Los nuevos actores de la innovación

La innovación consiste en el desarrollo de nuevas ideas en un entorno abierto y competitivo. La innovación social pone el acento en los usos sociales […]

La innovación consiste en el desarrollo de nuevas ideas en un entorno abierto y competitivo. La innovación social pone el acento en los usos sociales y los comportamientos, mientras que la innovación en la empresa persigue mejorar los productos y servicios preexistentes o bien crear otros nuevos.

Sucede que en la actualidad más y más organizaciones participan en los procesos creativos cuya misión es transformar la realidad que las rodea. Es el nuevo entorno estratégico que hemos indicado en alguna ocasión: abierto, transparente, global y digital. La transformación digital y la consolidación de las redes han abierto una ventana de oportunidad para la pequeña y la mediana empresa. La red de conocimiento que puede establecerse a nivel global entre organizaciones, universidades y emprendedores reduce los costes de inversión, mientras que el diseño reduce los de producción. Por eso, los nuevos actores de la innovación están llamados a liderar la transformación digital. Veamos algunas tendencias reconocidas por el Danish Design Centre.

Las empresas consolidadas y las startups. Las organizaciones grandes suelen perderse en un mar de burocracia y departamentos que reducen su capacidad de organización. Si no se dota de un ambiente propicio, los innovadores se marchan y crean sus propios proyectos fuera de la empresa. La nueva tendencia consiste en relacionarse con estos innovadores y darles el apoyo institucional de la gran empresa, pero fuera de ella. Por primera vez, en lugar de comprar ideas de negocio en pleno proceso de expansión, se observa que las startups lideran el proceso y utilizan las empresas como subcontratas para aquello que no es core business. Se aprovecha la economía de escalas en ventas o distribución y se reserva la creación de redes propias. La innovación permanece en la startup y acelera la transformación de una idea en una empresa. Por su parte, la empresa ya consolidada se mantiene en la ola innovadora y ahorra costes.

La transformación digital ha provocado una nueva generación de startups que incluyen el diseño, la creatividad y las soluciones orientadas al cliente en su naturaleza. Están acostumbrados a utilizar las redes sociales para organizarse, creen en las ventajas de los hubs sociales, emplean software libre y disponen de sus trabajos en la nube. Este comportamiento está menos atado a la geografía física y más al mundo de las ideas. Asimismo, la situación del mercado laboral ha facilitado que profesionales de diferentes trayectorias se pongan a trabajar juntos por cuenta propia. Las startups de nuevo cuño nacen con la diversidad en el ADN, lejos de los modelos “patronizados” de las compañías estables.

El big data y la disrupción tecnológica. Sin caer en el determinismo tecnológico, es evidente que afrontamos una etapa novedosa en los modelos industriales. La Red se ha instalado en nuestras vidas, en nuestro sofá del salón y en nuestro bolsillo a través de los dispositivos móviles. En breve lo hará también en nuestra ropa (wearables) y nuestros coches (Internet of Things) con sensores de naturaleza tecnológica. Habrá que ver qué oportunidades de innovación, creación de empresas y nuevos negocios son naturalizados. Las tecnologías van a alumbrar innovaciones incrementales, como en la gestión de servicios, pero sobre todo acelerarán innovaciones radicales, esto es, la creación de otros totalmente nuevos de acuerdo con unos clientes aún por definir.

La revolución de los makers. Las soluciones tecnológicas han dado un nuevo salto adelante. Las impresoras 3D o la popularidad de Arduino confirman que las startups han perdido el miedo al hardware y a la programación como fuentes de diferenciación. Se pueden construir prototipos a bajo coste y ajustar la producción a la demanda. Esta mezcla de diseño y manufactura artesanal con fabricación industrial es eficiente, reduce los costes, mejora la experiencia final del usuario y está abierta a la innovación permanente.

La infraestructura del negocio. Las incubadoras, los programas de mentoring o la promoción del emprendimiento en la universidad están sobre la mesa, de modo que empresas, capital y centros de investigación han establecido vías de relación. Además, se ha extendido la formación interdisciplinar con dobles titulaciones, los programas de formación emprendedora o las asignaturas interdisciplinares. Seguro que aún queda mucho por hacer, pero pensemos en cómo estábamos hace diez años.

Las ciudades, en el corazón de la innovación. Al final, la globalización ha puesto de manifiesto que vivimos en núcleos urbanos donde el pasaporte tiene poco sentido. Se ha globalizado la biografía, pero no la residencia. En ese contexto, las ciudades compiten por crear programas de apoyo a los emprendedores y los innovadores, tejer un nuevo sistema productivo vinculado al conocimiento y no a la construcción, captar empleo de calidad, atraer inversiones y capital riesgo, entre otras medidas.

En suma, la transformación digital ha creado nuevas oportunidades. ¡Súbete a la ola!

Foto: Pixabay

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