6 buenas actitudes profesionales: ¿cuántas aplicas?

Si tomar la iniciativa y “cambiar de actitud” en la vida profesional o personal es una decisión que depende de cada persona, ¿por qué tan poca […]

Si tomar la iniciativa y “cambiar de actitud” en la vida profesional o personal es una decisión que depende de cada persona, ¿por qué tan poca gente elige tener la “actitud adecuada”?

¿El trabajo es una cuestión de actitudes? ¿Quién podría estar en contra de tener “mejor actitud”? Las personas que se sienten inclinadas o motivadas para comportarse de una forma profesional más efectiva y más valorada socialmente, tienden a criticar a aquellas otras que no sienten esa inclinación.

De igual forma, algunos profesionales que ya cuentan con las habilidades, motivación y experiencia para emprender suelen instar a otros a que “también emprendan”, pero las circunstancias de cada uno son diferentes.

Fumadores que, tras muchos años con el hábito del tabaquismo, finalmente consiguieron dejar de fumar suelen permitirse aconsejar a otros fumadores que su secreto fue “cuestión de voluntad y de actitud”.

Lo que les resulta más difícil de explicar es por qué no demostraron esa actitud antes. No son conscientes de que pequeños o grandes cambios y circunstancias en sus vidas, graduales o puntuales, influyeron también en su comportamiento, motivación y escala de valores.

Acabo de quedarme en paro después de 11 años en la misma empresa. No he fallado en mi trabajo o, por lo menos, ni más ni menos que el resto, pero me ha tocado. En este mes que llevo desempleada la primera conclusión que he sacado es precisamente esa: ¡cada día un objetivo!

Elaborar el currículum, dar el paseo matinal, hacer una lista de mis contactos, escribir mis objetivos, planificar la compra de la semana para reducir el gasto al mínimo… El caso es que me he dado cuenta de que mi actitud cambia si me planteo algo y lo hago. Creo que acción y actitud van unidos.

Este comentario realizado en el artículo La autoayuda no ayuda expresa muy bien que nuestras actitudes son competencias y hábitos, son formas consolidadas de comportarnos de determinadas formas en determinada situaciones.

La “buena actitud” es una consecuencia, no es una causa. Actuar como se debe el tiempo suficiente genera que la actitud y las ganas surjan de forma automática en los contextos apropiados, aunque los demás crean que es producto de una decisión.

¿Existen personas que “eligen” no tener una buena actitud? ¿O es que aún no han tenido las oportunidades o las habilidades para aprenderla y fortalecerla? Y es que la actitud profesional es una competencia.

 

Las buenas actitudes son convenciones sociales

Las buenas actitudes son los tipos de comportamientos valorados por la sociedad, por nuestros contactos o por las empresas como adecuados o eficaces en determinados contextos. Por ejemplo, tendemos a valorar las conductas de toma de iniciativa por encima de los comportamientos o actitudes pasivas o de espera.

Por eso, cuando una persona busca de forma proactiva soluciones a un problema, en lugar de (solo) quejarse sobre la situación, decimos que esa persona “tiene una buena actitud”.

También suelen recibir reconocimiento y son considerados modelos a seguir, aquellos profesionales que toman la iniciativa y proponen mejoras para sus organizaciones o para sus clientes más allá de sus obligaciones o funciones asignadas.

En casi cualquier contexto, también valoramos como buena actitud aquellos tipos de comportamientos que tienen como finalidad el logro o la adaptación. En el lado contrario, si una persona se comporta de una forma poco adaptativa, ineficaz o dependiente, la describiríamos como alguien con mala actitud.

Si a pesar de haber sufrido una pérdida de una persona muy querida, “para no caer en el desánimo”, has decidido continuar con tus hábitos personales y profesionales, como acudir al trabajo, muchas personas te dirán que te has tomado la situación “con filosofía” o con una buena actitud. Pero en realidad lo que quieren decir es que, dadas las circunstancias, estás HACIENDO o comportándote de forma práctica.

