Once barreras del emprendimiento rural y diez medidas de reactivación

“Muchas ideas para emprender, pero una estructura social y económica que soporta mal este impulso”. Nadie dijo que dar alas a tus proyectos empresariales fuera […]

“Muchas ideas para emprender, pero una estructura social y económica que soporta mal este impulso”. Nadie dijo que dar alas a tus proyectos empresariales fuera fácil, pero si hay un colectivo que se ve obligado a enfrentarse a un entorno más adverso, ese es el de los emprendedores rurales. Al aislamiento de su medio y el desinterés de los canales de información generalistas se suman otros factores que socavan su voluntad, como la falta de herramientas formativas adecuadas a su realidad o, incluso, la incomprensión familiar.

Unas barreras más o menos visibles que hace pocos días me comentaba José Antonio Corraliza, catedrático de Psicología Ambiental de la Universidad Autónoma de Madrid. Lo agudo de su análisis me ha animado a compartir estas conclusiones que describen la realidad de un colectivo tantas veces ignorado, pese a custodiar el 85% de la superficie de nuestro país y, prácticamente, la totalidad de sus riquezas naturales. Un medio refugio en el que el emprendedor en busca de soluciones de autoempleo parece soportar mejor lo adverso de la actual coyuntura. Un escenario cada vez elegido por más emprendedores, tanto rurales como neorrurales, y que quizá en los próximos años culmine una silenciosa revolución iniciada hace ya décadas. Para conseguirlo, a buen seguro que deberá derribar estas barreras.

Barreras al emprendimiento rural

  1. Visión localista: Nadie duda de la importancia de utilizar los recursos endógenos en la implantación de un proyecto empresarial, pero Corraliza advierte de que esa visión emprendedora estrechada por el aprovechamiento de la riqueza del entorno puede limitar su desarrollo. Si los recursos exógenos enriquecen muchos de los proyectos urbanos, ¿por qué no los rurales?
  2. El aislamiento: Un reto por resolver es el secular déficit de la conectividad entre lo rural y lo urbano. Dos realidades que si no enfrentadas viven de espaldas, y que en muchas ocasiones limitan el radio de acción comercial de un negocio que tiende a refugiarse en su entorno más cercano. La formación y el creciente fenómeno de los nuevos pobladores pueden servir de nexo definitivo entre estos dos mundos, pero a la espera de que esto suceda, nuestros negocios deben tender puentes de comunicación con lo urbano.
  3. Barrera del individualismo: “Un fenómeno específico del mundo rural español”, explica Corraliza, y además sujeto a sorprendentes paradojas. En un ámbito donde el cooperativismo está demostrando su idoneidad para articular muchos proyectos empresariales, esta misma estructura -basada en la suma de fuerzas y experiencias de sus cooperativistas- tiende a bloquearse. Un ejemplo sería el de la cooperativa de quesos que siempre aplaza la creación de un departamento de exportación por no dar entrada a un nuevo equipo capacitado para asumir ese reto.
  4. El desconocimiento: Falta de información sobre el propio medio rural y sobre sus iniciativas más adecuadas. El medio rural debe asentar el uso de los canales, existentes o no, que mejoren el flujo de información para compartir experiencias.
  5. La rutina mental: Una consecuencia directa de la anterior barrera es la repetición de modelos, que bloquea la innovación del emprendimiento rural. Un ejemplo serían esas 15.386 casas rurales que tratan de sobrevivir en un mercado saturado sin aportar grandes elementos diferenciales.
  6. La escala de la actividad emprendedora: Una barrera que responde al reto de establecer un perfil preciso para nuestro proyecto. “No todos debemos aspirar a fundar una multinacional, pero tampoco debemos quedarnos cortos en las aspiraciones”, explica Corraliza. Una actitud que serviría para minimizar esa importante parte de la producción agrícola que no encuentra salida comercial por los cauces más ortodoxos.
  7. Los límites de la formación: Para este catedrático sería fundamental establecer un plan de formación continua específico para el mundo rural: “Se crearía capital humano ligado al territorio”.
  8. La financiación: Muchos se sorprenderán, pero no todos los recursos públicos que se dirigen al fomento del emprendimiento rural, por ejemplo a través del Fondo Europeo de Desarrollo Regional y sus planes Leader, son consumidos.
  9. El nivel de autoestima del entorno rural: Hay que volver a reapreciar el clima social del mundo rural fuera de los tópicos de tranquilidad y belleza, identificándolo como un hábitat con recursos.
  10. La vertebración territorial y la gobernanza en zonas rurales: Un aspecto complejo que obliga a una relectura del statu quo y a la toma de medidas imaginativas, acordes con su nueva realidad.
  11. El cortoplacismo y la falta de cultura de riesgo en el medio rural: Aunque muchas de las inversiones que los emprendedores realizan en el medio rural son menores en términos de cuantía, no lo son tanto en cuanto a su inversión emocional. Los empresarios deben luchar contra un ambiente social que socava su voluntad con afirmaciones del tipo: “Después del esfuerzo que hemos hecho para que vayas a la universidad, ahora decides quedarte en el pueblo”.

Medidas para promover el emprendimiento rural

Pero este intento de fotografiar la realidad socioeconómica a la que se enfrenta el emprendedor rural no puede limitarse a la identificación de las barreras que se han de sortear. José Antonio Corraliza también ha definido una serie de medidas para promover su actividad. Las reproduzco a modo telegráfico, convencido de que no necesitan mayor explicación:

  1. Simplificación administrativa.
  2. Fomento de nuevas formas de agrupamiento y acción colectiva.
  3. Abrir y consolidar líneas definanciación para promover el emprendimiento en el mundo rural.
  4. Promover la cooperación en ámbitos supramunicipales.
  5. Programa de formación de la clase política local para que actúe como agente promotor del emprendimiento.
  6. Programa de comunicación para recuperar la autoestima del medio rural.
  7. Difusión de “buenas prácticas” de emprendimiento: comunicación entre emprendedores.
  8. Cambio de los conceptos de la política rural.
  9. Combatir la tendencia a la despoblación y al aislamiento y defensa del medio ambiente.
  10. Nuevas formas de hacer las cosas: fomento de la poliactividad (más de una ocupación).

Imagen: @francesco sgroi, distribuida con licencia Creative Commons BY-SA 2.0

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