Tirar o empujar: la creatividad de nuestros empleados

A menudo nos empeñamos en buscar ideas, incluso talento, lejos de nuestro entorno habitual, sin caer en que todo ello se encuentra mucho más cerca […]

A menudo nos empeñamos en buscar ideas, incluso talento, lejos de nuestro entorno habitual, sin caer en que todo ello se encuentra mucho más cerca de lo que pensamos. De hecho, en nuestro propio negocio, pero no siempre sabemos verlo y mucho menos aprovecharlo.

Lo común en estos casos siempre es quejarse de la falta de implicación del personal y de la carencia de ideas que potencien el negocio, pero son pocas veces las que reflexionamos sobre las causas del porqué ocurre esto.

El consultor David Sibbet ha desarrollado un concepto en su propia consultora en California inspirado en el yin yang que trata sobre “empujar y tirar”.

Para Sibbet, un empujón es cualquier cosa que irrumpe en una situación y la cambia al añadirle contenido, forma, reglas, orientación, estructura o la exigencia de que se tome una decisión. Si lo pensamos bien, ¿qué solemos hacer cuando nos empujan? En general nos tensamos, nos resistimos automáticamente y reaccionamos con un empujón en sentido contrario. Lo mismo ocurre cuando en una reunión o sesión creativa alguien propone un nuevo reto o idea, nuestra mente se resiste a ello y reacciona en contra.

Lo contrario de empujar es tirar. Cuando alguien tira de nosotros también nos resistimos, pero de otra manera: no reaccionamos con un empujón sino que aprovechamos la inercia para sacar ventaja de la misma.

En este contexto, tirar es cuando un elemento favorece que los demás se muevan en la dirección que les es más natural o donde es más posible que participen.

Siendo esto así, lo que deberíamos tratar de hacer es un diagnóstico sobre si estamos empujando o tirando de la gente con la que trabajamos, ya que según hagamos lo primero o lo segundo, los resultados serán muy diferentes.

Sibbet propone también algunos métodos para tratar de “estirar” a las personas que componen nuestro equipo. Son los siguientes:

  • Preguntas abiertas: Cuando pedimos algo a nuestro equipo y esto está ya de antemano delimitado, estamos empujando más que estirando, ya que en el propio reto o pregunta no estamos estimulando otros puntos de vista. Además, tampoco estamos siendo demasiado empáticos en cómo ve la otra persona lo que estamos proponiendo, sino que imponemos la forma en que debería verlo. Eso es un empujón en toda regla.
  • Imágenes sencillas: es bastante usual que en las reuniones se utilicen diapositivas con mucho texto o con gráficos complejos. De este modo los participantes se sienten más obligados a comprender lo que allí ven sin dejar espacio a su imaginación y creatividad. El uso de imágenes sencillas es mucho más motivador, es decir, estira e implica a los asistentes más que los empuja, al hacer que lo que ven sea más evocador que explicativo. A partir de ahí será más fácil crear nuevas metáforas para explicar el problema que se ha de resolver.
  • Papel y espacios en blanco: como cuando éramos niños, a los adultos nos gusta garabatear. Puede que con el tiempo se vaya perdiendo, pero no es raro encontrar a un adulto haciendo monigotes en sus tiempos muertos. Un papel en blanco siempre es motivador, es todo un reto que se abre delante de nosotros. Cuando propiciamos estos espacios en blanco, estamos otra vez estirando más que empujando a que los que quieran participar lo hagan sin tapujos.
  • Incertidumbre: La creatividad es, en parte, algo nuevo, y lo nuevo no tiene referencias a las que acogerse. Es por lo que genera incertidumbre. Por ello el creativo se mueve en ella más cómodamente que el que no lo es. Sentirse cómodo en lo incómodo es una habilidad imprescindible para las personas creativas, por lo que deberíamos explotarla lo máximo posible. La seguridad acomoda, mientras que cierta incertidumbre nos estira, nos mueve hacia el cambio necesario.

Como se observa gracias a los diferentes métodos que David Sibbet propone, el quid de la cuestión reside en hacer partícipe al otro de nuestros intereses, es decir, invitarle más que obligarle. Si estiramos de la gente en vez de empujarla, nos encontraremos con más talento e ideas de las que jamás nos hubiéramos imaginado.

Foto @marfis75, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

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