Cinco consejos para mejorar la tesorería de tu empresa

Es habitual que muchas pequeñas y medianas empresas convivan con tensiones de liquidez, en cuanto a la diferencia entre cobros y pagos del negocio, ya […]

Es habitual que muchas pequeñas y medianas empresas convivan con tensiones de liquidez, en cuanto a la diferencia entre cobros y pagos del negocio, ya que deben aceptar cobrar más tarde de sus clientes o pagar antes a sus proveedores de mayor dimensión. Si éste es tu caso, creo que te convendrá leer los siguientes consejos que pueden ayudarte a mejorar la tesorería de tu empresa:

 

1. Hacer previsiones de cobros y pagos

Aunque debiera ser un tema superado, me consta que todavía hay muchas pymes que no realizan una correcta previsión de sus flujos de cobro y pago en el corto plazo. El presupuesto de tesorería es el documento donde estos se integran, el cual se ha de diseñar en función de la política de entradas y salidas monetarias seguida en la empresa, por lo que deberás huir de soluciones estándares y elegir el diseño que más te convenga. No debes olvidar que este presupuesto es un documento que, sobre todo, te ha de permitir gestionar la liquidez.

 

2. Prever los pagos que se producen con una menor frecuencia en el año

En ocasiones la empresa entra en problemas de liquidez porque a la hora de realizar su previsión de pagos se olvida de incluir algún importe puntual o significativo. El seguro de un automóvil que se paga una vez al año, los impuestos anuales domiciliados, como el impuesto sobre bienes inmuebles (IBI) o las comisiones de avales bancarios son claros ejemplos de estos pagos puntuales que pueden descuadrar la tesorería prevista. Dentro de este tipo de pagos, siempre que sea posible, como, por ejemplo, en los seguros que han sido domiciliados, deberás solicitar comunicaciones previas de las entidades correspondientes que te informen de las fechas e importes previstos.

 

3. Modificar los vencimientos de pago a proveedores 

Puede ayudarte a controlar mejor la tesorería fijar un único día de pago de facturas en el mes. Por ejemplo, si fijas el día 20 como fecha de pago, estás adelantando los vencimientos del 21 al 30, pero estás atrasando los del 1 al 19, con lo cual, en una venta regular en el tiempo, estás alargando el plazo real de pago. Eso sí, esta estrategia la debes realizar respetando el plazo de pago legal que está fijado actualmente en 60 días naturales después de la fecha de recepción de las mercancías o prestación de los servicios.

 

4. Seleccionar adecuadamente los clientes y gestionar su cobro posterior

Desde el momento en el que concedes crédito a un cliente puede existir la posibilidad de que no te pague la mercancía vendida o los servicios prestados. Lo cierto es que a través de la gestión del riesgo comercial puedes minimizar esa posibilidad de impago a través de la utilización de una serie de herramientas. Al igual que he comentado con el presupuesto de tesorería, debes diseñar tu propia estrategia de venta a crédito y adaptarla a la tipología de tu cartera de clientes. En cuanto a las herramientas mencionadas, puedes utilizar, entre otras, los informes comerciales que realizan agencias especializadas a partir de la información pública existente y su análisis experto, productos bancarios como el factoring, donde puedes ceder, de forma continuada, tus facturas de clientes a una entidad de crédito para que se ocupe de cobrarlas, el seguro de crédito, que te indemnizará un porcentaje de las pérdidas finales consecuencia de la insolvencia definitiva de tus clientes, o aplicaciones de inteligencia de negocio que te permiten el análisis integral del cliente mediante la combinación de distintas capas de información para identificar y profundizar en lo importante relacionado con su riesgo de impago.

 

5. Incluir en el contrato las condiciones de la venta a crédito 

Sé que alguno me dirá que trabaja sin contrato con sus clientes, pero si no es tu caso, es recomendable incluir en el documento contractual las condiciones de la venta a crédito, especificando las consecuencias en caso de retraso en el pago, como pueden ser el cobro de intereses de demora o la reserva de dominio para los bienes vendidos. Son derechos reconocidos al acreedor por la legislación contra la morosidad vigente y pueden hacer que el cliente se lo piense bien antes de no pagarte una factura.

 

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