Decálogo para afrontar el síndrome postvacacional

¡Riiing! Los despertadores vuelven a sonar. Miles de españoles se reincorporan hoy y los próximos días a sus trabajos con pereza y nostalgia, tras deshacer […]

¡Riiing! Los despertadores vuelven a sonar. Miles de españoles se reincorporan hoy y los próximos días a sus trabajos con pereza y nostalgia, tras deshacer unas maletas en las que los dulces recuerdos veraniegos se entremezclan con la amarga sensación de regresar a la realidad. Se echan de menos los días de playa, la tranquilidad del pueblo o el frescor de las montañas. Apatía, cansancio o falta de energía. Algunos deambulan cabizbajos y otros no dejan de bostezar. Según  un informe de Adecco, en España un 30% de los trabajadores está sufriendo o sufrirá el síndrome postvacacional. La duración habitual es de unos 15 días. Y una parte importante de ese 70% restante padecerá algún cuadro de fatiga o estrés.

Igual de elevada resulta la cifra de empleados que sufre este síndrome que el número de personas que no se sienten comprometidas con su trabajo. Y, quizás, aquí yace la raíz del problema. Nekane Rodríguez de Galarza, directora de Lee Hecht Harrison, la división del Grupo Adecco especializada en coaching, gestión del talento y recolocación, destaca el mal ambiente laboral, la falta de liderazgo positivo, la abrumadora carga de trabajo o el déficit de motivación por el mismo como las principales causas ajenas.

Tanto por las repercusiones que tiene este síndrome para las personas que lo sufren, como para las empresas, debido al absentismo laboral, e incluso para el Estado, por los costes para la Seguridad Social, Elena Cocho, psicóloga, terapeuta Gestalt y coach, recomienda trabajar en la prevención. Y reconoce que las consultas relacionadas con ansiedad o depresión aumentan antes y después de las vacaciones.

Tras el periodo vacacional, “hay personas que consultan a un psicoterapeuta, ya que se encuentran tristes, irascibles, desmotivadas, con sensación de falta de sentido. Se sienten mal y no saben qué les pasa”, confiesa. Para combatir este síndrome, lo primero que sugiere Cocho es prevenirlo, por ejemplo regresando a casa unos días antes de incorporarse al trabajo para disponer de un tiempo de adaptación. “Apurar hasta el final genera más estrés”.

Pero si la prevención no es suficiente, lo recomendable es cuidar el descanso y la alimentación. Cocho también anima a comenzar de manera gradual en el trabajo, aprovechando la jornada intensiva que muchas empresas tienen para dedicar las tardes a hacer algo de deporte, así como evitar llevarse tareas pendientes a casa. De igual manera, propone enfocarse en las ideas positivas y desechar las pesimistas, limitantes o irracionales. Practicar métodos de relajación o de meditación para mantener los niveles de ansiedad bajos y empezar por labores que gusten y resulten fáciles y agradables puede tener estupendos resultados.

Pese a las cifras que recoge el informe de Adecco, Juan Carlos Cubeiro, Head of Talent de ManpowerGroup, asegura que, en realidad, es un 20% de los empleados el que realmente sufre el “síndrome postvacacional” y que un 10% adicional dice que lo padece, pero sus comportamientos no se corresponden con el diagnóstico estándar. El post-vacation blues, como se le denomina en Estados Unidos, es un estado de ánimo melancólico. Cubeiro matiza que un síndrome, según su definición médica, es un conjunto de signos y síntomas que muestra una “anormalidad”, una enfermedad. “Estar algo depre después de unas vacaciones fantásticas no es precisamente una enfermedad”. Es cuestión de pocos días. Frente a la nostalgia por lo bien que uno lo ha pasado en verano, el Head of Talent de ManpowerGroup resalta que vencer al síndrome postvacacional es cuestión de liderazgo, de metas, de equipo, de liberar energía positiva.

Más que para cargar pilas, las vacaciones suelen servir para desconectar. Pero, debido al ritmo de comidas, salidas, viajes… la mayoría de los trabajadores vuelve agotada. Rodríguez sostiene que parece que la vida se nos escurre y que sólo el verano nos da la oportunidad de hacer muchas de estas cosas. “En septiembre y octubre hay días festivos y pronto tendremos las navidades. Cada día debería ser un regalo. Es esta forma apresurada de vivir, poco orientada al cuidado de cada día, de los detalles, de las pequeñas cosas, la que provoca una vuelta más complicada”, agrega.

