Sin empleo a los 45: cómo venderse en un mercado que te rechaza

Quedarse sin empleo a los 45 años es un revés difícil de superar para muchos. Las condiciones adversas de un mercado en el que tener […]

Quedarse sin empleo a los 45 años es un revés difícil de superar para muchos. Las condiciones adversas de un mercado en el que tener cuarenta años ya no es sinónimo de experiencia y conocimiento, sino solo el equivalente a sueldo elevado, ha hecho que una gran masa de población ampliamente preparada sea una y otra vez rechazada por empleadores a los que solo les importan los números y la búsqueda del “bueno, bonito y barato”, algo que no existe.

Tras ser despedidos, muy pocos de estos profesionales consiguen un empleo similar al que tenían. La mayor parte opta por convertirse en autónomo o freelance (según el informe GEM, el emprendimiento de los mayores de 50 años supera ya al de los jóvenes de 30 años), o aceptar puestos de trabajo mal remunerados, no acordes con su nivel de preparación y experiencia, porque los meses pasan y la liquidación por despido se agota.

Raúl Alonso, periodista freelance, ha pasado por esta situación. En esta entrevista desvela qué posibilidades brinda el mercado y da algunas recomendaciones para seguir adelante.

Coincidiendo con su 44 cumpleaños, la empresa en la que trabajaba cerró, así que tuvo que reinventarse. “Era el año más duro de la crisis, 2012, y las opciones de encontrar un trabajo en una empresa con mi edad rozaban la ciencia ficción. Tuve alguna propuesta de empresas de franquicia, donde era conocido, pero las condiciones implicaban un retroceso salarial de décadas, así que opté por buscarme la vida como freelance. Fue duro, sobre todo mentalmente, tras más de 20 años trabajando por cuenta ajena”, asegura.

 

Los peores enemigos para buscar empleo

Para Raúl Alonso, los peores enemigos a la hora de buscar trabajo son la falta de confianza y la obstinación. “Si no crees en ti y si no buscas y pruebas diferentes soluciones para desbloquear tu situación, corres el riesgo de que el problema se enquiste. Yo pertenezco a la primera oleada de españoles que se formó en la universidad de forma masiva, creímos que con un título bajo el brazo estaba casi todo hecho, y luego llegaron los trompazos. De algún modo, la última crisis está poniendo de relieve contradicciones y deficiencias de una generación bisagra como la mía. El periodismo nunca fue fácil, habíamos trabajado desde muy jóvenes, y muy duro, saltábamos de un trabajo a otro sin ninguna transición en la que parecía una interesante progresión profesional, y a esta circunstancia hay que sumar la revolución digital, que a los nacidos en los sesenta nos suponía un reto que no siempre se vio y valoró a tiempo”.

“Cuando se decide trabajar por cuenta propia –continúa Raúl- no queda otra que dar ese paso con decisión y valentía, pero sobre todo sabiendo bien qué vas a ofrecer. Eso supone un proceso de búsqueda, para determinar tus fortalezas; de formación, para adquirir habilidades; pero además hay que soltar lastre. He visto cómo muchos se empeñaban en dar continuidad a experiencias pasadas, y en mi opinión eso bloquea otras salidas. Es más importante poner en valor todo el saber acumulado y orientarlo hacia donde hay demanda. Y, por último, conseguir visibilidad, no hay que tener miedo a llamar a ninguna puerta en busca de trabajo, y hay que facilitar que encuentren información que hable de ti en la Red, por eso es tan importante trabajar la marca personal”.

Cuando el tiempo pasa y no se encuentra nada, la desesperación se convierte en el peor compañero de viaje. “No me ha hecho falta estar desempleado durante semanas para experimentar ese nudo en el estómago. Pensar, piensas muchas cosas en tan solo 48 horas, pero no puedes entrar en ese dañino túnel, hay que seguir tomando decisiones. En mi caso todo empezó a funcionar con rapidez, creo que porque nunca me quedé quieto: el mismo día que perdí mi empleo vendí mi primer tema a un mensual nacional. Eso me permitió no dejar de publicar en ningún momento, y a partir de ahí seguir trabajando”.

