¿Sabes trabajar bajo presión?

Presupuestos que preparar con poco tiempo, presentación de proyectos con fechas “apretadas”, clientes que meten prisa,  imprevistos que surgen cuando menos lo esperas, exámenes “imposibles”… […]

Presupuestos que preparar con poco tiempo, presentación de proyectos con fechas “apretadas”, clientes que meten prisaimprevistos que surgen cuando menos lo esperas, exámenes “imposibles”… Todos hemos vivido alguna de estas situaciones, y probablemente hasta sea tu dinámica de trabajo habitual, pero no todos han aprendido a lidiar con la adversidad o a afrontar la presión de la manera más adecuada.

Si bien es cierto que la experiencia es un grado, también a la hora de controlar este tipo de situaciones, nunca viene mal aplicar una serie de pautas básicas que optimizarán tu productividad y sobre todo mejorarán tu bienestar personal reduciendo tu nivel de estrés.

¡Vamos allá que hay prisa y el tiempo es oro!

 

Analiza la situación e identifica tus temores

Ante una situación de presión, lo que más paraliza y bloquea son los temores a no poder afrontarla, por lo tanto el primer paso es analizar con calma la situación para planificarla, medir los pasos y eliminar esos miedos iniciales que muy a menudo son mayores en tu imaginación que en la realidad.

Cuando hayas ganado seguridad, estarás en condiciones de desarrollar mejor ese trabajo y te darás cuenta de que la mejor forma de asumir retos es estar perfectamente preparado con antelación para todos los posibles escenarios que surjan. Se trata de tener seguridad sin perder el sentido de la realidad y siendo consciente de los obstáculos a los que te enfrentarás.

 

Planifícate

No hay nada más improductivo que el desorden, por ello, aunque un trabajo requiera de la máxima urgencia, antes de nada párate, planifica y ordena tus ideas. Si eres organizado, ganarás mucho tiempo. Dejar las cosas para el último momento no solo te estresará, sino que además reducirá de forma drástica la calidad de tu trabajo debido a las decisiones precipitadas.

Dicho así, planificarse parece muy sencillo, pero ¿quién no ha pospuesto un trabajo o dejado un proyecto para última hora? Existen gran cantidad de técnicas de productividad, de las que puedes echar mano cuando sientas que la procrastinación se apodera de ti: analiza en qué se te va el tiempo, prioriza tareas, aprende a delegar, etc.

 

Diferencia siempre entre lo urgente y lo importante

La confusión entre estos dos conceptos es bastante generalizada. Una tarea urgente está siempre asociada al tiempo, mientras que una importante está ligada a las consecuencias o resultados . Una tarea puede ser urgente e importante simultáneamente, siempre teniendo en cuenta que la importancia es algo mucho más subjetivo que la urgencia.

Una vez tengas claro a qué tipo de tarea te enfrentas, tendrás que actuar y establecer las prioridades en función de si es urgente, importante, ambas cosas o quizás ninguna de ellas.

 

Urgente e importante

 

Buen humor y actitud positiva

Si te enfocas únicamente en los problemas implícitos en ese trabajo, tardarás más tiempo en encontrar la mejor manera de hacerlo y además gastarás demasiada energía. Es obvio que la actitud positiva es recomendable en cualquier tipo de actividad, pero si hablamos de trabajar bajo presión, es todavía más importante, ya que estas situaciones requieren pasos firmes y enfocarse en la solución para ser más ágiles.

En el caso de trabajos urgentes, debes tener en cuenta que las relaciones con colaboradores, clientes o compañeros, corren mayor riesgo de volverse “tensas”, por ello es clave mantener la calma, el buen humor y por supuesto el respeto.

Tienes dos opciones: pensar que todo saldrá bien o creer que será un completo desastre. Si eliges la segunda opción, seguramente gastarás demasiada energía en críticas y lamentaciones y avanzarás bastante más lento.

 

Saber cómo trabajar bajo presión es una habilidad que todos podemos aprender y en la actualidad se considera una competencia profesional cada vez más demandada por las empresas. Eso sí, nunca hay que confundir cierta presión razonable con una dinámica de estrés permanente. Las presiones desmedidas para cumplir objetivos inalcanzables o la sobrecarga de trabajo son situaciones que no deberían darse y desde luego, mal manejadas, pueden generar en el trabajador un importante desequilibrio físico y emocional.

Reconozcámoslo, un poquito de presión nos hace más creativos y le da “emoción” al trabajo, porque no hay nada más aburrido e improductivo que la rutina.

 

 

No triunfa quien más horas trabaja, sino quien mejor trabaja y sobre todo, quien maneja correctamente cada situación

 

Foto: Amy McTigue

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