Por qué me aburro en los foros de empresa

No consigo evitarlo, la sensación de déjà vu se repite en la mayoría de foros de empresa, conferencias y mesas redondas a las que acudo. […]

No consigo evitarlo, la sensación de déjà vu se repite en la mayoría de foros de empresa, conferencias y mesas redondas a las que acudo. Mi apretada agenda me obliga a ser selectivo, pero incluso así en la mayoría de las ocasiones son pocos los ponentes que captan mi interés. Por fortuna siempre hay alguien que rompe con la norma justificando por sí solo el desplazamiento y el tiempo empleado.

Que no se me malinterprete, considero más que oportunos estos escenarios de intercambio de ideas y experiencias entre la comunidad de empresarios y profesionales. Está claro que hoy tenemos casi toda la información en la Red, pero escuchar en voz de sus protagonistas sus reflexiones y analizar el sentir del sector a través de los asistentes, de sus preguntas y comentarios, aporta una información muy valiosa para alguien como yo, obligado a identificar nuevos nichos informativos.

Me interesa también el formato de networking con que en la actualidad estos eventos cada vez más numerosos se desarrollan. Es una suerte que lo hagan conscientes de que además de en los ponentes, el interés se centra en el contacto entre los asistentes.

Hechas las puntualizaciones, insisto, esa sensación de ya escuchado me persigue. De modo especial cuando acudo a eventos de sectores con los que estoy familiarizado, como el inmobiliario o la franquicia: en ambos casos me quedo con la sensación de que están ocurriendo muchas más cosas de las que se habla. Y creo poder afirmar que no soy el único.

 

Razones del desencuentro

Intentando profundizar en mi exposición, me he preguntado cuáles son las razones de este desinterés: identificada la debilidad resulta más fácil ser constructivo. Si bien en esta ocasión me resulta imposible desgranar todas las razones, comparto varios puntos sobre los que me gustaría conocer vuestra opinión:

 

  • Falta de preparación. Quizá el más evidente y dañino de toda la enumeración. Sin paños calientes, son muchas las intervenciones que evidencian que el invitado ha acudido a cubrir expediente, problema que afecta sobre todo a los ejecutivos, muchos de ellos no reconocen como obligada la tarea divulgativa, entendiendo como un mero trámite cada una de estas comparecencias. En mi opinión se equivocan, los negocios son cada vez más participativos y la imagen de su compañía pierde puntos con cada una de sus plúmbeas apariciones. En lugar de identificar esta misión como un ‘marrón’, deberían entenderla como una oportunidad. Y además pensar en formarse o entrenar sus habilidades de oratoria, esenciales para el ejecutivo del siglo XXI.
  • Formatos que no permiten profundizar. Hemos pasado de un extremo a otro. Hace unos años en estos eventos abundaban las conferencias, y pobre del asistente al que le tocaran dos ponentes sin interés en su discurso ni gracia en la exposición. Aprendidos los peligros de estas largas exposiciones, los organizadores decidieron estructurarlos en cortas intervenciones o mesas redondas, tan cortas que apenas permiten profundizar en nada más que el visionado de una sucesión de slides de diseño más o menos afortunado o cuatro intervenciones precipitadas.
  • ‘Vender la moto’. “No sé muy bien porque estoy aquí, porque de lo único que sé es de mi empresa”. Así comenzaba su intervención uno de los ponentes escuchado recientemente, por desgracia el que podía haber sido un recurso estilístico para captar la atención de la sala se confirmó a los pocos minutos: no dejó de ‘vender la moto’ durante toda su exposición. La experiencia propia es muy enriquecedora, pero estos foros no son una cita comercial.
  • Miedo a la polémica. Lo políticamente correcto y el peligroso ‘buenismo’ aconsejan a organización y ponentes no pisar ningún charco. Así descubrimos en más ocasiones de las que gustaría que detrás de los sugerentes títulos que figuran en el programa del evento solo hay decepción: los circunloquios son constantes para no herir ninguna sensibilidad.
  • Excesiva institucionalización. Que asociaciones sectoriales y empresas sean las principales convocantes de estos actos nos lleva al punto anterior: aversión a la polémica. Espero y deseo que las organizaciones independientes que en los últimos años se han incorporado al circuito no hayan nacido con la misma idiosincrasia y fomenten unos eventos donde la crítica y la autocrítica sí tengan cabida.
  • Moderadores no profesionales. En un momento en que la mesa redonda es el formato estrella, el papel del moderador ha ganado importancia. En muchos foros se encarga la tarea a empresarios o profesionales del sector, dando por hecho que el conocimiento sobre la materia será suficiente para que dirijan el encuentro con acierto: un nuevo equívoco. Salvo excepciones, la languidez con que se presenta, pregunta y reparte los tiempos arruina la charla de los más interesantes ponentes: no es fácil aportar valor cuando toca responder a la misma pregunta en el tercer turno. En este punto no puedo dejar de barrer para casa y defender la figura del periodista, no todos, pero muchos de ellos están especialmente capacitados y formados para que esta labor se desempeñe con el ritmo suficiente para captar la atención del auditorio, incluso cuando no acumulan tanto conocimiento específico sobre el sector como un experto.

 

Y es así como la combinación de estos seis factores convierte en horas de barbecho muchas de las mañanas y tardes que los profesionales emplean en asistir a este tipo de eventos. Por cierto, con una preocupante complacencia de todos sus participantes, que una vez aceptado el desinterés busca refugio en las conversaciones de corrillo, renunciando a la que podría ser una experiencia mucho más enriquecedora.

Búsqueda de soluciones imaginativas

Como en tantas otras cosas, hay que reconocer la bisoñez que aún rodea a este tipo de eventos en España. Es cierto que llevamos décadas asistiendo a estos foros, pero tengo la sensación de que solo en los últimos años se está incorporando a verdaderos profesionales a su organización. La propia competencia entre la multitud de convocatorias, va a obligar a esforzarse y buscar soluciones más imaginativas, quien no aporte valor real y un poco de espectáculo desaparecerá.

Y a la profesionalización del sector se suma una nueva generación de empresarios y ejecutivos que sí identifica valor en su presencia en estos foros. Ellos dan hoy forma a sus ideas y saber hacer en los blogs y redes sociales de sus empresas, y pronto serán los protagonistas del evento. Espero que acudan a estas citas con mayor responsabilidad y, aún más importante, con los deberes hechos. En beneficio de todos.