Manual del buen franquiciado

Hay un dicho en el mundo de la franquicia: “Quién gana un franquiciado, gana un problema” que, no vamos a negarlo, tiene su parte de verdad. […]

Hay un dicho en el mundo de la franquicia: “Quién gana un franquiciado, gana un problema” que, no vamos a negarlo, tiene su parte de verdad.

La elección del franquiciado debería hacerse con reflexión y análisis. Pero eso es en teoría, porque muchas franquicias se precipitan y aceptan en sus redes a franquiciados sin sopesar detenidamente las consecuencias de esta decisión sobre toda la firma.

Es por eso que las centrales de franquicia deben ir más allá de los requisitos económicos y valorar en sus candidatos a franquiciados otros aspectos como su disciplina, su capacidad de esfuerzo, su grado de compromiso con la marca y cierta experiencia en la gestión de otro negocio.

La disciplina y fidelidad para con la franquicia y la marca imponen per se ciertas restricciones y obligaciones al franquiciado. Así, aunque la franquicia sea un negocio propiedad del franquiciado, este sistema coarta notoriamente su capacidad de tomar decisiones e innovar.

La franquicia es, en esencia, la duplicación de un negocio probado. El emprendedor, por tanto, tendrá que aceptar de buen grado esta limitación de su propia autonomía y no tener un exceso de iniciativa propia.

A este respecto, los franquiciadores deben ser poco permisivos; no se trata de rechazar automáticamente las ideas y posibles mejoras que aporte un franquiciado, aunque estas fueran buenas, sino -en el caso de aceptarlas- extrapolarlas e incluirlas en toda la red para no hacer deferencias que puedan minar la imagen de la marca y confundan al cliente final.

En el caso de que el franquiciado invirtiera en la franquicia como una fórmula de autoempleo, este, aún obviando la parte de que la central le dará una completa formación, deberá tener suficiente capacidad para desarrollar una actividad empresarial y superar las dificultades inherentes a todos los negocios. Recordemos que una franquicia no implica ni menos horas de trabajo ni menos esfuerzo que un negocio tradicional, por lo que siempre se requiere un alto grado de compromiso.

El retrato robot del franquiciado ideal sería entonces una persona con una clara mentalidad empresarial pero, a la vez, dispuesto a acatar las normas que le vengan impuestas desde la central. Debe tener además capacidad para asumir las responsabilidades inherentes a la gestión del negocio y sin poner en peligro el modelo operacional ni deteriorar la imagen de marca.

Es importante que las franquicias apuesten por una expansión selectiva y elijan con detenimiento a sus franquiciados. Recordemos que el éxito de la central depende del éxito de sus franquiciados, y que la historia está llena de franquicias con un rápido crecimiento y más rápida desaparición.

 

Imagen @shutterhacks distribuida con licencia Creative Commons BY-SA 2.0

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