5 pasos para afrontar tus miedos como empresario

El miedo es una emoción a la que todos nos enfrentamos en diferentes momentos de nuestra vida. Desde el terror a la oscuridad de la […]

El miedo es una emoción a la que todos nos enfrentamos en diferentes momentos de nuestra vida. Desde el terror a la oscuridad de la infancia al miedo a la muerte de un adulto, pasamos por un sinfín de temores a los que no tenemos más remedio que hacer frente.

Nuestra vida laboral no es ajena a esa emoción: un emprendedor tiene mucho más miedo del que podría parecer: miedo al fracaso, miedo a la pérdida de financiación, miedo a quedarse solo…

 

Y, ¿cómo conseguir superar esos temores y sacar partido a nuestro miedo? Con cinco sencillos pasos:

 

1. Conócete a ti mismo

No todas las personas responden igual ante el temor. Las hay que, cuando se asustan, reaccionan con rabia contra quienes les rodean. Otras comienzan a sudar. Algunas se vuelven dubitativas… ¿Qué te ocurre a ti cuando te asustas? Si haces un ejercicio de autoconocimiento e identificas cómo te sientes y cómo se comporta tu cuerpo cuando estás asustado, te resultará mucho más fácil definir los momentos en que sientes miedo y actuar en consecuencia.

 2. Conoce a tu enemigo

Sun Tzu decía en el libro “El Arte de la Guerra” que “quien se conoce a sí mismo y conoce a su enemigo, saldrá victorioso de cien batallas”. Por lo tanto, ese debe ser nuestro segundo consejo.

Conoce tu miedo. ¿De dónde viene? ¿Por qué tienes miedo al fracaso, en lugar de asumirlo como parte del camino? ¿En qué momento de tu vida comenzaste a tener miedo, a no dar la talla? ¿Ese miedo que sientes está ocultando alguna otra emoción, como una baja autoestima o un antiguo complejo de culpa?

Las emociones que ignoramos, o que sólo miramos de reojo, tienden a parecer más grandes y complejas de lo que realmente son cuando se miran de cerca.

3. Respira

Tenemos una enorme caja de herramientas físicas y emocionales en nuestros pulmones, que rara vez usamos. El control consciente de la respiración puede ayudarnos enormemente a manejar el dolor, la tristeza y… ¡el miedo!

Cuando sientas los primeros síntomas del miedo (que identificaste en el primer punto), apoya una de tus manos sobre tu ombligo, y respira como si tratases de hinchar un globo situado en tu estómago, notando cómo tu mano se mueve con la respiración. Esta respiración diafragmática, asociada a los estados de relajación, concentración y meditación, te ayudará a dominar tu miedo, e indicará a tu mente que no es momento de angustiarse, sino de relajarse.

4. ¡Frena!

Una de las primeras lecciones que nos enseñan en la autoescuela es que, cuando la carretera se ocupa de golpe, demos un frenazo. Es algo que deberíamos hacer mentalmente mucho más de lo que hacemos.

El miedo está asociado a los pensamientos catastrofistas: tendemos a pensar que todo es peor de lo que es, y que además esa situación que nos asusta crecerá y se complicará hasta engullirnos por completo. ¡No es así!

Debemos ejercitar la disciplina mental, para detener en seco nuestros pensamientos en cuanto empiece esa espiral angustiosa. Basta con congelar el pensamiento y desecharlo con un fuerte suspiro, como si lo lanzases por la nariz.

5. Cambia tu discurso mental

Y, ¿qué hacer con el hueco que la angustia ha dejado en nuestra cabeza? Llenarlo con nuevos pensamientos.

El miedo a menudo va asociado a creencias limitantes como “no puedo”, “nunca lo conseguiré”, “es superior a mí”… Si nos esmeramos en cambiar esas creencias por otras positivas y llenas de oportunidades como “confío en mí mismo”, “triunfo en todo lo que emprendo”, “soy más fuerte”, el miedo tendrá mucho menos margen de maniobra para atacarnos.

También es fundamental observar aquello que nos asusta con perspectiva, y desapegarnos de nuestras emociones. Por ejemplo: ¿Qué es lo peor que me puede ocurrir si este proyecto fracasa? A menudo nos daremos cuenta de que, en realidad, las consecuencias son menos graves de lo que pensamos, y de que incluso las más graves pueden relativizarse o transformarse en nuevos retos.

Al final, doblegarse o no al miedo es una cuestión de actitud, y de voluntad.

Foto: Pascal

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