‘Insurtech’, la evolución del sector asegurador

En artículos anteriores hemos analizado la influencia que están teniendo las tecnologías en sectores tan variados como el fintech o el ecommerce. La creación de […]

En artículos anteriores hemos analizado la influencia que están teniendo las tecnologías en sectores tan variados como el fintech o el ecommerce. La creación de algoritmos que permiten adaptar los productos a las necesidades específicas de cada cliente, basadas en el tratamiento inteligente de los datos personales, ha abierto un nuevo frente en muchos sectores de la economía.

Entre los sectores que pueden ver toda su cadena de valor transformada rápidamente también se encuentra el sector asegurador. Si la tendencia fintech implica la irrupción de las tecnologías disruptivas en la industria financiera, en el caso de la industria aseguradora, esta transformación se ha denominado insurtech.

Como podemos imaginar, el sector asegurador es complejo, ya que tiene una amplia tipología de productos y clientes. Además, está muy regulado y cuenta con procesos generalmente poco ágiles. El incipiente cambio está llegando de la mano de algunas startups que están revolucionando la forma de comercializar los productos y su adaptación a las demandas de los clientes.

En este sentido, el denominado movimiento crowd está impulsando la aparición de nuevos modelos de negocio basados en estrategias on demand.

Las áreas clave de esta renovación se articulan en tres factores, que tendrán que abordarse de forma integrada:

 

1. La distribución

El sector asegurador debe pasar de un modelo offline basado en agentes de captación, comerciales independientes o intermediarios, a un modelo multicanal digital en el que el usuario pueda realizar el mismo proceso, la comparación de precios y la gestión del servicio. Es decir, pasar a una cultura más orientada al cliente y no tanto al producto.

Hay países donde la contratación online de este tipo de productos supone ya el 60% del volumen total de mercado.

Derivado de este cambio, los modelos de negocio que trabajarán en este campo serán formatos tan diversos como: agregadores, plataformas, lead generators, comparadores de precios, agencias de intermediación online, etc.

A nivel internacional, gigantes tecnológicos como Google o Rakuten se han involucrado ya en esta industria a través de alianzas o adquisiciones de startups, y grandes players del sector han anunciado recientemente la creación de aceleradoras de startups que generen tecnologías acordes con el nuevo escenario competitivo.

En España existen también iniciativas estratégicas lideradas por algunas empresas tradicionales que han visto en el cambio digital una oportunidad de adaptación, y por startups que pretenden convertir su tecnología en disruptiva, para cambiar la forma de competir en el sector.

 

2. El cliente

Los consumidores disfrutamos hoy de una amplia conectividad no sólo con otras personas, sino también con multitud de dispositivos. En unos años hablaremos, de forma natural, de coches conectados, casas conectadas, ciudades conectadas, e incluso de “salud conectada”.

No hay duda de que la digitalización está modificando por completo las expectativas de los clientes y las empresas deben comprender estas dinámicas. La transparencia, el pago sólo por lo que se usa o la rapidez en obtener respuestas ante fallos del servicio son factores clave ya en muchos mercados. Y el social media puede ser un excelente vehículo para conocer estos principios.

No será extraño, dentro de unos años, que aparezcan productos realmente diseñados “bajo demanda”. Por eso, la fidelización se torna estratégica en un sector habituado a mantener un tipo de cliente cautivo.

 

3. El análisis de datos

Este entorno abierto y dinámico está generando un ecosistema en el que el small data jugará un papel esencial para maximizar valor. La recogida de datos y la interpretación de las variables que influyen en cada usuario, es decir, el uso inteligente de los datos, permitirá a las empresas identificar patrones de consumo y optimizar sus modelos de negocio, con el fin no sólo de ajustar productos o precios en el mercado, sino también de controlar las potenciales pérdidas, derivadas de la valoración del riesgo en cada caso.

El proceso podría desagregarse en cuatro fases: gestión de datos (recolección de múltiples fuentes), analítica avanzada (empleo de técnicas analíticas para predecir futuros resultados), modelización predictiva (crear modelos estadísticos para anticipar conductas futuras) y toma de decisiones (precios, fraude potencial, retención de clientes, etc.).

Automóviles, casas, salud, vida, algoritmos, inteligencia predictiva, Internet de las Cosas, wearables... Se trata de integrar el producto con la tecnología y los dispositivos para poner en el centro del negocio al cliente. Todo ello, pendiente de que la regulación que rige este sector se adapte, cuanto antes, a los nuevos condicionantes del mercado.

 

Foto: pixabay