Conclusiones: ‘Las redes sociales en el trabajo: ¿una pérdida de productividad?’

Según lo extraído del último debate realizado en este blog sobre el uso de las redes sociales y su impacto en la productividad, parece claro […]

Según lo extraído del último debate realizado en este blog sobre el uso de las redes sociales y su impacto en la productividad, parece claro que cada vez más empresas están sacando provecho del poder de conectividad de los medios sociales para mejorar la productividad, la innovación, la colaboración, la reputación y la implicación de los empleados. Sin embargo, también se suscitan con mayor frecuencia dudas sobre los beneficios reales o los riesgos asociados a su uso o… abuso.

¿Es un problema de baja productividad o de desconocimiento? ¿Cuántos jefes que prohíben su uso saben para qué pueden ser útiles las redes sociales? ¿Se está difuminando la separación entre vida personal y profesional? ¿Hace falta un manual de relación corporativa igual que un manual de identidad o imagen? ¿Son nuestros empleados nuestros mejores embajadores online? ¿Te harías amigo de tu jefe en Facebook?

Para José Miguel Bolívar, abusar de las redes sociales en el trabajo es más un síntoma que una causa, porque “hacer lo que hay que hacer para mejorar la productividad da más trabajo y es menos vistoso que prohibir su uso, aunque realmente no sirva para mucho”. Por otra parte, según asegura Bolívar, la separación entre la vida personal y la profesional se está diluyendo claramente y convirtiendo en una reliquia del pasado. “Igual que te llevas a casa los problemas de la oficina también puedes trasladar al ámbito laboral una discusión familiar”. Como conclusión principal Bolívar añade que la mejor estrategia de las empresas es actuar sobre las causas que provocan el abuso y no prohibir el uso de las redes sociales.

Kevin Sigliano considera que las redes sociales están ligadas a las empresas y, sobre todo, a su cuenta de resultados. Defiende que existe un gran desconocimiento entre los directivos y recomienda que “antes de prohibir o fomentar su uso, se viva la experiencia en primera persona, se experimente con la conversación y la interacción con clientes o empleados” y luego se establezca un código de conducta para el uso de redes sociales “sobre todo cuando se hable en nombre de la empresa”.

Finalmente Francisco Muñoz, director general de Infoempleo, considera que es imprescindible decidir “para qué y por qué queremos estar en redes sociales antes de prohibirlas en las empresas”. Apuesta por la creación de “manuales de relación corporativa” en las organizaciones que aclaren perfectamente donde empieza el perfil profesional y donde acaba el personal. En relación a la búsqueda de empleo, Muñoz considera que es imprescindible tener y gestionar un buen perfil y saber dónde buscar las oportunidades tanto en redes más generalistas como Linkedin como en las numerosas redes verticales que están surgiendo.

Como la infoxicación o la gestión del tiempo, la productividad y las redes sociales se convierten es un debate amplio y en evolución permanente. De cómo lo resolvamos ahora dependerá en gran medida el futuro y la credibilidad de unas herramientas de comunicación, cada vez más estratégicas y más orientadas a conseguir nuevos negocios y beneficios  tangibles. ¿Seremos capaces de alcanzar el equilibrio necesario?

 

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