La importancia del crédito comercial para las pymes

En las compraventas de bienes o prestaciones de servicios los pagos pueden realizarse por anticipado, algo habitual en los productos que se venden por encargo, […]

En las compraventas de bienes o prestaciones de servicios los pagos pueden realizarse por anticipado, algo habitual en los productos que se venden por encargo, al contado, en el momento de la entrega del bien o de la prestación del servicio, o a un determinado plazo a contar desde dicho momento, originando lo que se denomina crédito comercial o de proveedores, el cual suele ser muy utilizado por las empresas.

Al ser este un crédito que se concede entre compañías, es una fuente de financiación importante para muchas pymes que tienen dificultades para obtener fondos financieros por otras vías alternativas, como pueden ser las bancarias. Precisamente desde la perspectiva de las empresas que recurren a la financiación de sus proveedores, conviene repasar las principales características que tiene este crédito comercial.

 

Es una financiación automática

La empresa que adquiere bienes o servicios de otra, desde el momento en el que puede pagar a plazo, está accediendo de modo automático a una fuente de financiación, en la que el proveedor ocupa la posición de prestamista y el cliente la de prestatario. Durante el período de pago que se pacte, el cliente dispone del importe de lo comprado sin haber efectuado su pago.

 

Es fácil de obtener

Es una financiación relativamente fácil de obtener, sin que sea necesaria una negociación compleja, si se compara con la obtención de un préstamo de una entidad de crédito. No obstante, la concesión del aplazamiento de pago dependerá de una serie de elementos, tales como la posición de fuerza relativa que ejerzan en la relación comercial tanto proveedor como cliente o la práctica habitual de pago que se siga en el sector.

 

Se basa en la compra recurrente y la confianza

Más allá de las prácticas sectoriales y de las fuerzas relativas mencionadas, el proveedor tendrá mayor propensión a conceder crédito comercial cuando el cliente adquiera sus bienes o servicios de forma regular en el tiempo y, por decirlo de algún modo, se fíe de él. Puesto que el crédito se basa en la confianza de que el cliente pague a vencimiento, muchas relaciones comerciales se inician con pagos al contado, o inclusive por adelantado, y hasta que no existe una compra regular y, sobre todo, una comprobación de la seriedad del cliente, no se concede el aplazamiento. También hay que tener en cuenta, que el proveedor tratará de conservar a sus mejores clientes concediéndoles aplazamientos en el pago.

 

Financiación a corto plazo

En principio, el crédito comercial debe ser una fuente de financiación a corto plazo (miedo me da pensar en empresas que puedan pagar a otras, en condiciones normales, más allá de los 365 días, aunque por desgracia conozco más de un caso). Por tanto, debe utilizarse para financiar el activo corriente de la empresa (existencias, clientes y tesorería), y no para adquirir elementos de activo no corriente como pueda ser una máquina. A pesar de ello y precisamente por su facilidad de obtención, hay empresas que se apoyan en el crédito de proveedores para financiar la compra de inmovilizado, lo que puede suponerles un desequilibrio patrimonial.

 

Facilidad para demorar los pagos

Los pagos a los proveedores son más fáciles de retrasar sin que, en principio, surjan los problemas que aparecerían al devolver las cuotas de un préstamo bancario (intereses de demora, comisiones por reclamación de cuotas vencidas, etcétera). Para ello es importante que el cliente tenga la iniciativa en la emisión del documento de pago, por ejemplo, a través de una transferencia bancaria o un cheque. El proveedor puede aceptar pequeños retrasos en el cobro, siempre que este finalmente sea realizado, y teniendo también en cuenta lo que mencionaba antes de la fuerza relativa de cada una de las partes en la relación comercial. Evidentemente, si se retrasa el pago, hay que procurar siempre respetar el plazo legal establecido en la legislación contra la morosidad vigente, que es de 60 días naturales después de la fecha de recepción de las mercancías o prestación de los servicios. Aunque la Ley reconoce la posibilidad de que el proveedor cargue intereses de demora si el cliente incumple el plazo de pago pactado o legalmente establecido, para la mayoría de las empresas no resulta sencillo aplicarlos, sobre todo para las más pequeñas, por el miedo a perder clientes.

 

Foto: 401(K) 2012

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