Claves para liderar una pyme: inteligencia emocional e influencia

Como cualquier otro directivo que tiene que enfrentarse a la gestión de equipos y a la resolución de problemas en un entorno complejo, el gerente de una pyme debe tener […]

Como cualquier otro directivo que tiene que enfrentarse a la gestión de equipos y a la resolución de problemas en un entorno complejo, el gerente de una pyme debe tener unas habilidades directivas que, junto a su formación técnica, hagan de él un auténtico líder. Estas habilidades son especialmente exigibles para este perfil profesional, ya que la naturaleza de su actividad hace que la toma de decisiones sea habitualmente muy rápida e implique directamente a su cuenta de resultados.

Pero, ¿cuáles son esas habilidades? Aunque la lista puede ser muy larga, en este post vamos a concentrarnos en dos fundamentales: la inteligencia emocional y el liderazgo. 

Inteligencia emocional

“La inteligencia emocional es útil en tiempos de bonanza  e imprescindible en tiempos de crisis”

Dr. Hendrie Weisinger

 

Sin duda, la inteligencia emocional, término difundido sobre todo por Daniel Goleman y que dio título a su libro más conocido, es una de las habilidades sociales (y directivas) más importantes. Se basa en la capacidad de un individuo de controlar, emplear y potenciar el manejo de sus impulsos emocionales de forma positiva, aún en situaciones adversas.

Es fundamental conocer la importancia que tienen las emociones en el comportamiento de las personas, saber identificar el origen emocional de las conductas y distinguir emociones y estados de ánimo para interpretar a las personas y entender sus actuaciones. Un conocimiento profundo de esta disciplina permitirá al emprendedor, directivo o dueño de una pyme experimentar con la generación y cambio de emociones y aprender a utilizarlas para conseguir objetivos posibilitadores.

Como sostiene el reciente Premio Príncipe de Asturias de Ciencias Sociales, el profesor Howard Gardner, no existe sólo una inteligencia (la que mide, por ejemplo, el Cociente Intelectual). Existen, según su teoría de las inteligencias múltiples, hasta 8 formas distintas: inteligencia interpersonal, intrapersonal, lingüística, visual, manual, naturalista, lógica y musical.

La Inteligencia Emocional abarca precisamente varias de ellas y es quizás la más importante a la hora de gestionar experiencias y emociones (que es, a fin de cuentas, lo que mueve las relaciones entre una marca y sus clientes).

La empatía, entendida como el reconocimiento de las emociones en las demás personas y, por tanto, la escucha son habilidades fundamentales para cualquier directivo, independientemente del tamaño de la empresa que lidere, y ayudan a incrementar drásticamente la motivación de los equipos involucrados.

Liderazgo

Si entendemos el liderazgo como el arte de influir sobre la gente para que trabaje con entusiasmo en la consecución de objetivos en pro de un bien común, entonces aceptaremos que esta habilidad es esencial para el directivo de una pyme.

Por tanto, el liderazgo constructivo debe venir avalado por la autoridad (arte de conseguir que la gente haga voluntariamente lo que tú quieres gracias a tu influencia personal) y no tanto por el poder (capacidad de forzar a alguien para que éste haga lo que tú quieres debido a tu posición de fuerza). Esta distinción es especialmente interesante para cualquier dueño de una pequeña empresa, porque en su actividad diaria se enfrenta a personas y circunstancias sobre las que no puede imponer su decisión (poder) pero sí influir (autoridad).

El debate alrededor de esta habilidad suele darse entre lo que se entiende por líder y lo que se entiende por gestor. Mientras que en este último encontramos a alguien que organiza, planifica y distribuye recursos, controla y supervisa tareas, produce y obtiene resultados a corto plazo, en el caso del líder nos encontramos con alguien que, además de todo lo anterior, genera cambios sostenibles e implicación en los equipos. Lógicamente es mucho más efectivo el perfil de líder y aporta adicionalmente un sentido estratégico a su misión.

En cualquier caso, no hay un único estilo de liderazgo. Entre los más habituales está el líder visionario (alguien que es capaz de marcar objetivos movilizadores y de cambiar el rumbo o la visión), el líder afiliativo (motiva en situaciones críticas y fortalece relaciones), el líder democrático (estimula el compromiso mediante la participación), el líder timonel (establece objetivos muy agresivos y estimulantes), el líder autoritario (elimina el temor proporcionando una dirección muy clara en momentos críticos) o el líder coach (establece puentes entre los objetivos de los empleados y las metas de la organización).

Coaching y liderazgo

Una de las grandes autoridades internacionales en la materia, Tim Gallwey, define el coaching como la capacidad de liberar el potencial de una persona para incrementar al máximo su desempeño. Es decir, consiste en ayudarle a aprender en lugar de enseñarle.

Pues bien, sin ninguna duda, el coaching es una herramienta posibilitadora y potenciadora de las habilidades directivas que hemos mencionado antes. Sirve, por ejemplo, para optimizar resultados, acelerar procesos de cambio y mejora, afrontar situaciones de crisis y decisiones difíciles, superar estados de estrés e incrementar la proactividad. Es especialmente eficaz en la resolución de problemas y en la gestión del trabajo en equipo.

El coaching es, por tanto, un proceso de aprendizaje transformacional que está enfocado a la acción y a los resultados, centrado en la realidad diaria y orientado a la generación de relaciones de confianza y no dependencia.

Foto @ UggBoy♥UggGirl, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

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