Innovación y gestión, un dilema de muchas empresas

El conflicto es recurrente. Es una de las bases de las teorías de Christensen sobre la innovación en el ámbito empresarial y una de las […]

El conflicto es recurrente. Es una de las bases de las teorías de Christensen sobre la innovación en el ámbito empresarial y una de las obsesiones de las nuevas teorías sobre emprendimiento y creación de valor. Cuando la empresa se obsesiona con el corto plazo y con la cuenta de resultados, tiene difícil acertar y aceptar la innovación. Sí, es provocador: se innova para perder dinero, porque si supiéramos qué producto, servicio, modelo de negocio o nuevo nicho de mercado va a funcionar, no necesitaríamos la innovación. Por eso existe un dilema entre la innovación y la gestión. No se pueden tener las dos a la vez y obtener idénticos resultados. Por eso planteo cinco elementos que han de conjugarse en las organizaciones para equilibrar los resultados. Sin gestión, no hay resultados. Sin innovación, no hay futuro.

La estrategia. La innovación tiene sentido cuando está integrada en la estrategia empresarial. No basta con crear unidades aisladas con mucho dinero para invertir en I+D, patentes o tabletas. La estrategia ha de estar en la cadena de mando y ser una prioridad de los integrantes de la dirección. En la práctica, la tarea directiva tiene dos funciones. La primera es la creación y la mejora del equipo investigador. La segunda es la orientación de la innovación en alguno de los cuatro ejes de la matriz de Ansoff: nuevo producto, nuevo mercado; nuevo producto, viejo mercado; viejo producto, nuevo mercado; viejo producto, viejo mercado.

¿Cuánta innovación abierta? Por definición, la innovación ya es abierta, global y digital. Por tanto, hay que buscar cómo emplear estas características en nuestro negocio. Ya no nos planteamos una innovación aislada, lejos de la demanda social. Para equilibrar la innovación abierta, determina cuál es el corazón de tu negocio y externaliza el resto. Para conectar con nuevos ámbitos de innovación, crea redes de contacto con la universidad, con los competidores, con las asociaciones profesionales y las startups de base tecnológica.

Personas, no objetos. Para que la innovación progrese, tiene que desaparecer el viejo estilo de mando basado en los galones y la jerarquía. El liderazgo en innovación procede de las ideas y no tanto de la asignación semanal de tareas. Te recomiendo la creación de un espacio físico y de un espacio en el horario semanal dedicado a la mezcla, la conjunción de personas procedentes de nuevos equipos para que intercambien impresiones. Huye de los comités de innovación, pero dota a la organización de una estructura “antifrágil”. Favorece que el liderazgo sea real, porque la innovación sí requiere a alguien que esté al frente. Una segunda recomendación es la apuesta permanente por la formación: cursos reglados, conferencias, MOOC (Massive Open Online Course), talleres de fin de semana o asistencia a congresos y jornadas profesionales han de estar en la agenda mensual.

El corazón de tu negocio no es la innovación. La innovación es un método para la supervivencia y la competitividad, así como para la renovación continua. Sin negocio, no hay innovación. Por eso, no tiene que obsesionarte “ser innovador”. No sé qué significa esto. Sé qué significa ampliar la base de clientes, mejorar la forma de financiarte, atender y servir nuevos mercados, establecer un método de trabajo diferente, fomentar la libre circulación de las ideas y todo el conjunto de elementos de la innovación. Si te obsesionas con la innovación en abstracto, es probable que acabes cayendo en la miopía empresarial de confundir el producto con el cliente. Ya lo hizo la industria musical y ahora vemos cómo el turismo hotelero o el transporte de taxis quieren evitar que las personas se conecten e intercambien bienes y servicios. Por eso, enfoca la innovación de tu empresa hacia el cliente, porque es la única vía para encontrar soluciones concretas a demandas reales. El resto es pura incertidumbre.

Experimenta y pierde dinero. Es, quizás, una de las lecciones de lean start-up que más rápido puedes aplicar en una pyme estándar. Para conocer las dimensiones de la innovación, experimenta con nuevas formas, productos y servicios. La idea de “producto mínimo viable” defiende que antes que ponerte a producir en cadena, debes probar y testear el producto. Ofrece un producto en mejora constante, que responda a estos cambios. Huye de la innovación perfecta y persigue la innovación sistemática. Que cada paso mejore el anterior. Solo así dejarás de perder dinero y la innovación rendirá cuentas.

Un apunte final. La innovación es una forma de trabajar. Por eso defiendo que la innovación tiene que ser una cuestión que ocupe a la función directiva. Solo se tendrá éxito cuando se cuente con el apoyo institucional. De otra manera, los llaneros solitarios acabarán perdidos en el desierto y con su idea innovadora en otra parte. No dejes que la innovación se marche.

¡Suerte en tu proyecto!

Foto: Procsilas Moscas

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