Mindfulness: el mundo puede esperar

¿Puedo ser más feliz sin tener más?, ¿es posible conciliar mi tiempo con mis obligaciones y aficiones? En los últimos años son muchas las personas […]

¿Puedo ser más feliz sin tener más?, ¿es posible conciliar mi tiempo con mis obligaciones y aficiones? En los últimos años son muchas las personas que me han hablado del mindfulness, así que aún consciente de que su popularidad no es ajena a la moda, decidí aprovechar la primera oportunidad para hacer una aproximación: ¿qué ofrece esta técnica de meditación para atraer a tantas personas?, ¿cómo puede ayudarme en mi vida y trabajo?

En este post están las respuestas a estas preguntas, tan solo sirviéndome de la experiencia de unas semanas de práctica. Este artículo no pretende ni explicar qué es el mindfulness, ni mucho menos hacer apología o crítica, tan solo satisfacer la curiosidad de otros que como yo no han tirado la toalla, que piensan que hay mucho que hacer para mejorar nuestras vidas, y que muchas de las respuestas están en nosotros mismos.

 

Una aproximación al concepto

Mindfulness se traduce al español como atención plena o consciencia plena, por lo que ya se adivina que va a tener mucho de introspección. Fue el neoyorquino Jon Kabat-Zinn quien formuló su práctica en 1979; doctor en medicina especializado en procesos de estrés y dolores crónicos, experimentó con maestros budistas, cuyas enseñanzas actualizó y adaptó a la mentalidad occidental, para difundirlas desde sus clínicas y como docente de la Universidad de Massachusetts.

Básicamente se trata de un ejercicio de meditación y autoconocimiento. Como recuerda mi profesor Sergio Martín, fundador de Yo soy Mindfulness, es asequible a cualquiera que lo intente, teniendo presente que “la práctica hace al maestro”. Una alerta para medir las expectativas de quien espere resultados inmediatos al primer esfuerzo, si bien es posible experimentar sus beneficios desde el minuto uno. Para un ser impaciente como el que firma estas líneas, esa es su gran ventaja.

Y poder compatibilizar sus técnicas con la vida diaria. Es lo que se conoce como ‘práctica informal’, y sin duda se lo debemos al proverbial pragmatismo americano. Sin embargo, quien realmente quiera profundizar, deberá ejercitarse en la ‘práctica formal’, lo que implica una meditación profunda y prolongada para la que es preciso ir incorporando distintas habilidades.

 

Qué me ha enseñado

A aceptar con ‘amabilidad’ lo irremediable. ¡Cuánta energía desperdiciada en luchar contra las imposiciones de la vida y el trabajo! Y no hablo de conformismo, sino de aceptación de esos hechos para afrontarlos, combatirlos y minimizarlos con más eficacia: cuando perdemos un cliente, quizá sea más efectivo emplearse a fondo en sustituirlo por otro que estar atribulado o encolerizado toda la semana. Y ejemplos como este, y mucho más trascendentales, los conocemos todos.

A priorizar tareas. Es difícil asumir que no podemos hacer todo lo que deseamos, pero cuando se consigue, sirve para centrar energía en lo realmente importante. Un tema que tratamos con más detenimiento en este post sobre la rueda del tiempo y la priorización de tareas.

A disfrutar del momento. El reloj nos presiona tanto que encadenamos una tarea con otra sin ningún momento de transición, y lo que es peor, sin ningún disfrute. Es una endiablada inercia que en muchos casos resulta problemática, de modo especial de la acción profesional a la personal: ¿cuántas discusiones evitarías si al entrar por la puerta de casa dejaras atrás los problemas de tu empresa? Tomar consciencia de dónde estamos en cada momento y qué vamos a hacer lleva muy pocos segundos, y puede cambiar por completo la experiencia y el resultado.

A practicar el “minuto de oro”. ¿Qué pasaría si cada hora de tu vida te dedicas un minuto? Puede que parezca increíble, pero el mundo puede esperarte 60 segundos. El minuto de oro es una de las técnicas para incorporar el mindfulness a la vida diaria, se trata de buscar unos brevísimos momentos al día en los que contactar con tu yo a través de una respiración profunda y consciente. Pura higiene mental que permite ser más eficiente en los 59 minutos restantes. En mi caso, tan solo hago unas breves paradas al día, mientras espero el autobús, a que me respondan al teléfono, o cuando tengo un cambio drástico de actividad laboral. No tengo muy claro si es a lo que se refiere Sergio Martín con su explicación, pero a mí me ayuda.

A ser agradecido. Por lo que tengo, por lo que soy… Celebrar los premios que te ofrece cada día no tiene por qué frenar tu ambición, muy al contrario, puede servir para evolucionar de forma más placentera, consciente y, sobre todo, feliz, reconfortándote por cada conquista.

 

Cómo me siento

La promesa que más valoro del mindfulness es la regulación emocional, bajarme de la montaña rusa en la que tantos días me siento. Reducir el nivel de presión sirve para dosificar de modo más adecuado la energía y emplear la justa en cada acción, algo que sin duda también se va aprendiendo con los años. Me enseña a tomar consciencia del tiempo, lo que resulta de utilidad para centrarse y concentrarse, combatir a los ladrones del tiempo y, en definitiva, ser más eficiente, con el fin de vivir cada momento con la predisposición adecuada.

Entiendo que la experiencia es diferente para cada persona, pero lo importante es saber que mejorar nuestras vidas está a nuestro alcance, y es más sencillo de lo que pensamos. En ocasiones basta con aceptar sin apriorismos ni prejuicios soluciones por otros experimentadas. En mi caso me cuesta comulgar con fórmulas preestablecidas, pero he descubierto que de casi todas puedo aprender. Busca tu alternativa y acércate a ella con un poco de disciplina.

 

Foto: Pexels

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