Una madre envía a sus tres hijos para que compren una botella de aceite, pero vuelven con la botella rota y solo queda la mitad del aceite.
El primer hijo le dice que se siente muy desgraciado, porque ha perdido la mitad del aceite.
El segundo hijo está contento porque ha salvado la mitad del aceite.
El tercero comprende que se ha salvado una mitad del aceite, pero también se ha perdido la otra mitad y le dice:
— Mamá, voy al mercado y trabajaré muy duro el resto del día limpiando y cargando. Ganaré unas monedas y por la tarde volveré con la botella de aceite llena.

En este relato, el tercer hijo muestra una actitud ejemplar por tomar iniciativa y emprender acciones para afrontar el problema y adaptarse a la situación para maximizar ganancias o minimizar pérdidas, más allá de buenas intenciones declaradas y de análisis más o menos acertados pero pasivos.

 

6 buenas actitudes profesionales

 

1. Acción e iniciativa versus inactividad y espera: “Mejor pedir perdón que pedir permiso”

Tendemos a describir como una actitud adecuada el tomar acción para obtener resultados. Esta inclinación a hacer más que solo a pensar, incluye la búsqueda de alternativas, probar y experimentar para la resolución de un problema o alcanzar un determinado logro.

El término proactividad es un palabro utilizado con frecuencia en el ámbito del management y los RR.HH., pero no deja de ser un sinónimo fashion de iniciativa.

Son valorados los profesionales que toman iniciativa más allá de sus obligaciones formales o contractuales. Una persona proactiva mostraría conductas relacionadas con la prevención, la anticipación, la toma de decisiones y la acción sin esperar a recibir instrucciones e información de los superiores en la escala jerárquica de la organización.

 

2. Aceptación, resistencia y adaptación versus queja y crítica negativa

La aceptación-adaptación es otro tipo de comportamiento muy representativo de una buena actitud, muchas veces llamada también actitud positiva, optimismo y pensamiento positivo.

Las personas que buscan alternativas para superar situaciones adversas, en lugar de mostrarse quejosas y pasivas, son especialmente valoradas social y profesionalmente, tanto que aparentar o mostrar actitud positiva en cualquier situación se ha convertido en la pose por excelencia, una tendencia que culpabiliza y sojuzga a quien no lo hace.

También los comportamientos relacionados con la insistencia y el esfuerzo continuado para enfrentar o superar el fracaso y perseguir logros son considerados como una muy buena actitud: la actitud de no rendirse. Este tipo de conductas de resistencia se viene etiquetando con otro nombre ya muy popular: resiliencia.

 

3. Los buenos comportamientos dependen del contexto

La valoración de un comportamiento como bueno o malo, eficaz o no eficaz, depende del contexto. La tendencia a tomar iniciativa en lugar de esperar es generalmente valorada como positiva, pero en un entorno en el que se tienda al “activismo” extremo o a la sobreactividad, podría considerarse una buena actitud mostrar reflexión y análisis antes de la acción.

Aunque algunas competencias sean valoradas potencialmente como “buena actitud”, importa también ponerlas en juego en el formato y la intensidad adecuadas para cada contexto, como ocurre con las habilidades sociales. Ser una persona divertida e ingeniosa es apreciado cuando no se pasa de graciosa. Y ese límite depende de la compañía y el momento.

Tomar iniciativa para realizar propuestas motu proprio en el trabajo puede considerarse una muestra de profesionalidad y motivación. Pero esta iniciativa, en función de la situación, también podría entenderse como arrogancia y falta de compañerismo si antes no fueron debatidas con el grupo.

 

4. Actitud de “automotivación”

El concepto buena actitud describe con frecuencia a las personas que están motivadas por alcanzar la excelencia en su desempeño profesional, más allá de la obtención de un salario o de los incentivos contractuales relativos a ese desempeño.

Este estilo motivacional los convierte en profesionales que suelen tomar iniciativa más allá de sus obligaciones formales respecto a funciones y dedicación, una actitud mucho mejor valorada por los jefes o clientes de estas personas que por sus compañeros o competidores menos motivados o menos competitivos.

 

5. Actitud de colaboración versus individualismo

También son considerados componentes de una buena actitud los comportamientos que muestran interés por alcanzar objetivos comunes del grupo de trabajo o de la organización, y que dedican esfuerzos y preocupación por el bienestar y las buenas relaciones de compañeros y personas cercanas.

La valoración de esta inclinación ética y colaborativa depende, como ya sabemos, del contexto y del perfil de organización de la que hablemos. Pero de cara a la galería pocos directivos o profesionales no la calificarían como una buena actitud.

