Trabajadores tóxicos: ¿Tienen solución?

Sean las que fueran las causas –siendo importante identificarlas-, el hecho es que en las empresas se pueden encontrar sujetos desencantados y desvinculados; desleales o […]

Sean las que fueran las causas –siendo importante identificarlas-, el hecho es que en las empresas se pueden encontrar sujetos desencantados y desvinculados; desleales o perniciosos, conflictivos o negativos, opositores, vagos, trepas, críticos y otra suerte de personas cuya convivencia desalienta y cuyo quehacer desanima, crea desazón o causa estragos, pues con su actuar introducen malestar entre los compañeros, lastran los equipos y trastornan el normal discurrir de los acontecimientos, cuestión que también puede salpicar las relaciones externas de la empresa con sus grupos de interés.

Discriminando actores

Por lo general, nos referimos a estos actores tildándolos de problemáticos, pero no todos responden al mismo patrón. Así, suelen confundirse trabajadores resabiados, negativos y conflictivos, pues los tres representan algún tipo de resistencia frente a los procesos de desarrollo organizativo, cambio o mejora.

Sin embargo, los resabiados suelen ser profesionales eficientes, mientras que los negativos habitualmente no son especialmente competentes, a lo sumo alcanzan un nivel de desempeño discreto. Pero también los trabajadores conflictivos ejercen de opositores, solo que fingiendo reivindicar derechos o denunciar deficiencias justificadas en el bien común.

Si los resabiados expresan abierta y espontáneamente su desconfianza, denotando cierta dosis de nostalgia, los negativos tiñen sus exposiciones de quejas y los conflictivos se muestran más ladinos, pues aunque los dos últimos se manejan con más soltura en el terreno del rumoreo y ofrecen alguna resistencia a comunicarse abiertamente, en el caso de los conflictivos, cuando se les requiere pronunciamiento, aprovechan la circunstancia para hacer uso del silencio forzado -como expresión de desaprobación-, se hacen de rogar con estudiado gesto –en ocasiones fingiendo humildad en ocultación de su soberbia- y finalmente acceden a responder como quien hace un favor.

Si los efectos causados por los trabajadores negativos son lesivos, pues quienes les conocen ya están cansados de su habitual visión pesimista, las acciones premeditadas de los trabajadores conflictivos resultan letales y causan verdadero daño a la organización, a terceros implicados e incluso a sí mismos. Son sujetos maniobreros, auténticos obstruccionistas. Por lo general son bastante inteligentes, usan el libelo como arma arrojadiza y se suelen atener a pies juntillas a las normas -como si estuvieran en permanente huelga de celo- buscando con ello demostrar que están en posesión de la razón y que la causa de los problemas es siempre externa a ellos.

Contrariamente, los trabajadores resabiados suelen ser profesionales maduros, experimentados y competentes cuyas actitudes se han venido modelando por vivencias que les han terminado por desanimar, transformándoles en personas difíciles. Con la suficiente antigüedad en la empresa como para haber perdido la ilusión; probablemente debido a diferentes vicisitudes que han vivido en propia carne o en piel ajena. Narran una historia de restricciones a iniciativas, prometedores proyectos inconclusos, fracasados o abandonados que defraudaron expectativas. En su particular recapitulación de razones para la incredulidad se encuentran evidencias sobre ineficiencias organizativas, o experiencias de incumplimientos o agravios o arbitrariedades y asuntos de parecida factura que, invariablemente, ponen de manifiesto errores objetivos, lo que les sirve de certeza; una suerte de acontecimientos en los que fechan el origen de su contrariedad. Tal es así que resulta muy difícil inyectarles ilusión, pues perciben con suspicacia todo indicio de cambio que no concuerde con los prejuicios en los que ya se han instalado, clave con la que decodifican el nuevo acontecer.

Tomando medidas

Es obvio que no interesa dejar que estas situaciones se enquisten y queda claro que tampoco conviene contar en el equipo ni con trabajadores negativos ni con trabajadores conflictivos, lo que debe animar a concebir una estrategia de solución de problemas con miras o a recuperar la situación o a formular –llegado el caso- un despido consecuente en un plazo determinado o, incluso, a pactar una salida voluntaria. Pero qué hacemos con los trabajadores resabiados, ¿son recuperables? Mi opinión es que sí, absolutamente. Y merece la pena hacerlo, pues, además de tratarse de sujetos experimentados, competentes y normalmente eficientes, suelen ser profesionales reputados entre sus compañeros, que crean escuela, gozan de influencia y cuyo efecto ejemplarizante tiene tirón. Pero representan un problema para los mandos que se limitan a pedirles confiar y tener paciencia.

Recuperando la ilusión

¿Cuál es entonces la estrategia? Sin lugar a dudas hay una única vía, la de los hechos, la evidencia de las realidades, la absoluta correspondencia entre el hacer y el decir, la demostración empírica de que las cosas han cambiado o están cambiando de verdad, el realismo y la veracidad. Se les tendrá que trasladar un reconocimiento sincero, exento de aspavientos, sin apasionamiento. Con madurez. Hacerles ver que se quiere contar con ellos aprovechando realmente su conocimiento, poniendo su pericia al servicio de la organización. En definitiva, se trata de reintegrarles la ilusión haciéndoles saber que el momento actual en el que nos encontramos es otro y requiere un nuevo enfoque -también por su parte-, lo que se demuestra poniéndoles a la cabeza de un proyecto o delegando en ellos nuevas responsabilidades vinculadas con los procesos de cambio o mejora en los que esté inmersa la empresa.

De no acometerse planes personalizados de recuperación, una parte de la fuga de talento, que aquí se traduce en descapitalización, se ocasiona en la franja de los trabajadores desencantados, ya sea debido a la desvinculación errónea y precipitada, o anticipada, o adornada mediante mecanismos de prejubilación o, también, por la marcha de estos profesionales competentes a los que el desencanto les llevó a forjarse nuevas ilusiones.

Imagen @via, distribuida con licencia Creative Commons BY-SA 2.0

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