 

La tecnología, un facilitador 

La tecnología y la digitalización son una forma más de aportar valor al mercado en términos de experiencia, conocimiento y oficio, hasta tal punto que se han convertido en un imperativo laboral como el inglés, que sirve más para descartar candidatos que para aceptarlos.

Según Raúl Alonso, “es una torpeza no ser hijo de tu tiempo, y en ese sentido la tecnología nos ha puesto a prueba a muchos. Yo cursé un máster sobre Marketing digital, no porque pensara dedicarme a él profesionalmente, sino porque sentía que estaba perdiendo un tren. La vuelta a la universidad me ha servido para reconciliarme con las nuevas herramientas que como periodista debo utilizar: dan visibilidad, facilitan el acceso a las fuentes, permiten una gestión más rápida…”

“En mi ámbito profesional, hay algunos compañeros que han tenido la habilidad de convertir sus blogs en un medio de vida, son los que han entendido que en los nuevos canales el autor también es protagonista. Es verdad que son muy pocos los que lo consiguen, pero están marcando un camino de independencia muy interesante. En cualquier caso, las cifras son muy duras; según la Asociación de la Prensa de Madrid (APM), el 31,5% de los periodistas autónomos no llegan a cobrar 1.000 euros al mes. A mí el dato me pone los pelos de punta”. 

 

Riesgos y ventajas de ser autónomo 

Los reclutadores valoran la experiencia, pero las empresas no quieren pagar por ella, al menos con una nómina. Buena muestra de ello es el creciente mercado de profesionales freelance que en muchos sectores se está creando, una realidad que ha llegado para quedarse. “Muchas empresas –manifiesta el entrevistado- han descubierto que pueden atraer más innovación y talento trabajando con equipos autónomos a los que ahora confían proyectos estratégicos, y los profesionales que sepan sacar partido a la situación obtendrán ventajas. En mi opinión no es una situación ideal, ya que encubre la desregulación del mercado laboral, pero son lentejas”. 

Entre las principales desventajas del trabajo autónomo destacan “los impagos, la soledad, la dependencia de uno o muy pocos clientes, la calidad del trabajo, la falta de ideas, que se olviden de ti… Miedos y riesgos hay muchos, pero cuando se piensa fríamente no son tan diferentes de los que vive un trabajador por cuenta ajena, e incluso tenemos ventajas, como mayor libertad y autonomía de decisión”.

En la otra cara de la moneda está la conciliación, que mucha gente esgrime como uno de los beneficios de ser autónomo, pero esta afirmación no deja de estar revestida de cierta leyenda urbana. “Para trabajar por cuenta propia se necesita mucha disciplina, también en el terreno del horario. En mi caso lo cumplo a rajatabla, pero como las normas están para romperlas, en algunas ocasiones me lo salto, aunque son las excepciones, de otro modo la vida personal y familiar se resiente, porque al final acabas trabajando a deshoras”.

 

Salario emocional y felicidad en el trabajo 

Los nuevos formatos de contratación y de modelos de trabajo han venido acompañados de alegres términos como salario emocional, motivación y felicidad en el trabajo. En opinión de Raúl Alonso, “el salario emocional impulsa un debate interesante desde el momento en que marca espacios de mejora en la relación empresa-empleado, como la flexibilidad laboral o la conciliación. De momento su impacto es muy residual y solo las grandes organizaciones se plantean de forma seria trabajar con este concepto. Las que intenten cubrir deficiencias salariales por esta vía solo estarán dando muestras de su ingenuidad”. 

En cuanto al concepto de felicidad en el trabajo, “me parece motivador, pero es más realista hablar de bienestar. Antes de ser feliz hay que ser justo, actuar con igualdad de género, dotar de estabilidad y dignidad al puesto de trabajo y, por supuesto, pagar un salario digno. Hay muchas cuestiones que resolver antes de pensar en la felicidad”.