Cinco formas de protegerse contra la morosidad

Prácticamente la totalidad de las pymes en España sufre impagos y en torno al 12% tiene más del 20% de sus facturas pendientes de cobro. Además, de los datos de […]

Prácticamente la totalidad de las pymes en España sufre impagos y en torno al 12% tiene más del 20% de sus facturas pendientes de cobro. Además, de los datos de la Unión Europea se desprende que una de cada cuatro quiebras son un efecto directo de la morosidad. Es decir, aunque una empresa fabrique productos competitivos u ofrezca servicios pioneros, elegir mal a los clientes puede ser la causa que obligue a echar el cierre.

La morosidad es, sin lugar a dudas, una de las principales amenazas para la supervivencia empresarial. El 31% de las compañías sufre impagos significativos y el 13% está en riesgo de cerrar como consecuencia de los morosos, según el Estudio de la Gestión del Riesgo de Crédito en España, elaborado por el Observatorio de Cash Management que impulsan Crédito y Caución, Iberinform y el IE Business School.

El Boletín de Morosidad y Financiación Empresarial, editado por Cepyme, refleja que el crédito comercial en mora se incrementó un 2,8% en 2015 –hasta situarse en el 71,3%-, rompiendo la tendencia de reducción que se venía registrando durante los tres últimos años. Por otra parte, el coste financiero de la morosidad que soportan las empresas españolas es de 1.000 millones de euros, equivalente al 0’1% del PIB.

El periodo medio de pago se redujo hasta los 79,7 días en el último trimestre del año, cuando en el trimestre anterior fue de 81,4 días. Además, de este boletín se desprende que las microempresas pagan a sus proveedores antes que las empresas de mayor tamaño. Así, el período medio de pago de las microempresas es de 74’8 días, frente a los 80’4 días de las pequeñas compañías y los 82’2 días de las medianas.

Imaginemos una empresa que tiene un margen comercial del 3%. Cada vez que le factura a un cliente un pedido de 100 euros, tres son de beneficio. Ahora supongamos que ese cliente genera un impago y que la compañía no cuenta con un seguro de crédito. La pérdida es de 97 euros. ¿Cuántos nuevos clientes tendría que hacer para compensarla? Hasta el número 35 no empezaría a ganar dinero de nuevo.

Si tres de cada diez pymes sufre impagos significativos, una estaría al borde del cierre por culpa de las facturas pendientes de cobro. Pese a que el estallido de la crisis desatara una oleada de morosos, entre 2009 y 2010 el índice mejoró su comportamiento, gracias a la selección más minuciosa de clientes que abordó el tejido empresarial. No obstante, la crudeza de la recesión originó un nuevo diente de sierra de 2011 a 2012. Fuentes de Crédito y Caución aseguran que la evolución más reciente del indicador muestra síntomas de agotamiento del último ciclo de mejoría, iniciado en 2013, de los niveles de impago. Es más, el Índice Sintético de Morosidad Empresarial (ISME) escaló el año pasado hasta los 93’5 puntos, casi dos puntos por encima del registro de finales de 2014.

“El entorno continúa siendo frágil y complicado, marcado por el exceso de capacidad y las incertidumbres del entorno global. La evolución en 2016 es incierta”. Desde Crédito y Caución destacan que en los mercados exteriores, las pymes españolas cada vez acumulan más facturas pendientes de cobro. Y revelan que tanto la devaluación del euro como la caída del precio del petróleo han generado un entorno de oportunidades para el sector exterior que muchas empresas están utilizando, incrementando los riesgos de impago al tratar de expandir su actividad comercial.

Al tiempo que la economía mundial se estanca, los niveles de endeudamiento han alcanzado cotas difícilmente sostenibles en la eurozona, Estados Unidos y China. Por ello, explican los expertos consultados, “los niveles de impago plantearán en 2016 muchas dificultades para la actividad comercial. Se trata de un nuevo entorno, más global y complejo, donde asegurar las operaciones comerciales es una alternativa estratégica para las pymes”.

A pesar de que la morosidad asfixie a todo tipo de empresas, las pymes son más vulnerables, dado que su menor tamaño no les permite dedicar recursos específicos al credit management. Esto explica la gran penetración del seguro de crédito entre las pymes españolas como mecanismo de garantía. Desde Crédito y Caución resaltan que entre las empresas españolas existen demasiadas carencias en cuanto a la gestión de clientes. De hecho, “una de cada tres gestiona de forma deficiente su riesgo de crédito, ya que no utiliza criterios de solvencia en el análisis de su cartera”.

Un segundo factor estaría relacionado con los plazos de pago. De acuerdo con estudios de Crédito y Caución, ocho de cada diez empresas han tenido que aceptar plazos superiores a los deseados. Seis de cada diez han debido hacerlo de una gran empresa; cinco de cada diez, del sector público; y sólo cuatro de cada diez de una pyme.

Más allá de que cuanto mayor sea el tamaño de las empresas, mayor será el período medio de pago de las facturas, pagar fuera de plazo se ha convertido en una práctica cultural. Pero no sólo en España. Los más cumplidores son los daneses, húngaros y japoneses. Sin embargo, junto a Italia, Portugal o Grecia, históricamente nuestro país presenta uno de los plazos más dilatados. Por desgracia, la morosidad “es una práctica muy extendida. Ocho de cada diez empresas españolas permite a sus clientes retrasos en los pagos antes de considerar un crédito moroso e iniciar acciones de recobro”.

 

Recomendaciones

Para saber cómo debe actuar una pyme en caso de sufrir impagos resulta fundamental comprender, en primer lugar, que la gestión de la morosidad no es un problema que comienza cuando se realiza una venta. En Crédito y Caución recuerdan que “la gestión del riesgo de crédito tiene que formar parte de la gestión integral del cliente desde la fase de prospección comercial”. Así, ya existen herramientas que geolocalizan el mercado potencial de cualquier compañía proyectando sobre la totalidad del tejido empresarial un retrato de su cartera actual pero, además, incorporan criterios de solvencia y liquidez para descartar desde el principio a los que presenten un riesgo elevado de impago.

Una vez que el cliente forma parte de nuestra cartera, advierten, es importante tomar conciencia de que el riesgo de crédito resulta muy dinámico. Aunque muchas empresas tiendan a relajar sus criterios de selección de este riesgo con aquellos clientes con los que mantienen una dilatada relación comercial y descuidan el seguimiento, “éste es uno de los grandes peligros de la gestión del impacto de la morosidad”. Las fuentes consultadas alertan de que, en general, los impagos que provocan el cierre de una empresa suelen estar propiciados por los llamados “clientes de toda la vida”.

Llegados al punto de tener que hacer frente al impago, la profesionalidad de la reacción resulta fundamental. No conviene demorarla en el tiempo. Y es que el mayor enemigo de los procesos de recobro, que disminuye significativamente su eficacia, es la antigüedad de la deuda. Asimismo, es importante contar con elementos de recuperación del dinero más allá de los primeros estadios.

Finalmente, desde Crédito y Caución recomiendan contar con elementos de protección como el seguro de crédito. ¿Por qué protegemos nuestra continuidad de negocio contra, por ejemplo, un incendio de la nave y no hacemos lo propio contra el riesgo de crédito? Las fuentes consultadas sostienen que el mayor activo de muchas empresas en su balance es la cartera de clientes, y que “un seguro de crédito mejora claramente los tres elementos fundamentales -la selección inicial de la clientela, su seguimiento y las acciones de recobro-. Además, añade un cuarto: la indemnización en caso de impago”.

 

Foto: domibrez

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