Habilidades del emprendedor

Conozco a muchas personas que son emprendedoras, aunque creo que no lo saben. Para mí, un emprendedor es una persona que tiene una idea, una […]

Conozco a muchas personas que son emprendedoras, aunque creo que no lo saben. Para mí, un emprendedor es una persona que tiene una idea, una pasión y que desea que estas sean el motor de su vida profesional. Como he aprendido de Manuel Bermejo (@manuelbermejo), “el emprendimiento es una actitud vital”. Esa actitud perfila una persona emprendedora, que es “alguien que debe ser ejemplar (la integridad es una herramienta para el liderazgo), la capacidad para llegar a acuerdos (las relaciones “gana-gana” siempre generan más beneficios a largo plazo), el apetito por el aprendizaje continuo (“quien cree saberlo todo, ya está muerto”), el sentido del humor (“una palanca para desatascar situaciones complejas”), la generosidad (compartir es poder) y la suerte (sí, existe, pero “hay que jugar con regularidad para encontrarla”)”.

Pero ¿qué habilidades tienen en común los emprendedores? Reid Hoffman, fundador de Linkedin, ha publicado un libro donde nos cuenta su visión. Él considera que las personas emprendedoras tienen tres cualidades en común: el desarrollo de una ventaja competitiva concreta, la creación de redes de personas y la toma de riesgos inteligentes. Start-up of you es la publicación donde desarrolla estas ideas. Es recomendable si buscas inspiración.

Si fuera una empresa, hablaríamos claramente de la ventaja competitiva que nos permite desarrollar un proyecto con éxito. Es aquello que nos diferencia. En el emprendimiento, se compone de los activos que uno posee (una idea, unas capacidades concretas de ejecutar o de relacionar), las aspiraciones (dónde quiere dirigirse uno) y la realidad del mercado (el momento en que se inicia la aventura de emprender). No es fácil ser sobresaliente en los tres elementos, pero sí es contingente conocer las fortalezas y debilidades propias, saber qué se quiere hacer (y sobre todo qué no se quiere hacer) y conocer bien el entorno sociodemográfico. El emprendimiento es sostenible cuando se atiende un nicho concreto en el que la combinación de activos, aspiraciones y mercado es satisfactoria.

La segunda habilidad que se debe desarrollar es la creación de redes. Las redes sociales (Twitter o Linkedin) son aceleradores de nuestras relaciones, pero estas tienen que fortalecerse con actividades cara a cara (negocio, asistir a un evento o practicar deporte). Ya he repetido la necesidad de ampliar la red de contactos mediante actividades. 

En el emprendimiento, la red lo es todo. No conozco inversores privados que pongan su dinero en proyectos unipersonales. Tampoco hay muchos casos de éxito de emprendedores individuales. Importa más el equipo, la mezcla de juventud y experiencia, las habilidades de cada cual. Por eso, hay que trabajar activamente las redes y fomentar el acceso a personas diferentes. A menudo, las personas son la fuente principal de ventaja competitiva. Dan acceso a recursos, generan oportunidades y tienen información o conocimiento. Esto sí que es diferenciador.

La tercera clave es arriesgarse. Se trata de tomar decisiones difíciles, poco corrientes o de resultado incierto. Si fuera fácil, todo el mundo sería un emprendedor de éxito. Hay que intentarlo una y otra vez, hasta dar con el modelo de negocio concreto, acertar con el distribuidor o mejorar la presentación del producto. Es el viejo método de ensayo y error. En el emprendimiento no hay exámenes ni respondes ante un profesor. Montar tu propio negocio tiene más que ver con tu pasión, tu idea o tus ganas de crear algo diferente.

Reid Hoffman va más allá cuando considera que “irónicamente, en un mundo en cambio, apostar por lo seguro es una de las decisiones más arriesgadas que se puede tomar”. Por lo tanto, “cuando en el peor de los escenarios puedas ser despedido, perder algo de tiempo o dinero o bien experimentar cierta incomodidad, deberías estar deseando asumir ese riesgo”. En cambio, “si en el peor de los escenarios existe un riesgo de acabar con tu reputación, perder tu sustento económico o acabar con tu carrera, no deberías aceptar ese riesgo”. Aquí comparto con Hoffman la idea de que lo último que debemos hacer es quedarnos quietos: si no hay oportunidades en nuestro sector o en nuestra ciudad, probemos a cambiar. Si quieres desarrollar algunas habilidades nuevas, colabora con una organización no gubernamental o cambia de aires. En ambos casos, podrás conocer personas nuevas y, con ellas, surgirán las oportunidades. No esperes a que cambien las circunstancias por sí solas.

Con estas ideas, creo que el emprendedor tiene cualidades innatas… pero que el éxito de las iniciativas tiene más que ver con las relaciones personales, el carácter y el trabajo constante. Por eso, te sugiero que sigas trabajando en tu proyecto, pero también que desarrolles esas tres cualidades.

¡Suerte!

Imagen @Esparta distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

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