Las relaciones positivas son rentables

Ya sea por dimensión, por volumen de facturación o por estructura de costes, incluso en otros casos, tal vez, por incredulidad del propietario, hay empresas […]

Ya sea por dimensión, por volumen de facturación o por estructura de costes, incluso en otros casos, tal vez, por incredulidad del propietario, hay empresas que no cuentan con una dirección de personas que medie en la dialéctica empleador-empleados para proporcionar un diálogo más constructivo, pero en todos los casos no será necesario tener que implantar sofisticadas políticas de gestión de personas para hacer posible que de la relación laboral resulte una interacción más provechosa para uno y para otros.

Es tan fácil o tan difícil como albergar el firme propósito de favorecer la armonía y el entendimiento como estrategia para construir un marco laboral saludable en el que, por efecto de la dinámica relacional que se experimenta, trabajar resulte una experiencia satisfactoria que merezca la pena preservar.

Si admitimos que las malas relaciones en la empresa tienen un efecto devastador que incide directamente en la productividad, dinamitando la eficiencia y lastrando los costes de la actividad en términos de actos fallidos, errores, disconformidades, reprocesos y reclamaciones, cuando no por efecto de sucesos de accidentabilidad, bajas por enfermedad o, también, a causa del absentismo psicológico, entonces comprenderemos que tener una actitud conciliadora suele reportar más ventajas que hacer prevalecer las diferencias.

Cada quien sabrá si le conviene o no cambiar de actitud en favor del aseguramiento de un clima interno favorable en su empresa. Baste recordar que una de las consecuencias del mal ambiente laboral se traduce en la huida de trabajadores en busca de otros horizontes profesionales – más saludables – en los que poder realizarse; índices de rotación que, como poco, informan de la pérdida de talento cuando, también, consecuencias del malestar laboral son la baja productividad, la disminución del ratio de beneficio por empleado, el incremento del coste del reclutamiento y el aumento de los esfuerzos de preparación de nuevos trabajadores, lo que ilustra cómo se puede aminorar el retorno de las inversiones realizadas en dotación y gestión del personal.

Fomentar el entendimiento

La clave que, entonces, posibilita el hallazgo de ventajas descansa en la capacidad del empresario para crear buenas relaciones con los trabajadores y fomentarlas entre ellos como parte de un programa de creación de un ambiente de entendimiento y colaboración dirigido a impulsar el trabajo en equipo, la eficiencia y la productividad, bases del alto rendimiento. Pero un entorno saludable, en un marco laboral dado, no tiene nada que ver con un ambiente artificialmente edulcorado. Al contrario, el fingimiento y la falsedad se perciben de inmediato y socavan las relaciones entre adultos; luego una actitud sincera, basada en el convencimiento de que el trabajo prospera cuando reina un clima de respeto y entendimiento –lo que no quiere decir ni exento de roces ni de discrepancias-, evidenciado en hechos ciertos, es el punto de partida para poder mejorar las relaciones laborales y, por ende, recolectar el fruto del trabajo bien hecho.

Fijar la dirección

Toda empresa es un marco relacional y toda actividad laboral entraña un ejercicio continuo de interacciones que inicialmente descansan en la información que se comparte. Si respetarse es condición necesaria para colaborar en la misma dirección, compartir la información concerniente a empresa y trabajadores es el primer paso para coordinarse y es una elemental muestra de respeto para con quienes se trabaja.

 

  1. ¿Se pone en circulación la principal información de la empresa y toda la que afecta a los trabajadores?
  2. ¿Conocen los trabajadores las principales claves estratégicas y, en consecuencia, disponen de la información que precisan para alinearse?
  3. ¿Es consistente la información que se distribuye? ¿Son coherentes los mensajes que se trasladan? ¿Se hace lo que se dice y se dice lo que se hace? ¿Se incurre en alguna contradicción? ¿En alguna ocasión hay que desdecirse?
  4. ¿Se tiene control sobre la información que se difunde? ¿Se pulsan los efectos de los mensajes?
  5. ¿Existen lagunas informativas? ¿Se tiene noticia de alguna manifestación de sorpresa o de desconcierto a raíz de lo que se transmite? ¿Se sabe si circula información no oficial que contradiga o cuestione la información oficial?

