Cómo sobrevivir siendo periodista ‘freelance’: tarifas, gastos fijos e impuestos

En el ideario de los cuentos de hadas y de los unicornios uno se imagina al autónomo, en este caso en concreto al periodista freelance, viajando por todo el globo […]

En el ideario de los cuentos de hadas y de los unicornios uno se imagina al autónomo, en este caso en concreto al periodista freelance, viajando por todo el globo terráqueo, sin horario fijo, cogiéndose las vacaciones que le plazcan y teniendo una vida de aventura. Y no va desencaminado, sobre todo en lo que a la última parte del enunciado se refiere: la vida del periodista freelance hoy, en este país, es toda una aventura… ¡y sin necesidad de salir de casa!

Entre la bajada de tarifas generalizada, que no hay economía doméstica que la soporte, la cuota de autónomos, el impuesto revolucionario mensual (IVA), y el sinvivir del sector, sometido a una auténtica revolución industrial, somos unos maestros en lo que a finanzas personales se refiere.

Una colega decía hace unos años que la de periodista era una profesión de riesgo. Y añadía: pero de riesgo de exclusión social. Tenía razón: salvo grandes comunicadores, el resto sobrevive como puede. ¿Se puede vivir de esto? Sí, claro que se puede, pero sin lujos y muchas veces pagando justas las facturas. Te contamos cómo sobrevive un freelance, ejemplo que puede extrapolarse a otras profesiones como fotógrafos, diseñadores gráficos, etc.

  1. Las tarifas. Existen maravillosos programas y plantillas que te ayudan a determinar cuánto quieres ganar al mes y cuánto vale tu hora de trabajo. No sirven absolutamente para nada, por una sencilla razón: las tarifas no las estipulas tú. ¿Que sería lo ideal que pudieras hacerlo tú, en función de tu experiencia, de las fuentes a las que tengas que acudir, los desplazamientos..? Claro, y así sucede en otros colectivos, pero no en el periodismo. El medio tiene sus propias tarifas, y son lentejas. ¿Quieres algunos ejemplos? Ahí van: Hace unos años viajé a Burkina Faso para cubrir una historia sobre mujeres acusadas de brujería. Solo el billete de avión me costó 700 euros. Publiqué la historia en dos medios, la revista Tiempo y Jotdown. Con lo que me pagaron aún no he cubierto el costo del billete, no hablemos ya de las horas empleadas en la investigación ni en la redacción del tema. Más ejemplos: revista femenina encarga varios temas con mujeres como protagonistas: “Nos gustaría, por ejemplo, que te infiltrases como esclava sexual en Daesh. Tarifa del artículo: 250 euros brutos”. “Ah, esta idea que me propones de la madre de Richard Branson nos gusta, pero preferimos que le entrevistes a él. En la web no pagamos, en la revista de papel serían unos 300 euros brutos”. “Entrevista a un grupo musical para un medio digital, de aproximadamente cuatro folios: 65 euros brutos”. Ojo, porque además los medios suelen pagar tarde y siempre después de su publicación. Algunos abonan las facturas a 90 días y a otros se les “traspapelan” a menudo, con lo que te tocará reclamar (algo que hacemos muy bien los freelance). Y quejarte, como muestra reproducimos el diálogo con un director de revista: “Hola, oye, ¿tenéis problemas con los pagos? Mi artículo de enero aún no lo he cobrado, y estamos en mayo”. – “Pues lo he consultado y me dicen que no hay retrasos” (un oxímoron en toda regla). Un gran periódico de tirada nacional está pagando actualmente sus artículos para web (artículos de investigación muchos de ellos) a 30 euros brutos. Sí, es una profesión vocacional…
  2. Tus gastos fijos: Las plantillas que decíamos no te servirán de mucho, pero lo que sí debes tener es un control férreo de tus gastos e ingresos mensuales, y también hacer un balance anual. Sin contar el comer (porque ya sabemos que tenemos ese vicio de alimentarnos tres veces al día), no te olvides de teléfono, Internet, electricidad, transporte (público o privado)… Puedes optar por trabajar desde casa (lo más económica), y entonces podrás deducirte algunos gastos (como la electricidad). Mi asesor, un hacha en la materia, aclara el tema: “Cada autónomo determina unos porcentajes de afectación de la vivienda que se dedican a la actividad profesional, que dependen de metros cuadrados, tiempo que se trabaja desde casa… Rara vez nos podremos deducir más de un 4 o un 5 por ciento del total de gastos de alquiler, suministros y demás. Y eso solo vale para el IRPF, no para el IVA. Si me deduzco un 10% de mi vivienda como afecto a la actividad, si aplico la deducción por hipoteca de vivienda habitual o por alquiler, solo la aplicaré por el 90% del total pagado. Es decir, la parte de gastos de vivienda que deduzco en actividades económicas no puede deducirse dos veces”, aclara.

Otra posibilidad muy de moda, que no es cara y que además te permitirá optar a otros proyectos profesionales es el coworking. Y si el negocio va viento en popa, oficina propia. La mayor parte de periodistas freelance trabaja desde casa o compartiendo espacios.

  1. Los impuestos: No vamos a hacer sangre diciendo que en Inglaterra o en Francia solo pagas cuando tienes beneficios. Para qué, nosotros no vivimos allí, sino en España, y ya sabemos que Spain is different. En Hacienda hay que darse de alta siempre que se tenga que emitir una factura o se realice actividad económica: “A efectos de Seguridad Social existe la obligación de cotizar como autónomo desde el momento del alta en Hacienda, pero si el volumen de ingresos no llega al Sueldo Mínimo Interprofesional, no existe obligación de cotización. Este criterio solo sirve para profesionales, no para establecimientos mercantiles”, aclaran en iAsesoría. ¿Cuánto te toca pagar de autónomos? “Si es un alta nueva o hace más de cinco años de la última baja en autónomos, 54 euros al mes durante los primeros 6 meses. Luego, 130 al mes durante un año y después 195 mensuales durante otro año. Esto cotizando a base mínima”, recuerda mi asesor. Para un autónomo sin bonificación, el mínimo son 269 euros al mes, y si administra una sociedad, 320. Y ay de ti, desgraciado, como un mes se te olvide pagar… La multa que te llega es bien sabrosa. (Continuará…)

 

Foto: Claudio Brisighello

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