El lugar donde se sientan los empleados influye en su rendimiento

Siéntese. Dígame dónde y le diré quién es. Y cuál es su productividad. Y cómo contribuye a la facturación de su empresa. Y otras muchas […]

Siéntese. Dígame dónde y le diré quién es. Y cuál es su productividad. Y cómo contribuye a la facturación de su empresa. Y otras muchas cosas más. El lugar donde se sientan los empleados determina su rendimiento. Al menos, según un estudio elaborado por Cornerstone OnDemand e investigadores de la Harvard Business School, quienes han llegado a la conclusión de que ubicar a los mejores trabajadores próximos entre sí puede generar un beneficio adicional próximo al millón de dólares (en empresas de 2.000 empleados).

Desde los cursos internos de formación hasta la selección y gestión del talento, pasando por las recompensas o los incentivos. Son muchas las tácticas al alcance de las empresas en aras de aumentar su productividad. Sin embargo, algo tan sencillo como la reubicación del lugar donde se sientan los empleados puede convertirse en una de las maneras más económicas, rápidas y eficaces de incrementar el rendimiento.

Y es que la distancia entre dos empleados afecta de diversas maneras al desempeño de las tareas, ya que la productividad se ve significativamente influida –para bien y para mal- por los compañeros que se sientan al lado. Por ello, la colocación de determinados trabajadores cerca unos de otros puede mejorar el rendimiento de las empresas un 15%, siempre que sean capaces de detectar las fortalezas y debilidades de sus empleados y  de ubicarlos estratégicamente de forma que se produzcan intercambios simbióticos de sus habilidades.

Marc Altimiras, director de ventas para el Sur de Europa de Cornerstone OnDemand, explica que han definido tres parámetros para medir el rendimiento del empleado: la productividad, que es el tiempo que tarda el trabajador en cumplir con una determinada tarea; la efectividad, o la cantidad de veces que un empleado necesita la ayuda de un compañero para completar su trabajo; y la calidad, tras medir la satisfacción del cliente o del destinatario.

 

Tres categorías de empleados

En base a esta clasificación, han distinguido tres categorías diferentes. Por un lado, estarían los perfeccionistas, que hacen un trabajo de gran calidad, pero al que dedican mucho tiempo. Por otro, los trabajadores productivos, capaces de trabajar mucho más rápido aunque con algo menos de calidad. Y por último, los generalistas, que son los más equilibrados entre velocidad y calidad.

Altimiras concluye que, en general, los empleados productivos son un 38% más rápidos y un 28% más efectivos que los generalistas, pero la calidad de sus trabajos es un 14% inferior. Por el contrario, los trabajadores perfeccionistas son un 33% más lentos y un 17% menos efectivos, pero la calidad de sus trabajos es un 7% superior.

Ahora bien, ¿quién debe estar cerca de quién? ¿Y lejos? ¿Por qué? Altimiras sostiene que lo ideal es sentar juntos a productivos y perfeccionistas para que se influyan unos a otros. De esta manera, los perfeccionistas mejoran su productividad un 13% y los productivos incrementan un 17% su efectividad. “Los generalistas, al ser de por sí más equilibrados, deberían sentarse juntos para no interferir en esa influencia”, agrega.

Desde Cornerstone OnDemand aseguran que el impacto tras acometer la reubicación es casi instantáneo, por lo que no se trata de un proceso de aprendizaje, sino de una combinación entre la inspiración y presión del empleado al sentarse junto a un compañero que destaca por su rendimiento.

 

Alejar a los tóxicos

De igual modo, advierten de la importancia de alejar a los trabajadores con comportamientos negativos o tóxicos, ya que estos también se extienden, así como de actuar rápido en caso de detectarlos, con el fin de reducir la probabilidad de contagio desde el 150% hasta el 27%. No obstante, si se llega demasiado tarde y esa “infección” ya se ha producido, los efectos desaparecerán un mes después de excluir al empleado tóxico, que incrementa un 54% las opciones de que un buen trabajador decida dejar la empresa.

Del estudio se desprende que, en función del número de empleados influyentes cercanos, el contagio se acentúa. Así, sólo incrementando suficientemente la exposición de trabajadores productivos, la productividad de un empleado concreto puede mejorar un 8%. Y ese mismo incremento en la exposición del trabajador a otros compañeros que destaquen por su efectividad supone una mejora de este parámetro del 16%. Por último, un aumento similar en la exposición a trabajadores que puntúan más alto en calidad permitirá al empleado mejorar esta variable en un 3%.

 

Poco costoso, pero muy eficaz

Reordenar los lugares en los que se sientan los trabajadores no supone ningún coste para la empresa, pero permite aprovechar al máximo la inversión en personal. Lo único que se necesita, resalta Altimiras, es contar con un buen manager de Recursos Humanos, que sea capaz de detectar correctamente en qué categoría encaja cada empleado.

Se trata de una opción innovadora para maximizar la productividad de la plantilla sin incrementar el gasto en formación u otras partidas, y sin recurrir a medidas como las ampliaciones de jornadas, que pueden mermar la felicidad del trabajador. “Conocer a nuestros empleados en profundidad es vital para alcanzar los objetivos de negocio. La gestión del talento pasa por ayudar a cada trabajador a desarrollar su máximo potencial en línea con las necesidades de la empresa a largo plazo”, sentencia Altimiras.

 

Foto: Equipo Editorial