Cinco ideas financieras erróneas de los emprendedores

Emprender es un camino a menudo complicado y lleno de obstáculos en el que las dificultades no siempre tienen un origen externo a la empresa. […]

Emprender es un camino a menudo complicado y lleno de obstáculos en el que las dificultades no siempre tienen un origen externo a la empresa. En ocasiones es el propio emprendedor el que, bien por falta de experiencia o de conocimiento, comete errores que pueden afectar a la marcha de su negocio. Ya se sabe que no es lo mismo ser camarero que gestionar un restaurante. En concreto, la parte financiera suele ser foco de errores, precisamente por las dificultades que acarrea para los no expertos en la materia. A continuación, te invito a reflexionar sobre cinco ideas financieras que tienen muchos emprendedores y que me parecen erróneas.

 

1. El área administrativa no es importante 

Hay emprendedores que consideran las funciones administrativas como residuales y, hasta cierto punto, innecesarias para la consecución de sus objetivos. Centrados en la idea de negocio y el desarrollo de mercado, olvidan que una correcta administración puede proporcionarles datos que les faciliten la toma de decisiones. En este sentido, hay ejemplos de empresas que han llegado a fracasar por mostrar una deficiente administración, por no saber dónde están, a pesar de ser rentables en términos económicos. La contabilidad -que es la base de una correcta administración- ha de verse, más allá de que sea una obligación legal, como una herramienta de gestión y análisis, al fin y al cabo su objetivo es producir información sobre la realidad económica de la empresa, y eso es algo que a cualquier emprendedor le debería interesar conocer.

 

2. Tener beneficio es igual a tener caja

La corriente financiera de la empresa (cobros y pagos) proviene de su corriente económica (ingresos y gastos), pero tiene diferente dimensión temporal. Un ingreso por una venta del bien o servicio, puede no cobrarse hasta el ejercicio siguiente o resultar impagado. Esto puede llevar a que el negocio, en un momento determinado, tenga beneficio (ingresos mayores a gastos), pero no caja (cobros mayores a pagos). Fundamentalmente las startups deben concentrarse en generar caja para sobrevivir, la liquidez es a la empresa lo que la sangre a los seres humanos.

 

3. Todo lo vendido se cobrará en el plazo previsto

Uno de los errores que suelo observar en los planes de negocio es considerar que todas las ventas planificadas se cobrarán en los plazos previstos de antemano. Siempre pongo el mismo ejemplo, si los bancos que destinan muchos recursos a la gestión del riesgo de crédito comercial tienen morosidad (hasta no hace tanto tiempo inclusive por encima del diez por ciento), lo lógico es pensar que una startup que se está abriendo paso en el mercado también los tenga. Para analizar bien este tema, es importante conocer los hábitos de pago del sector y, por supuesto, realizar gestión del riesgo de crédito comercial para intentar minimizar la probabilidad de impago.

 

4. Ingresos y gastos son igual de probables

Cuando se inicia un negocio, lo que es seguro es que empezará a generar gastos (y pagos). Nada más arrancar se pueden tener que afrontar el gasto por alquiler de un local, los suministros recurrentes como la luz o el teléfono, las cuotas de una gestoría o los gastos de seguridad social, sin todavía haber generado ningún ingreso. Estos pueden tardar en aparecer meses y los beneficios incluso hasta años. Por tanto, hay que tener muy presente que siempre será más fácil prever la evolución y cuantía de los gastos que de los ingresos.

 

5. El sueldo que debo asignarme ha de ser elevado 

En ocasiones los fundadores de un negocio se asignan a sí mismos sueldos elevados que les permitan gozar de un nivel de vida similar al que, por ejemplo, tenían cuando trabajaban por cuenta ajena. Es este un tema sensible en el que no se debe perder de vista la perspectiva de que ser emprendedor supone arriesgar, y que un sueldo elevado se podrá cobrar siempre y cuando el negocio dé para ello. Al principio, lo normal es que deba cobrarse por debajo de las expectativas, con la idea de recuperarlo a la larga cuando la empresa demuestre viabilidad y rentabilidad, momento en el cual no solo se podrá hablar de mayor sueldo, sino también y principalmente de revalorización de la compañía.

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