Cinco usos que tu empresa ya puede dar a la impresión 3D

Reconozco que la cara de escepticismo con que algunos reciben cualquier novedad sobre la tecnología de impresión 3D puede estar justificada. Llevamos desde los años 80 escuchando fabulosas promesas sin […]

Reconozco que la cara de escepticismo con que algunos reciben cualquier novedad sobre la tecnología de impresión 3D puede estar justificada. Llevamos desde los años 80 escuchando fabulosas promesas sin que de momento casi nada haya cambiado en nuestras vidas. Pero ahora todo parece preparado para dar un vuelco. Un vuelco en el que muchos preceptos del diseño y la fabricación van a ponerse patas arriba.

En los últimos años la liberalización de las patentes, en especial de los hasta hace poco claros referentes del sector 3D Systems y Stratasys, ha propiciado el nacimiento de cientos de propuestas de equipos y filamentos. Desde 2014, tanto su precio como la información se han ido democratizando, y hoy es una realidad disponible para todas las empresas con la suficiente inquietud -y visión de futuro- como para investigar qué puede hacer esta tecnología por su empresa.

En esta primera fase parece que ofrece mucho más valor al uso empresarial que al doméstico, por lo que de momento podemos ir olvidándonos de recoger las próximas gafas de sol en la impresora de casa. Una realidad muy diferente de la que se empieza a vivir en muchas organizaciones, donde la impresión 3D y la fabricación aditiva se incorporan a sus procesos de producción.

 

Cómo se utiliza  la impresión 3D

Autonomía es la palabra clave. Estas tecnologías confieren una gran independencia  y libertad al fabricante a la hora de crear, prototipar y producir su oferta. El otro punto clave es la personalización del producto, la impresión 3D tiene como máxima ofrecer exclusividad a cada cliente. Ahorro de costes, menos necesidades de almacenaje (ya que la impresora siempre está lista para funcionar), e impulsar nuevas líneas de negocio son otras de las ventajas, pero veamos qué usos se le están dando.

 

1. Diseño de producto y prototipado. Sobre todo en aquellas empresas donde la evolución del producto es básica para seguir mereciendo el interés del mercado, esta tecnología permite experimentar con formas, colores y materiales con gran rapidez y economía. Convierte en prehistórico el uso de ceras de modelado y en prescindibles los costosos moldes, con lo que la definición del prototipo se aborda de forma mucho más ágil y económica. Un uso de aplicación en negocios muy variados, como un dentista, joyero o diseñador de menaje del hogar. Otra derivada es la aplicación en estudios de arquitectura, donde facilita la creación de la costosas y laboriosas maquetas con unos resultados excelentes.

2. Diseño de herramientas. Ya hemos señalado que la autonomía es una de las grandes ventajas, con esta finalidad también se utiliza para la impresión de herramientas de diseño propio ligadas a los procesos de innovación de la empresa.

3. Ingeniería inversa. Así es como se conoce en el sector la impresión a partir de piezas ya existentes. La copia es una las formas de aprendizaje más habituales, pero además tiene aplicaciones prácticas para la sustitución de piezas rotas en equipos de los que ya no existe repuesto. En otros casos se ha convertido en motor de ideas de negocios innovadores como para algunos mecánicos artesanales, que utilizan esta técnica en la reparación de antiguos modelos de coches o motos y su vuelta a la circulación en el mercado de coleccionismo.

4. Fabricación de producto. Sin duda es el objetivo final de esta tecnología y lo que a muchos les ha llevado a hablar de cuarta revolución industrial. De momento es rentable para producciones de corta tirada, de hasta el millar de unidades, según me han explicado en alguna de las ingenierías especializadas. Su consejo es “reaprender” a diseñar bajo los preceptos de esta nueva tecnología, lo que permite sacar su máximo rendimiento, por ejemplo en términos de personalización del producto. Volviendo al ejemplo de las gafas de sol, hoy es posible hacer una tirada de mil unidades de montura y que cada una de ellas sea diferente jugando con colores, formas o, incluso, grabando el nombre del cliente en su patilla. Para lograrlo, tan solo habría que hacer una programación en el software sin que esa “costumización” extrema repercuta en otros costes de producción.

Aunque en el mercado está probando suerte una legión de makers o hacedores con equipos domésticos o semiprofesionales, el resultado final va a depender mucho de la calidad de la impresión elegida. En estos casos, una buena opción para echar a andar es disponer de equipos más sencillos para el diseño y prototipado y luego subcontratar la producción en la red de grandes impresores. En España ya existen empresas especializadas en fabricación aditiva, si bien descubro con cierta pesadumbre que es habitual que muchas marcas recurran a impresores extranjeros, como Shapeways, de origen holandés pero asentada en Nueva York, y que de momento parece erigirse como uno de los grandes players globales del sector.

5. Como complemento a otros modelos de fabricación. Muchas empresas con técnicas de producción más o menos tradicionales han descubierto en la impresión 3D un buen complemento para dar valor añadido a su producto. Se trata de empresas que recurren a esta tecnología para imprimir solo algunas de las piezas que conforman el producto final, pero que una vez montadas o ensambladas les permite dar un nuevo valor a su producto.

Se trata de una aplicación que explora tanto la pequeña como la gran empresa, por ejemplo, firmas de calzado deportivo globales ofrecen suelas adaptadas a la huella de su usuario o la personalización de los tacos en las botas de fútbol como gancho comercial. En otros casos se emplea para producir las piezas de diseños más ligadas a los gustos de  moda (las que varían en más corto plazo), como hacen algunos fabricantes de bicicletas. En otras ocasiones la justificación es más técnica, no debemos olvidar que la industria aeronáutica y automovilística están a la avanzadilla en el uso de estas tecnologías. Y por algo será.

 

Es el momento de aprender

Nadie duda de que todo está por hacer, pero las empresas que acompañen a esta tecnología en sus primeros pasos serán las primeras en incorporarla con éxito. Conviene iniciar el viaje de la mano de un experto que oriente sobre las tecnologías (extrusión, estereolitografía o sinterizado láser, por ejemplo) y materiales (plástico, aleaciones de metal, cerámico, polvo de yeso, etc.) que mejor se adaptan a cada proyecto. Pero quizá sea demasiada información para un único post. Si os interesa, podemos abordar estos temas en otra ocasión.

 

Foto: Ministerio de Ciencia

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