Razones para vender una empresa

Para un empresario que con mucho esfuerzo y dedicación ha logrado sacar adelante un negocio, no suele ser sencillo tomar la decisión de vender su […]

Para un empresario que con mucho esfuerzo y dedicación ha logrado sacar adelante un negocio, no suele ser sencillo tomar la decisión de vender su empresa. No obstante, hay distintas razones que, en función de la coyuntura por la que atraviesa el propio empresario o el mercado en el que compite, pueden motivar que la venta sea una opción interesante, y en ocasiones hasta necesaria.

 

Falta de viabilidad económica y financiera

Uno de los principales motivos que pueden llevar a tomar la decisión de venta es el de acumular resultados negativos que lleguen a consumir los fondos propios (capital y reservas), con deudas cuyo pago no se puede afrontar ni refinanciar y sin posibilidades ciertas de remontar la situación. Evidentemente, en esta situación la venta no podrá realizarse en las mejores condiciones, siendo para el empresario vendedor un mal menor si es que llega a materializarse.

 

Ausencia de sucesores

Hay un dicho popular en el mundo de los negocios que señala que la primera generación de una familia funda una empresa, la segunda consigue que crezca y la tercera echa a perder el negocio. Pues bien, en el entorno de empresas familiares en ocasiones no ocurre ni eso, el emprendedor fundador que inició el negocio no tiene a nadie entre sus sucesores que quiera o pueda continuarlo y se ve obligado a vender la empresa. La continuidad del proyecto empresarial precisa de integrantes de la familia que estén bien preparados, muestren su compromiso con el negocio, y asuman responsabilidades y riesgos que muchos no están dispuestos a hacer frente.

 

Conflicto entre los socios

Problemas surgidos entre los socios o accionistas pueden comprometer la marcha de una compañía, especialmente en empresas donde el capital se halla muy concentrado en un número reducido de socios, y desembocar en la venta de la empresa a terceros. El sentido común podría indicar que las desavenencias solo ocurren en momentos de crisis, pero lo cierto es que también se dan cuando las empresas marchan bien, pudiendo afectar muy negativamente a su viabilidad futura. En estas circunstancias, la decisión que puede llevar al consenso y que más puede desbloquear la situación de conflicto es la de vender total o parcialmente la compañía a terceros.

 

Oferta irrechazable

Al empresario también le puede ocurrir aquello que decía el personaje de Vito Corleone, interpretado magistralmente por Marlon Brando en El Padrino, de “le haré una oferta que no podrá rechazar”. El empresario puede recibir una oferta de compra en un momento en el que considere que ha conseguido maximizar el valor de su empresa y decidir aceptarla. De hecho, para muchos emprendedores, sobre todo los que comulgan más con una forma de pensar en los negocios anglosajona, es un claro objetivo a lograr: revender la empresa a un precio elevado y si es posible en un plazo de tiempo relativamente corto. En cambio, desde la mentalidad latina, donde se suele conceder más valor a todo lo que se relaciona con la propiedad de las cosas, vender “tu negocio”, el que has logrado levantar desde cero, es una decisión más difícil de tomar. Aunque como reza el dicho popular “todo en la vida tiene un precio”.

 

Cambios tecnológicos

En un momento en el que la tecnología es la gran protagonista y el motor de la economía mundial, hay negocios que sienten que se han quedado obsoletos para poder competir, que van perdiendo cuota de mercado, y que precisan unas inversiones en recursos que mejoren sus procesos, bienes o servicios, las cuales no están dispuestos a asumir o no pueden afrontar, por lo que se plantean la venta.

 

Miedo a pegar el salto

Por último, hay ocasiones en las que la empresa adquiere tal dimensión debido a su crecimiento, que el equipo fundador no se siente cómodo con la situación ni capaz de gestionarla adecuadamente, por lo que decide venderla. Ocurre cuando una pequeña o mediana empresa llega a los volúmenes de facturación, balance y número de empleados que definen a una gran empresa y necesita una complejidad organizativa y de asignación de recursos que escapa de la mentalidad de un pequeño empresario.