En este primer chequeo conviene recordar que la comunicación más efectiva es siempre la que se produce cara a cara, en directo, mediante la interacción verbal. Además, hacer partícipes a las personas de aquello que les afecta transforma el mero acto informativo en un proceso enriquecido que puede dar lugar al diálogo y representa la mejor ocasión para reforzar el liderazgo directivo.

Establecer el sentido

Quienes se incluyen en la capa directiva son los máximos responsables de la organización del trabajo y de conducir a las personas en la dirección correcta para lograr los fines empresariales, siendo sus habilidades relacionales el principal instrumento del que disponen para dirigir, orientar, alinear, involucrar y motivar a personas y equipos de su dependencia, por lo que su competencia comunicativa será decisiva. Se quiera o no, los managers son actores esenciales en la construcción de las culturas corporativas y los principales impulsores de la moral de equipo en las organizaciones y, consciente o inconscientemente, son gestores del comportamiento organizativo y han de comprender que las personas trabajamos más y mejor si nos sentimos parte de un proyecto y de una organización, para lo cual han de asumir su responsabilidad informativa, motivadora e integradora.

Informar supone facilitar anclajes sobre la política general de la empresa, los resultados, las actividades económicas, la política social, los procesos productivos, los clientes y los proveedores, el ámbito legislativo que concierne al sector, los desarrollos técnicos y económicos…

Integrar significa desarrollar el sentimiento de pertenencia a un equipo, supone crear lazos de solidaridad entre el personal, y pasa por favorecer el diálogo fluido entre los diferentes integrantes, estamentos o departamentos. Se logra cuando se despierta la identificación de las personas con la organización.

Motivar es hacer sentir que las personas se sientan importantes, lo que se consigue, entre otras acciones, comunicando, tanto lo positivo como las negativo, valorando realmente el esfuerzo individual y el del equipo, exponiendo las estrategias de la empresa y haciendo partícipes de las mismas, contribuyendo al desarrollo de las personas y de los equipos.

Esta misión requiere ejercitar la escucha y aprender a discriminar entre las razones y las emociones, tener capacidad de síntesis para elaborar cuestiones complejas, ordenarlas y poder transmitirlas con claridad y sencillez, estar dispuesto a compartir con tiento y medida la información de que se dispone, proponerse buscar la comprensión mutua remarcando las coincidencias en vez de obcecarse en las discrepancias y manteniendo el propósito de alentar la comunicación franca, con confianza.

Crear ambiente

En resumen, si hay un factor pronóstico capaz de predecir en las empresas el curso de los acontecimientos, éste es el clima laboral, un factor ambiental propio de cada organización, que resulta de la confluencia de variables físicoquímicas, organizativas, culturales, directivas y relacionales de cuya imbricación resulta un ecosistema laboral que subsume y preside el quehacer diario de las personas.

Tal atmósfera encuentra su máxima expresión formal en normativas explícitas, que adoptan la forma de principios, políticas, procedimientos y rutinas; procederes que se complementan con los imperativos tácitos que constituyen el conjunto de creencias generalizadas a las que la mayoría espera que los demás también se atengan.

El signo, positivo o negativo, que caracterice dicha atmósfera determinará la calidad del ambiente laboral que se respire, siendo determinante para el desarrollo de los acontecimientos. Está demostrado que un clima favorable predispondrá a la acción y será condición necesaria para el normal discurrir de los acontecimientos, mientras que resulta evidente que una atmósfera irrespirable produce malestar y siempre será un impedimento para trabajar.

Ahora bien, dado un entorno cualquiera, siempre es posible contribuir a mejorar el ambiente de trabajo a poco que se tenga la actitud de favorecer la armonía y el entendimiento, como estrategia para construir un marco laboral saludable en el que trabajar sea una experiencia satisfactoria. Empresarios, directivos y mandos tienen en su mano la posibilidad de transformar su entorno laboral en un ambiente de trabajo del que merezca la pena sentirse parte.

Foto: photorack

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