Qué es realmente una empresa digital

No paramos de hablar de transformación digital. Y no es para menos, con la mitad de la población conectada a Internet a través del móvil, […]

No paramos de hablar de transformación digital. Y no es para menos, con la mitad de la población conectada a Internet a través del móvil, manteniendo relaciones con profesionales y empresas de la otra punta del mundo, la transformación digital se antoja obligatoria si queremos sobrevivir.

En España nos hemos tomado en serio lo de ser “consumidores digitales”. Somos líderes europeos en penetración de smartphones y en mCommerce. Las empresas quieren ser digitales, de ahí que 9 de cada 10 estén dispuestas a aumentar sus presupuestos en digitalización y 5 de cada 10 a lanzar proyectos de marketing digital.

Pero aún son muchos los negocios que no saben por dónde comenzar su transformación digital. Es lógico, nadie puede acostarse analógico y levantarse en perfecto estado digital. Y aunque pudiera, la forma más inteligente de digitalizarse es hacerlo poco a poco.

Por todo lo anterior, he elaborado esta plantilla, con el ánimo de que sirva de “esqueleto” para un plan de transformación digital.

 

Plan de transformación digital

Quienes trabajamos en innovación hablamos constantemente de empresas que mejoran su productividad incorporando las nuevas aplicaciones digitales, pero no siempre indicamos claramente qué objetivos querían cubrir y cuáles son las herramientas que han necesitado para ello.

Digitalizarse no es otra cosa que apoyarse en la tecnología y en Internet para trabajar mejor y vender más. Es decir, sacar todo el partido a nuestros potentes dispositivos móviles para no perder ninguna oportunidad y estar presente en la Red sacando todo el jugo a las relaciones online para llegar a más clientes.

 

¿Por dónde deben comenzar las empresas su transformación digital?

Por una sencilla reflexión estratégica donde se analice el nivel de digitalización actual como punto de partida para establecer objetivos y prioridades. Un test rápido que permita establecer un plan paso a paso, con dos finalidades:

1.- Para trabajar mejor. Es conveniente chequear qué nivel de competencias digitales y qué herramientas se están empleando. El objetivo es simplificar, ser más rápido y flexible; incorporar la movilidad “inteligente”, que integra dispositivos y comunicaciones para crear un entorno de trabajo más sencillo y mucho más operativo.

Para conseguirlo, debes revisar estos interrogantes:

  • ¿Usas de modo profesional tus dispositivos móviles inteligentes?
  • ¿Tus aplicaciones informáticas y de gestión de presupuestos y facturas son online?
  • ¿Almacenas en la nube toda tu información?
  • ¿Manejas tus canales de comunicación (fijo, móvil, correo electrónico, WhatsApp y videollamadas) de manera integrada y unificada? ¿Tienes agendas y contestadores integrados? ¿Usas algún mecanismo de gestión inteligente de contactos?
  • ¿Mantienes reuniones virtuales y trabajas desde cualquier lugar o te sigues desplazando para todo?

2.- Para poner al cliente en el centro, cediéndole todo el poder. Y hacerlo pasa por implantar medios de relación online, para facilitarles la vida. Hay que anteponer la experiencia del cliente como eje de la venta, incluso por encima del propio producto que ofrecemos. Todas las empresas, por pequeñas que sean, deberán incorporar nuevos canales de atención (correo electrónico, servicios de mensajería instantánea, web, eCommerce…). La clave es hacerlo partiendo de los hábitos del cliente y no desde sus apetencias y posibilidades tecnológicas.

Para lograrlo, debes comprobar estos puntos:

  • ¿Tiene tu negocio página web?
  • ¿Incluyes en ella un blog o algún vídeo de presentación?
  • ¿Permites a tus clientes que se comuniquen contigo desde tu web a través de formularios?
  • ¿Solicitas sus datos de correo y les envías alguna información de interés personalizada o una newsletter de modo periódico?
  • ¿Destacas lo suficiente en Google?
  • ¿Permites la compra o al menos el iniciar una relación comercial a través de tu web?

 

Pero eso no es todo. La seguridad es una pieza clave, ya que a través de los canales digitales se expone información sensible sobre los clientes y sobre el propio negocio. Las empresas deben incorporar nuevas formas de proteger estos datos y también de controlar las ciberamenazas.

El último eje de trabajo es la información. Lo que la digitalización pone encima de la mesa es el poder hacer análisis en tiempo real; abrir la puerta a personalizar el producto y el servicio que ofrecemos a nuestros clientes. El one-to-one ha sido siempre la gran baza de la pequeña empresa, cada negocio deberá analizar cómo puede darle aún mayor dimensión.

 

¿Qué papel juega la tecnología?

La verdadera transformación digital reside en las personas, en entender los cambios, en las expectativas, en las emociones y en las relaciones que trae consigo. La tecnología es solo un facilitador, un flamante automóvil del cual el motor eres tú. Lo que va a diferenciarte no es la tecnología que usas, sino el valor que aportas, la historia que cuentas.

Ser digital no es solo usar WhatsApp con tus clientes, ni tener una web, una página de Facebook o una cuenta de atención al cliente en Twitter. Ser digital es una oportunidad de dar a conocer esa personalidad única que tu empresa tiene. Aprovecha las herramientas, empodérate en la tremenda capacidad de difusión que te da la Red, pero no dejes que la tecnología te vuelva loco y anule tu personalidad.

Y comienza cuanto antes. El I Estudio de Transformación Digital de la Empresa Española, elaborado por Good Rebels, advierte que un 50% de las empresas no están aún preparadas para abordar el proceso de digitalización. Llegar a tiempo es tu gran oportunidad.

 

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