Este verano me vengaré del tiempo

Tuve que experimentar dos trascendentales cambios en mi vida personal y laboral para entender que el verdadero significado del tiempo está en su carencia. Desde […]

Tuve que experimentar dos trascendentales cambios en mi vida personal y laboral para entender que el verdadero significado del tiempo está en su carencia. Desde que fui padre y me di de alta como autónomo no quedó otra que asumir la enseñanza ‘tempus fugit’. Y desde que carezco de tan preciado don, cada vez que mi agenda apunta al 1 de agosto un escalofrío me recorre desde el cuero cabelludo a la planta del pie: ¡es el escalofrío de la venganza!

Durante unas semanas dejaré de sentirme como ese niño que corre tras el globo de feria que escapó de sus manos. Durante unos días dejaré de mirar la vida desde el resquicio de la puerta para disfrutar de su interior. Por unas horas seré dueño de las manecillas del reloj… Pero quizá debiera dejar de recrearme en mis vengativas metáforas, al menos para evitar una llamada al orden de los usuarios de una bitácora exigente como la presente: probemos mejor a compartir mis prioridades para este verano: ¿en qué pienso emplear mi tiempo?

 

Vivir el momento

Me niego a seguir siendo multitarea, entre otras cosas porque nunca lo fui. Escuchar la última proeza de mi hijo en Fortnite, mientras confirmo un dato de mi próximo artículo y admiro el buen hacer de Mariano Barroso en El día de mañana siempre me ha conducido a la frustración. Y al “multifracaso”. Este verano disfrutaré de cada tarea que me aguarde, pero en riguroso orden de llegada.

 

Observar rostros

Durante estas semanas cambiaré las pantallas de ordenador, teléfono y tablet por los cristales de mis gafas de sol, la ventanilla del coche y la vidriera del bar. Prometo mirar durante horas la calle y el paisaje, pero sobre todo a las personas. Además, con esa curiosidad novelesca que te lleva a inventarles una nueva identidad, mirar esos rostros que la fortuna diaria te regala siempre es revelador.

 

Escuchar otras vidas

Tan empecinado en ser comprendido que me olvidé de entender. Tan instructivo o más que mirar es escuchar, empezando por los que te rodean, pero también por los que te cruzas en ese banco mirando el mar o en la cola del museo. Este agosto deseo apagar la radio para encender la conversación, la anodina y la trascendental, porque de ambas está hecha la vida.

 

Dejar pasar el tiempo

Claro que viajaré, leeré, escucharé música e incluso me retreparé en alguna silla de cine de verano en una búsqueda estéril de comodidad, actividades que siempre me han acompañado y a las que nunca renunciaré, pero en lo que realmente espero emplear el tiempo este verano es en no hacer nada. Nunca imaginé que recuperar esas perezosas horas de mis veranos infantiles se podría convertir en algo tan placentero.

 

Admirar los grises de la vida

Sí o no, todo o nada, blanco o negro… ¡Qué agotadora imposición para alguien que siempre disfrutó de los grisáceos matices que ofrece la vida!

 

Perder los papeles

“Lo hacemos y ya vemos”. ¿Por qué no?, un hombre serio y responsable como quien escribe puede tomar prestado el grito de guerra que los Javis regalaron a las protagonistas de La llamada para cometer una locura. ¿Por qué no poner a prueba nuestros límites este verano? Atreverse a hacer lo que nunca pensaste puede ser inesperadamente enriquecedor. Y además lo pasarás en grande.

 

Quererme

¿Durante cuánto tiempo podré mirarme al espejo escamoteando mi barriga? No se me ocurre momentazo más veraniego que este tramposo ejercicio en busca de autoestima. Y tú, ¿cuánto hace que no te buscas en el espejo con curiosidad de un adolescente?

 

Querer

Mirar a esas personas que tanto me dan y tanto me aguantan, extender crema por su espalda, acurrucarme junto a ellas y recordarlas cuánto las quiero.

 

Resulta que mi rumiada venganza era tan básica como esta. Quizá la mejor opción al ofensivo paso del tiempo sea ignorarlo: no prestar atención ni valorar en qué lo empleamos, al menos por unos días. ¿Quién sabe?, quizá la mejor manera para llenar todo lo que hemos vaciado durante este largo curso puede ser prestar atención a todas estas pequeñas cosas. Tal vez vengarse del tiempo sea una de las fórmulas para volver con fuerzas renovadas, llenos de ilusión e inspiración, a la cotidianidad.

Lástima, me encantaría recrearme durante unas horas más en este vengativo texto, pero cuando escribo estas líneas el calendario aún marca el mes de julio y no queda otra que seguir el dictado del tiempo. Pero pronto mi venganza tomará forma, e incluso puede que tras el verano pueda establecer un nuevo equilibrio de fuerzas entre mi reloj y mi vida.