Si no hay evolución digital, habrá revolución

Hace casi un año escribía que antes de transformar empresas hay que formar a las personas para conseguir una buena transformación digital. En mayo de […]

Hace casi un año escribía que antes de transformar empresas hay que formar a las personas para conseguir una buena transformación digital. En mayo de 2016 comentaba en un artículo publicado en este mismo blog que la transformación digital de una compañía no llega de la noche a la mañana. Casi dos años más tarde analizo qué está pasando, y me doy cuenta de que el mundo digital sigue avanzando a un ritmo frenético, con nuevas tendencias que están consiguiendo cambiar nuestra vida cotidiana, con nuevas formas de comunicación y de interacción. Nuevas herramientas tecnológicas que desbancan a las anteriores recién estrenadas. El comercio electrónico sigue creciendo a su ritmo habitual y nacen cada día nuevos proyectos de venta a distancia, algunos disruptivos, otros no tanto.

También llegan nuevas redes sociales para comunicarse con otro tipo de público y el vídeo marketing se convierte en tendencia de todas ellas y nos obliga a incorporarlo en los planes de acción de toda estrategia digital. Y podría seguir escribiendo sobre cómo está evolucionando el sector digital, pero lo que no evoluciona ni cambia son las compañías (no todas). En lo que llevamos de 2018 ya he realizado tres reuniones de trabajo para ayudar a transformar digitalmente a pymes y multinacionales, y después del primer contacto me doy cuenta de que hay mucho trabajo que debemos realizar y  que tengo que invertir mucho tiempo y esfuerzo en convencer de este cambio obligado a los directivos y responsables de la compañía. Este post es para ayudarlos a entender las fases necesarias para evolucionar digitalmente ahora y no tener que revolucionar la compañía cuando ya sea tarde.

El entorno económico que estamos experimentando estos últimos años nos ha empujado a plantearnos, de forma muy seria, la necesidad de emprender nuevos caminos en los negocios. ¿Con qué objetivo?, el adaptarlos de forma adecuada, a las nuevas tendencias en general y en las de consumo, en particular. Realizar cambios profundos dentro de las empresas implica marcar nuevas metas y diseñar planes de acción focalizados a abrir nuevos mercados y acceder a segmentos que hasta ahora no estaban al alcance de los negocios tradicionales, orientados a un ámbito más local.

Emprender en el mundo digital o transformar las formas de trabajar de las empresas, que durante mucho tiempo han sufrido una inercia hasta cierto punto, obsoleta o “poco efectiva”, es una tarea compleja. Requiere seguir una serie de pasos concretos que conducen a la consecución de los objetivos establecidos con garantías de éxito.

Los objetivos, las estrategias y las acciones empresariales se definen a partir de un análisis minucioso del entorno y del sector: mercado, cliente y competencia. Por ello, establecer un buen Plan de Marketing Digital (PdMD), que permita a la empresa crecer y llegar a su público objetivo es muy importante para alcanzar el éxito. Un plan capaz de difundir la marca y posicionarla.

Es un hecho que cualquier empresa que obtiene resultados y funciona, cuenta con un plan de marketing digital a partir del cual determina su planificación estratégica digital. Este plan se concreta en un documento imprescindible para fijar la hoja de ruta que cada compañía debe adaptarse a su realidad particular. Una realidad determinada por el mercado al que se dirige, por el producto o servicio que ofrece, en el espacio virtual desde donde lo hace y los costes económicos asociados a toda la actividad inherente. Nuestra metodología, llamada AEI, parece simple pero para llegar a conseguir resultados necesitamos realizar estas tres fases.

 

1. Fase A (Análisis y diagnóstico)

Engloba la búsqueda de toda la información inicial para desarrollar el proyecto. En primer lugar, se realiza un análisis externo del sector, un estudio DAFO, se analiza a la competencia y se prepara un análisis interno. Seguidamente, se elaborará un informe sobre el diseño y la usabilidad para averiguar cuáles son las plataformas tecnológicas más adecuadas para ofrecer una gestión e integración de los datos del producto. El resultado final será un diagnostico con una definición de objetivos claros y concretos que nos permitan iniciar la fase E.

 

2. Fase E (Estrategia digital y plan de acción)

Contempla la preparación de una hoja de ruta y un plan de marketing digital que incluye un plan de acción para posicionar la plataforma, para conseguir captar y fidelizar al público objetivo, previamente definido. Se definen las estrategias de SEO, campañas SEM, email marketing, afiliación, comparativas, remarketing, Google Shopping, etc.

Se define un plan de marketing social media donde se concretará qué redes sociales se deben trabajar y con qué frecuencia. Se establecerá las acciones de comunicación específicas dirigidas a cada tipo de usuario y los protocolos de crisis.

Un sistema preciso de control de resultados mediante la analítica web y el seguimiento de los mismos, lo que nos permitirá establecer las medidas correctoras que sean necesarias en cada caso. Se puede saber el impacto de la estrategia, qué repercusión ha tenido, en qué sectores y hasta el retorno de la inversión (ROI) gracias a que las acciones de marketing digital son medibles. La información que se obtiene nos permite ajustar, durante el proceso, la estrategia tantas veces como sea necesario para mejorar los resultados, gracias a la flexibilidad de actuación del marketing digital.

 

3. Fase I (Implementación)

Es la implementación, integración y lanzamiento del proyecto, que se coordinará con la programación de herramientas tecnológicas, que nos permitirá trabajar los datos e interactuar con el cliente potencial. La disciplina personal y la formación de las personas responsables de la implementación es una pieza clave. A mi entender, este punto lo tiene que realizar el personal profesional de la misma compañía, y si tendría que estar tutorizado por los especialistas digitales. Será importante seguir la evolución en el tiempo y observar si se cumplen los objetivos marcados en el plan de marketing o si se deben retocar aspectos, redirigir acciones que se estén llevando a cabo y valorar qué implica hacer estos cambios.

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