren ir caminando. Con una sombrilla pasarían menos calor…

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