¿Estás quemado? Los peligros del síndrome de desgaste o ‘burnout’

Cuando llega el verano, pocos pueden evitar cierta flojera laboral. Por fortuna, la promesa de unos días de reposo actúa de aliciente para resolver de […]

Cuando llega el verano, pocos pueden evitar cierta flojera laboral. Por fortuna, la promesa de unos días de reposo actúa de aliciente para resolver de buen grado estas últimas semanas. Pero hay un creciente número de profesionales que no encuentra alivio, son los afectados por el síndrome burnout. Se trata de una tipología de estrés provocada por el desgaste laboral. El objetivo es aprender a identificarlo para prevenirlo, ya que puede tener consecuencias como el absentismo o la depresión.

 

Qué es el burnout

“No estoy deprimido, es que no puedo trabajar”, verbalizan los afectados por el síndrome de degaste. En el Manual para la gestión de los riesgos psicosociales en la empresa, editado por Fremap, se define como “respuesta al estrés laboral crónico, integrado por actitudes y sentimientos negativos hacia las personas con las que se trabaja y hacia el propio rol profesional, así como por la vivencia de encontrarse emocionalmente agotado”.

Se identificó por primera vez en Estados Unidos a finales de los años 60 entre policías especializados en delincuencia juvenil. Ya durante la década de los 70, Herbert J. Freudenberger incorporó la denominación Burnout a la psicología laboral, tras observar la ansiedad y pérdida de energía y motivación de unos compañeros que trabajaban con colectivos de toxicómanos. Por estos orígenes, el síndrome de desgaste se relaciona tradicionalmente con profesionales que se encuentran en contacto directo con sus usuarios, sanidad y educación principalmente, si bien cada vez más se reconoce en otros perfiles, entre ellos los de mayor trato con los clientes, como los profesionales de la venta o de atención al cliente.

A falta de que la estadística clínica ponga en cifras la dimensión de este síndrome, conviene recordar la temible dimensión de la depresión, una de las principales dolencias en la que deriva cualquier tipología de estrés: casi dos millones y medio de españoles lo sufrieron en 2015 (el 5,2% de la población), según datos de la Organización Mundial de la Salud (OMS).

 

Cómo se manifiesta el burnout

Las personas idealistas, con alta dedicación al trabajo y además ansiosas y autoexigentes, están más predispuestas a sufrir el síndrome de estar quemado. Los expertos identifican también vulnerabilidad en las personalidades con sensibilidad emocional alta. La psicóloga Christina Maslach, profesora de la Universidad de California en Berkeley, ha resumido en tres ejes las características de este síndrome:

    • Cansancio emocional y físico. Agotamiento frente al trabajo y profunda desmotivación al abordar las tareas, para las que además se requiere un mayor consumo de energía. El psicólogo colombiano Felipe Alejandro Lopera habla de anhedonia: “Incapacidad para sentir placer con lo que se hace”.
    • Despersonalización de la relación. Cambia la relación con los demás, que se vuelve más fría y deshumanizada, prevaleciendo la respuesta negativa. Se tiende a cosificar a los compañeros y clientes liberándose de cualquier consideración humana.
    • Falta de realización personal. Hay una constante minusvaloración de la valía profesional, se siente que no llega, que falta el conocimiento o las habilidades para atender sus obligaciones. Una sensación que además genera el bloqueo de perspectiva futura, se considera cerrada cualquier posibilidad de progreso.

Diferencias entre estrés y burnout

Desde el punto de vista de los síntomas, los afectados manifiestan problemas emocionales como irritabilidad, ansiedad, aburrimiento, dificultades de sociabilidad en el entorno laboral y personal y, finalmente, depresión. Además pueden psicomatizar fatiga crónica, dolor de cabeza, insomnio, úlceras gastrointestinales o pérdidas de peso sin explicación. Experimentan cambios en su conducta como llanto inespecífico, baja o poca concentración, elevada irritación en su conversación, absentismo laboral y predisposición al consumo incontrolado de café, tabaco, alcohol o fármacos y drogas.

Aunque es una descripción sintomática muy similar al de un cuadro de estrés, hay diferencias. Seis de las principales las señala Fremap en la citada publicación:

  • Frente a la sobreimplicación en los problemas propios del estrés, el afectado por el síndrome burnout experimenta falta de implicación y desvinculación.
  • Frente a la hiperactividad emocional, experimenta embotamiento emocional.
  • Frente al daño fisiológico primario, daño emocional primario.
  • Frente al agotamiento o falta de energía física, agotamiento para la motivación y carencia de energía psíquica.
  • Frente a la depresión como síntoma para mantener la energía física, depresión por pérdida de ideales de referencia (tristeza).
  • Frente la posibilidad de canalizar el estrés en efectos como la motivación o la superación (lo que se denomina eustrés o estrés positivo), el síndrome del quemado solo produce efectos negativos.

 

Cómo prevenir el burnout

La buena noticia es que podemos aprender a prevenirlo. Esta afirmación debe ser leída con la cautela propia de todos aquellos temas relativos a la salud, ya que en sus manifestaciones más agudas precisa la intervención de un especialista.

En su intervención en un congreso de enfermería en su Colombia natal, el psicólogo Felipe Alejandro Lopera dio algunas pistas sobre la prevención del burnout:

  • Eliminar conductas que facilitan el estrés. En buena medida, el estrés profesional llega cuando al individuo se le acaban los recursos para afrontar un reto o tarea. Por ello, el consejo es entrenarse en dinámicas de resolución de problemas. Hay que ejercitarse en técnicas de asertividad y gestión del tiempo, aprender a priorizar o gestionar el no, etc.
  • Marcarse objetivos reales. Si se establecen metas que sobrepasan nuestra capacidad, se alimenta la frustración.
  • Aprender a desconectar del trabajo cuando finaliza la jornada laboral. Una problemática muy habitual en el entorno del autónomo.
  • Realizar pequeños descansos durante el trabajo. Lopera insiste en la importancia de parar apenas cinco minutos para hacer algún estiramiento o abandonar el centro de trabajo. Una pausa activa que no solo debe entender la empresa, sino favorecer para contribuir al bienestar de sus empleados.
  • Fortalecer los vínculos entre los grupos de trabajo. Continuando con las acciones que la propia organización puede promover para combatir el burnout, también está la de facilitar el intercambio de información y la colaboración entre los equipos y las personas para evitar su aislamiento.
  • Favorecer las relaciones personales. No limitar el contacto entre las personas al ámbito estrictamente profesional genera vínculos y conexiones que favorecen entornos de trabajo más humanos.
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