Recetas para la innovación y las nuevas ideas

“Las ideas se tienen; en las creencias se está”. Esta cita de Ortega y Gasset recoge uno de los fundamentos de la innovación: las ideas […]

“Las ideas se tienen; en las creencias se está”. Esta cita de Ortega y Gasset recoge uno de los fundamentos de la innovación: las ideas hay que trabajarlas, hay que romper los esquemas previos y adquirir conocimiento para realizar propuestas únicas, que sean diferentes a lo que se ofrece en el mercado. La innovación es el motor del cambio y, a medio plazo, la única fórmula conocida para la supervivencia de la empresa. Ya hablamos de la necesidad de estimular el pensamiento crítico, pero hay que ir más allá, huir de las creencias. Aquí os dejo una receta para cocinar la innovación.

Las grandes ideas, aquéllas que transforman la realidad económica y social, son fruto de un cambio de hábito de consumo, la aparición de una nueva tecnología, el descubrimiento de una materia prima o la investigación básica, entre otros. Estos cambios son poco comunes en la economía diaria. Lo natural es la transformación de los productos y los servicios sobre las ideas que ya conocemos. La oportunidad de negocio surge de una mejora, de un cambio en el orden de la distribución, en la comercialización de acuerdo con los nuevos patrones y un largo etcétera. La innovación, en la pyme, no puede ser sólo fruto de la inversión en patentes.

Mira a tu alrededor y observa dónde hay gente haciendo cola: ahí encontrarás un servicio mal resuelto o que tiene capacidad de mejora. Puede ser en la distribución, la producción, la atención al cliente, la fabricación o cualquier elemento de la cadena de valor. Desagrega los elementos que componen el negocio y las conexiones que tienen. Averigua qué está fallando y ahí encontrarás una oportunidad de negocio. La generación de nuevas ideas procede de la creación de valor con una propuesta diferente: cuando el cliente está dispuesto a pagar por un servicio que resuelve sus problemas, ya has tenido una idea. No sé si esto es original, pero sí que resuelve una demanda. Si no sabes por dónde empezar, piensa en qué productos o servicios se requieren y no tanto en cómo se resuelven. Esta idea de “jobs-to-be-done” es la que subyace a la disrupción de Christensen y otros autores.

Observa el comportamiento de tus clientes. Internet y las redes sociales son un escaparate ideal para conocer sus necesidades, sus conversaciones reales y sus inquietudes. Abandona las creencias: “me parece que mis clientes quieren” o “mis clientes siempre suelen hacer esto o aquéllo”. La innovación requiere poner el foco en tu sector de actividad económica, averiguar qué ofrece la competencia y compararte. Puedes generar nuevas ideas creando un mapa que sitúe todos estos elementos, que asocie productos, marcas, clientes, necesidades que se cubren, competidores, productos sustitutivos o mejoras potenciales. La visualización de los elementos puede ayudarte a descubrir recombinaciones. Hay decenas de herramientas en la web que puedes probar para crear esos mapas.

Sigue un método. O crea el tuyo propio. En todo caso, considera que la innovación y las nuevas ideas pasan por diferentes fases que se asemejan a las recetas. La primera es la adquisición de información. Lee informes, asiste a jornadas, sigue listas de Twitter o identifica autores que hablan de tu sector o negocio. Llegarás a una fase de saturación cuando te dejes de sorprender con una nueva lectura. Deja reposar. Lee novelas o disfruta de una serie de televisión. Se puede aprender mucho de la ficción. Escribe dos o tres ideas que puedan mejorar tu empresa o el servicio que ofreces en una página. Deja reposar de nuevo. Haz una actividad social, deporte o toma una cerveza con amigos. Lee las ideas al día siguiente. Escoge la mejor y desarrolla su contenido con todo detalle: ¿cómo se implementa?, ¿qué decisiones he de tomar?, ¿cuál sería el primer paso?, ¿cuáles son las alternativas? Seguro que encuentras nuevas ideas.

Toca ahora transformar éstas en oportunidades de negocio. Toma estas nuevas ideas y llévalas al mercado. Empieza por lo sencillo: cuenta tu idea a tus amigos y a tu familia, sobre todo si están fuera del sector. ¿Entienden tu idea?, ¿comprenden tu propuesta de valor?, ¿tienen claro cómo mejora la idea el negocio? Toma nota de las sugerencias y reescribe la propuesta. Si no superas esta fase, difícilmente conectarás con el gran público.

Para terminar, da forma a tu idea. Defiende el plan de negocio como herramienta para saber y ordenar la información. Si no puedes redactarlo, simplemente tu idea quedará en eso… pero no será una innovación. ¡Suerte y a trabajar!

Foto: Jonny goldstein

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