 

6. Actitud sociable

La apariencia muchas veces es más que suficiente. Sonreír abre muchas puertas y las mantiene abiertas más tiempo. Esta competencia es una de las llamadas habilidades sociales que forman parte de la buena actitud y que los demás perciben con más facilidad.

Las habilidades sociales más influyentes en las relaciones personales y profesionales cotidianas son, precisamente, la sonrisa, el mantenimiento de conversaciones sin crítica y la capacidad para reconocer, halagar y poner en valor a otras personas.

 

Si quieres mejorar tu actitud, mejora tu comportamiento

¿Cuántas veces nos han dicho o hemos pensado que tenemos que cambiar de actitud? Y posiblemente en muchas de esas ocasiones hayamos estado dispuestos a ese cambio. Pero no resulta fácil.

Parte de esa dificultad para cambiar la actitud proviene de la idea de que podemos modificarla “pensando o creyendo” cuando, en realidad, mejorar la actitud implica mejorar la forma en que actuamos.

Julián siempre se muestra crítico con las propuestas de los compañeros, sin proponérselo, casi de forma automática.
Incluso en las reuniones de “lluvia de ideas” no puede evitar cuestionar las alternativas que aportan sus compañeros a pesar de que sabe que un ‘brainstorming’ quiere potenciar la creatividad y que todo vale, que no hay ideas buenas o malas y que la crítica está ‘prohibida’.
Es un gran profesional pero se ha granjeado una imagen de prepotente y poco colaborador, a pesar de que no lo vea así:
—La intención de mis comentarios no es ofender ni infravalorar a nadie, lo que pretendo es mejorar las propuestas y los proyectos, ¿no se trata de eso?
Cuando su supervisor le insta a que “cambie de actitud”, en realidad  le está pidiendo que cambie su comportamiento, es decir, que reciba las propuestas de sus compañeros como ideas posibles, no como argumentos a refutar.

¿Qué puede HACER Julián antes, durante y tras las reuniones para generar un hábito o actitud positiva de participación?

Podría simplemente plantearse hablar el último, una vez anotadas todas las sugerencias de los compañeros. Hacer esto tras cada reunión hará que sus compañeros le consideren más receptivo y con mejor actitud. Pero en realidad lo que habrá cambiado es su comportamiento.

Hacer es el camino hacia una mejor actitud y, por ejemplo, para generar una ‘actitud emprendedora’, es decir, los comportamientos relacionados con emprender, será útil acudir a eventos de emprendedores, seguir blogs de emprendedores y tomar a emprendedores como modelo profesional.

Tomar iniciativa también es una vía para cambiar la actitud. ‘Ir detrás’ es una actitud dependiente que genera dudas y ansiedad. Los estudiantes que se sientan al final de la sala o del aula tienen menos facilidad para contactar y conectar con los profesores o conferenciantes. El mero hecho de llegar antes y situarse en las primeras finales genera actitudes más proactivas, es decir, comportamientos más productivos y eficaces.

Es más fácil que la vida te cambie la actitud, que la actitud te cambie la vida.

¿Nuestra actitud es causa o consecuencia de cómo organizamos nuestra vida? Si quieres cambiar tu actitud, céntrate en lo que tienes que hacer para generar la actitud que quieres.

Pierde una hora por la mañana y no podrás “encontrarla” el resto del día. ¿No sientes que afrontas con mejor actitud esos fines de semana en que logras levantarte más temprano?

El mero hecho de madrugar te ofrece una perspectiva más productiva de cada día, un gran periodo para trabajar por la mañana y un gran periodo por la tarde-noche para otras actividades complementarias, incluidos los fines de semana. Ese sencillo comportamiento, madrugar, esa buena actitud genera a su vez otras buenas actitudes a lo largo de la jornada.

Si los días laborables te levantas más temprano para hacer deporte o estudiar inglés durante una hora antes de acudir a la oficina, los demás pensarán de ti que tienes una “actitud de mejora profesional”. Pero más que tu actitud, organizar mejor tu vida cotidiana será lo que generará los cambios reales.

No intentes mejorar tu actitud, intenta mejorar tu vida. Y todo lo demás mejorará.

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