Trabajar por dinero y sólo por dinero

Nunca antes la humanidad ha tenido un mejor nivel de vida en términos globales, por supuesto hay regiones que padecen gravísimos problemas, pero teniendo en […]

Nunca antes la humanidad ha tenido un mejor nivel de vida en términos globales, por supuesto hay regiones que padecen gravísimos problemas, pero teniendo en cuenta las dificultades que tenía el ser humano en los primeros miles de años desde su aparición, pasando por el reciente siglo XX, es un hecho objetivo que la situación de hoy y concretamente en la vieja y desdentada Europa, es mejor que nunca. Menos conflictos bélicos, mayor nivel de vida y, por consiguiente, unas aspiraciones e inquietudes muy distintas a cuando teníamos que preocuparnos simplemente por sobrevivir.

Vivimos buenos tiempos, pero también tiempos confusos. Creo que uno puede sentirse muy afortunado si logra encontrar un empleo en el que pueda tener cierta autonomía, llegar a dominarlo y sentirse identificado con un propósito asociado a ese trabajo. Por otra parte, vivimos inundados de charlas TED sobre cómo trabajar más feliz, libros de autoayuda, liderazgo y todo tipo de temáticas para que uno trabaje duro y motivado. Pero qué ocurre con las personas que no sienten eso por su empleo, que no consiguen sentir ese vínculo con su trabajo y no hacen realidad esa cursilada tantas veces repetida: “consigue un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar el resto de tu vida”.

Al primer signo de juego o de truco en una narración, sea trivial o elaborado, cierro el libro. Raymond Carver.

Las entrevistas de trabajo se han convertido hoy en una búsqueda de personas que sienten pasión por lo que hacen. Hemos perdido el respeto por lo que siempre ha sido el trabajo. Nuestros antepasados recientes tomaban el trabajo en gran medida como un sacrificio que había que hacer para lograr sobrevivir. Uno trabajaba para ganar dinero, ni más ni menos. Y con ese dinero conseguía comida, vivienda y una cierta comodidad en la vida. Yo soy defensor de tener un empleo con el que te sientas identificado y te proporcione momentos agradables. Pero también creo que hemos llegado a una situación de falta de respeto por aquellos que solamente trabajan por dinero, y que si no lo necesitaran para sobrevivir, no trabajarían.

Lo que nos gusta pensar sobre nosotros mismos y lo que realmente somos raramente tienen mucho en común. Stephen King.

Es frecuente que los reclutadores hagan preguntas tan cínicas como: “¿Por qué quieres trabajar con nosotros?”, que uno se siente obligado a contestar de forma inspiradora, cuando en muchas ocasiones la respuesta honesta sería: “porque espero cobrar un dinero a final de mes que me permita comprar comida, pagar el piso y tener algunas comodidades adicionales, a cambio de eso dispondréis de mi tiempo y energía durante el horario laboral”.

El modelo de trabajador al que le gusta lo que hace o gran parte de lo que hace es evidente que es deseable. Pero con el paso de los años me he dado cuenta de que el modelo predominante en la época de nuestros padres o abuelos, que era trabajar para llevar dinero a casa y que tu familia tuviese techo, comida y vacaciones en verano si era posible, es ahora un modelo del que nadie habla e incluso es rechazado. Todo el mundo aspira a sentirse o a contratar a Steve Jobs, el lobo de Wall Street, Linus Torvalds o cualquier tipo que crea que va a cambiar el mundo, y si no te sientes así, entonces no te quieren en su empresa.

Una persona honesta y responsable que afronte su trabajo con voluntad, aunque no esté entregado a ello y que tenga en su vida otras pasiones muy distintas a su empleo y que son las que de verdad le hacen sentirse en un estado superior, como pueda ser jugar al ajedrez, pintar cuadros, navegar en barco o simplemente criar a sus hijos y pasar con ellos el mayor tiempo posible. Esa persona es hoy indeseable en un proceso de selección. Parece que tienes que sentirte enamorado de la empresa, cuando por otra parte lo único que puedes sentir por cualquier empresa -a poco que tengas bien amueblada la cabeza- es respeto en el mejor de los casos y conseguir establecer una simbiosis sana y duradera.

A la vez que hemos ido aprendiendo sobre lo que es la motivación en el trabajo hemos ido olvidando las bondades de una persona honrada y con voluntad que sólo quiere trabajar para llevar dinero a casa. Y que lo hace con todo su esfuerzo para que no le despidan. En nombre de esas personas me gustaría que se considerase el ahorrarnos esos estúpidos ejercicios de evangelización y creación de espíritu de equipo que, en muchas ocasiones, parecen diseñados para eliminar las barreras no sólo de comunicación entre las personas, lo cual está muy bien, sino que además parecen ir justamente contra esas personas, los profesionales que no están dispuestos a participar en actividades fuera del entorno laboral con compañeros de trabajo para conseguir mejorar el clima laboral y que al final el bonus asociado a ese clima lo cobre el directivo de turno.

Creo que tener un poco más de respeto por ese trabajador, con el carácter del entrenador de boxeo en Million Dollar Baby, no nos vendría mal en estos tiempos donde parece que si no sonríes y tienes buen rollo con todo el mundo no eres válido. Tengamos más respeto por las personas que creen que el trabajo es sólo un mal necesario, que lo aceptan y lo cumplen con responsabilidad para poder sobrevivir y disfrutar de una vida digna; a lo mejor así nos iría un poco mejor.

Entre el privarle a un hombre de una hora de su vida y privarle de su vida existe tan sólo una diferencia de magnitud. En ambos casos usamos la violencia contra él, consumimos su energía. Elaborados eufemismos pueden disimular nuestra intención de matar, pero tras todo uso del poder contra otro la última premisa es la misma: me alimento de vuestra energía. Dune (Frank Herbert).

 

Foto: Gonzalo Iza

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