Liderar en tiempos de crisis

Dice el refrán castellano que “no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista”. Sin embargo, la realidad es tozuda y esta crisis que nos acecha parece […]

Dice el refrán castellano que “no hay mal que cien años dure ni cuerpo que lo resista”. Sin embargo, la realidad es tozuda y esta crisis que nos acecha parece que se va a quedar con nosotros más tiempo del esperado. Ni los mercados, ni el gobierno ni, por supuesto, una señora alemana van a resolver a corto plazo nuestra situación. Por tanto, parece razonable asumir que viviremos todavía una época muy larga de incertidumbre.

En este contexto, es importante no perder la perspectiva ni un cierto grado de optimismo combinado con una dosis razonable de realismo, sobre todo si tenemos la responsabilidad de liderar personas y negocios. Hay que desechar el conformismo y la resignación y pasar a la acción para que las cosas ocurran.

Nuestras mejores herramientas ahora – y siempre- son las personas y los valores, por lo que conviene tenerlas siempre presentes en nuestras estrategias y decisiones. Como personas, y como líderes, nos toca hacernos cargo y superar esa sensación de pereza para encontrar las soluciones adecuadas. No nos engañemos: la verdadera crisis es la crisis de la incompetencia, y quien supera la crisis se supera a sí mismo. La mayor amenaza que tenemos entre manos es precisamente la de no querer luchar por superar la crisis.

¿Las claves? Confianza y compromiso. Confianza como motor que nos permite actuar libremente y nos da el coraje para asumir la responsabilidad de nuestras acciones. Compromiso como la responsabilidad que adquirimos para el cumplimiento de nuestras promesas y que define nuestro grado de fiabilidad.

Sin confianza no hay liderazgo. La confianza es la base para retomar el compromiso y generar motivación, aunque como bien dice José María Gasalla, “a veces, es suficiente con no desmotivar”. La misión de un líder es, entre otras muchas cosas, eliminar obstáculos, servir a nuestros colaboradores y conocerlos bien para rodearnos de los mejores.

Para ello conviene recordar las claves del liderazgo emocional. Se produce cuando el clima emocional es positivo y consigue movilizar lo mejor del ser humano. Los grandes líderes son personas que alientan lo mejor que hay en nosotros, de ahí la gran responsabilidad de ejercer un liderazgo sensato y adecuado en estos momentos de “tormenta perfecta”. Hay muchas personas y organizaciones que han conseguido traspasarla a base de reconocerla, actuar con cautela, reforzar la comunicación y tener la visión necesaria para contemplar todos los posibles escenarios.

En esa capacidad de tener visión estratégica para reinventarse a sí mismos o reinventar su negocio en función de los tiempos que corran es donde los verdaderos líderes dan la talla. Lo hacen con capacidad de innovación para construir nuevos esquemas, fortaleciendo su espíritu emprendedor y el de sus colaboradores, encontrando nuevos recursos… En definitiva, actúan con decisión y coraje para tomar decisiones difíciles.

La vida, señoras y señores, es un desafío en donde aflora lo mejor de cada uno. Albert Einstein nos enseñó que la creatividad nace de la angustia, por lo que, si decidimos ver la botella medio llena, estamos en un momento increíble para la generación de nuevas ideas, para la reinvención de nuestros negocios y para la innovación profunda.

Para abordar todo esto no solo hay que tener la ambición. Hay que tener también la determinación que nos mueva a la acción. Echar mano de un coach puede ser una buena idea para ayudarnos a identificar las áreas de mejora que queremos abordar y a poner en marcha el necesario plan de acción que nos conduzca al otro lado de la tormenta.

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