En líneas generales, las personas que se desmotivan son las que sufren más dificultades para sentirse realizadas en el trabajo, bien porque su labor resulta muy repetitiva, bien porque las tareas se encuentran por debajo de su preparación o porque trabajan en un entorno social con muchas tensiones entre compañeros y jefes. Y es que es muy fácil motivarse cuando vas a un lugar al que quieres ir, pero muy difícil si nada te motiva. Cubeiro destaca que “el entorno laboral es determinante” y, aludiendo a Warren Buffet, el mago de Omaha, señala que “cuando baja la marea es cuando se ve quién llevaba bañador. Cuando volvemos de las vacaciones es cuando se nota si el empleo que tenemos merece o no la pena”. Rodríguez, por su parte, considera que el entorno basado en el clima, las relaciones laborales que se entablan y el tipo de trabajo son los aspectos que incitan en mayor o menor medida al síndrome.

Falta de energía, dificultad para dormir, cansancio…. Los síntomas más frecuentes de la depresión postvacacional son de lo más variopinto. Y sus consecuencias pueden desembocar en un cuadro de estrés e incluso en una depresión mayor. Las personas menos resilientes son las más susceptibles, al igual que los trabajadores que tienen la oportunidad de disfrutar de largos períodos vacacionales. De forma paralela, es más probable que padezcan este síndrome los empleados con oportunidad de disfrutar de largos períodos vacacionales que los que tienen las vacaciones divididas a lo largo del año.

Mientras que la directora de Lee Hecht Harrison piensa que los empleados más susceptibles de sufrir este síndrome son aquéllos que requieren un mayor número de tares repetitivas, el responsable de ManpowerGroup defiende que son los trabajadores con menor autoconfianza, seguridad en sí mismos, autocontrol (serenidad) y orientación al logro de objetivos. “El riesgo de sufrir el síndrome postvacacional es, en más del 90%, pura inteligencia emocional. Sobre todo, inteligencia intrapersonal, saber gestionar las propias emociones”, aclara. Al mismo tiempo, y a la hora de resaltar el tipo de compañías en el que el síndrome es más habitual, Cubeiro asegura que no es tanto cuestión de tamaño como de entorno laboral. “En las empresas tayloristas, en las que las personas son un mero recurso, el síndrome postvacacional es más frecuente. En las humanistas, es más la excepción que la regla”, apostilla.

Rodríguez cree que cuando uno sabe lo que le ocurre debería analizar las causas. Y, una vez hecho este ejercicio, es labor del individuo hacer un plan de cambio. ¿Qué es lo que debo y puedo cambiar? “Si no puedes cambiar el entorno, al menos puedes cambiarte a ti mismo y la forma en que te lo tomas”. La directora de Lee Hecht Harrison opina que cualquier cosa que de verdad guste hay que ponerla en práctica. “Puede que las vacaciones hayan acabado, pero no tus ganas de seguir disfrutando de pequeñas cosas en la vida”, sentencia.

 

Diez consejos

Si usted está sufriendo este síndrome, quizás deba tener en cuenta el siguiente decálogo, elaborado por Juan Carlos Cubeiro:

  1. Debemos “ritualizar” tanto el tiempo de descanso y diversión como el de empleo de nuestro talento. Vivimos por proyectos, con inicio y final.
  2. Cambiar las rutinas para empezar la temporada con nuevos bríos.
  3. Dedicar algunos momentos a comentar el verano entre compañeros.
  4. La entrada, en la medida de lo posible, ha de ser progresiva. Muchas empresas hacen una convención de empleados para empezar la temporada.
  5. Cuanto más estimulante convirtamos el trabajo, menos síndrome postvacacional.
  6. Dividir el trabajo en partes manejables y asumibles para reducir la sensación de agobio.
  7. Aprovechar el inicio del curso para introducir mejoras de productividad y de equilibrio de vida.
  8. Las emociones se contagian. Estar más cerca de la gente positiva y no de los cenizos.
  9. Hacer alguna pequeña celebración (unas cervezas, una cena) para disfrutar entre colegas.
  10. El liderazgo del jefe es determinante: marcar retos, practicar el reconocimiento, transmitir buena energía.

 

Foto: Hernán Piñera

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