Hábitos que deberás abandonar antes de ser jefe

Cierras la puerta del despacho del director de la empresa tratando de disimular tus nervios. El puesto de director de departamento queda vacante y tú […]

Cierras la puerta del despacho del director de la empresa tratando de disimular tus nervios. El puesto de director de departamento queda vacante y tú eres el elegido, un reconocimiento al trabajo desarrollado durante largos años que te genera tanta satisfacción como incertidumbre. No es tanto la sorpresa como la constatación de que ese ascenso cambiará muchas cosas.

La asunción de responsabilidades llega más como consecuencia de una conquista profesional que como fruto de una evolución personal, y en pocas ocasiones nos hemos preparado realmente para asumir este nuevo rol en el que vamos a tener que usar recursos poco entrenados, de modo muy especial en la gestión de las personas y el estrés.

Merece la pena detenerse un momento a analizar esos hábitos que hasta ahora no impedían llegar al objetivo, pero que en tu nueva condición de jefe pueden asomarte al fracaso. Son tics muy comunes en el puesto de trabajo, que en muchos casos no nos convierten en más o menos efectivos, pero que pueden frenar una carrera profesional. Nunca se sabe cuándo puede llegar el ascenso, pero es que además conviene dominarlos cuanto antes, y si ya eres jefe, puedes utilizar esta lectura para una rápida autoevaluación.

 

1. Hablas de forma inadecuada

Ojo con el vocabulario y el tono de expresión. Si eres de los que les gusta el lenguaje grueso, debes pensar en olvidarlo; si practicas la ironía, habrá que aprender a controlarla; y si lo tuyo es divagar, no queda más remedio que concretar. Los comentarios del jefe no pasan inadvertidos ni al equipo ni al cliente, una frase inadecuada por cruel o inoportuna puede generar resentimiento, confusión o falta de confianza, por lo que ahora más que nunca hay que pensar dos veces antes de hablar, de modo especial en los momentos de tensión. Por supuesto que no he olvidado ni el lenguaje machista ni el hiriente, pero debería ser un problema resuelto hace muchos años.

 

2. Siempre encuentras un culpable

Es uno de los deportes nacionales, pero ahora no vas a tener a quien apuntar cuando las cosas no salgan como estaban previstas. Si eres de esos que instintivamente culpa del fracaso al jefe, compañero, empresa, cliente o a las propias circunstancias, deberás empezar a mirarte en el espejo, porque tu obligación es controlar todos esos factores. Ser consecuente con tus responsabilidades, asumir y aprender, te convierte en mejor jefe.

 

3. Desconfías de todos

Combatir esa continua sensación de desconfianza no es fácil, pero siempre hay un margen de mejora. Delegar es una de las habilidades que todo jefe debe manejar mejor, y es difícil conseguirlo cuando se piensa que los demás actúan por la ley del mínimo esfuerzo, que son unos ineptos o, simplemente, que “yo lo haría mejor”. Si es tu caso, tienes un problema que solucionar.

 

4. Eres un pesimista recalcitrante

Como jefe todos esperan que seas fuente de solución, no de problema. Trabajar la motivación del equipo siempre es más fácil desde el optimismo, por lo que hay que fomentar el pensamiento positivo.

 

5. No empatizas con los problemas de los demás

La comunicación y el diálogo son habilidades prioritarias para la gestión de equipos en siglo XXI, donde las organizaciones tienden a la horizontalidad, los equipos son multidisciplinares y el trabajo se organiza por proyectos. Pero estas habilidades puede que sirvan de poco si no hay capacidad de comprensión. El jefe no es ningún paño de lágrimas, pero debe ser sensible a los problemas y demandas del subordinado, ofreciendo alternativas, por supuesto las profesionales, pero también las personales. Hablamos del fino equilibrio del funambulista, que permite el acercamiento a los demás sin caer ni en el ‘buenismo’ ni en la frialdad.

 

6. Fusionas tu vida personal y profesional

Quizá resulte cruel decirlo, pero tener tus mejores amigos de subordinados en el trabajo no es una buena idea. Pienso que las relaciones humanas son sobre todo complejas, y conozco equipos consolidados sobre sinceras bases de amistad pero, créeme, son los menos. Es más recomendable establecer lazos de plena confianza que de amistad, lo que debe incluir momentos en que las esferas profesional y personal se entrecrucen, pero siempre de forma esporádica. Y cuando la amistad, incluso el amor, son previos al ascenso laboral de uno de los miembros, por supuesto, no queda más remedio que extremar los cuidados para que todo continúe igual.

 

7. Eres un obseso del horario

Si eres de los que vive pendiente del reloj para cerrar tu ordenador, ya puedes olvidarte del tema. En esta bitácora estamos convencidos de la importancia de combatir el presentismo laboral y favorecer la conciliación laboral, pero no vivimos en Marte: el jefe pringa, además, a deshoras. No se trata tanto de asumirlo como de saber gestionarlo, para intentar que estas interferencias sean las menores posibles.

 

8. Los cambios te incomodan

Si piensas que eso de que vivimos instalados en el permanente cambio es una de las frases de moda, estás equivocado. Y no es cuestión de modificar convicciones, sino de adaptarlas a los nuevos escenarios. Todo cambia a nuestro alrededor -la tecnología, los modelos de trabajo, el mercado y el consumidor- y como responsable del equipo debes anticipar esa tendencia en la medida de lo posible, animar a buscar nuevas soluciones y trabajar para ser cada día más eficiente.

 

9. No llevas la agenda al día

Puede que con tus actuales responsabilidades tu prodigiosa memoria sea suficiente para gestionar todas las tareas y temas pendientes, pero puedes estar seguro de que como jefe no va a ser así. Da igual que te sincronices con Google Calendar, que te enganches a Evernote, cualquier otra aplicación o utilices una agenda escolar, lo esencial es que establezcas un método para organizarte que te permita ver de forma cómoda todo lo que debes hacer, ayudándote a establecer plazos de control, de finalización y entrega. Cumplir con los tiempos es ahora una de las mayores responsabilidades, pero también deberás prestar atención a obligaciones más sociales, desde asistir a la presentación de un libro a desayunar con un proveedor, etc.

 

10. No te cuidas

Muy probablemente trabajarás más horas al día y en ocasiones soportando mucho estrés. Como poco, dormir las horas necesarias, cuidar la alimentación y bebida y practicar deporte tres veces por semana (vale un paseo a paso ligero) te ayudarán a mantenerte en forma, tener la mente despejada y ser más efectivo. Por supuesto que el cuidado de la salud va mucho más allá que cualquier responsabilidad laboral, pero es que ahora no vas a tener tiempo ni de caer enfermo (te lo dice un autónomo).

 

Para finalizar, solo me queda añadir dos cosas. La primera es preguntarte si tienes un plan ‘B’ (ya sabes, por si el ‘A’ falla). Lo cierto es que el jefe debe ser capaz de trabajar en un proyecto más personal a medio plazo, porque la estabilidad de muchas posiciones en las organizaciones tiene fecha de caducidad y no siempre es fácil dar el salto a otra. De nuevo ese cambio permanente. La segunda es animarte a que nos ayudes a completar este decálogo: ¿qué otros tics habituales debemos desterrar para ser un buen jefe?

 

Foto: pixabay

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