La innovación según Clayton M. Christensen

Un evento del que aprender mucho Hace un par de semanas tuve la suerte de participar como ponente en el VI Foro de Competitividad de […]

Un evento del que aprender mucho

Hace un par de semanas tuve la suerte de participar como ponente en el VI Foro de Competitividad de las Américas, en Cali (Colombia), junto a ponentes de primer orden como Sir Ken Robinson (UK), Dan Restrepo (EUA), Vijay Govindarajan (India) y Clayton M. Christensen (EUA). Fue un evento extraordinario enfocado a la innovación como motor del desarrollo y la competitividad, y es muy remarcable el esfuerzo y la decisión de los estamentos colombianos por impulsar esta cuestión. No es extraño que quien me invitara a participar fuera iNNpulsa Colombia, una agencia del gobierno colombiano para la innovación.

No puedo resumir en un solo post todo lo que allí se dijo en los tres días que duró el foro, pero al menos me gustaría comentar una parte de la intervención de Clayton M. Christensen, profesor de Administración de Empresas en Harvard Business School, por lo iluminador de su planteamiento.

Tres tipos de innovación

Hay muchos ejes y prismas para hablar de innovación, porque hay muchos tipos de innovación: abierta, cruzada, acumulativa, radical… Sin embargo, el planteamiento que el profesor Christensen compartió con nosotros hablaba sólo de tres:

  1. Innovación disruptiva.
  2. Innovación de mantenimiento.
  3. Innovación de eficiencia.

Lo interesante del planteamiento es la visión panorámica que ofreció, relacionando cada una de estas innovaciones con dos variables: los puestos de trabajo y el uso del capital.

Así, la innovación disruptiva genera cambios revolucionarios, crea nuevos puestos de trabajo y, a cambio, lógicamente consume capital, pues demanda inversiones para aprovechar las nuevas ideas o tecnologías desarrolladas.

En la innovación de eficiencia, el objetivo no es revolucionar nada, ni crear nada nuevo, sino aportar una mejora en la eficiencia de los procesos. Suele ser una innovación que elimina puestos de trabajo y a la vez genera nuevo capital derivado del ahorro conseguido. Este tipo de innovación es la pesadilla de los sindicatos obreros, pues es la que conlleva que “lo que antes hacían cinco personas, ahora lo hace una máquina”.

La innovación de mantenimiento, por otro lado, está orientada a la mejora continua suave y a la actualización. Son pequeñas innovaciones que no consumen capital ni tampoco crean ni destruyen puestos de trabajo. Es, por lo tanto, una innovación neutra y sin efectos reseñables.

Las innovaciones puestas en un entorno dinámico

El profesor Clayton fue más allá de la categorización de estas innovaciones, que de por sí ya había sido muy clarificadora, y elaboró la relación habitual de las tres.

Todo comienza con una innovación disruptiva, algo que sacude los cimientos de un sector productivo y lo obliga a reformularse. Aparece el capital que apuesta por la innovación y asume los riesgos inherentes, se generan puestos de trabajo, empresas, actividad económica… Al cabo del tiempo aquella innovación disruptiva ha generado toda una órbita de actividad empresarial y entonces llega el momento de la innovación de mantenimiento, pensada para mantener la rueda girando, para ajustar la nueva maquinaria y llevarla a un equilibrio.

Pero tras el equilibrio llegará el momento de pensar en reducir costes, en maximizar el rendimiento de la maquinaria generada, y entonces el tablero está dispuesto para que actúe la innovación de eficiencia, pensada precisamente para sacar el máximo partido económico de todo lo construido gracias a la innovación disruptiva del inicio, y que ha logrado superar las turbulencias y llegado a un equilibrio a través de la innovación de mantenimiento. En este momento es cuando se crea nuevo capital y se eliminan puestos de trabajo. Y así de sencilla y evidente es la rueda que crea y destruye empleo y capital y cuyo motor es ni más ni menos que la innovación.

¿Dónde estamos nosotros en cuanto a innovación?

Como siempre, los mapas y las brújulas nos ayudan a llevar a buen puerto nuestro viaje. Planteamientos tan iluminadores como el del profesor Christensen nos ayudan a tomar consciencia de dónde estamos, y no hay nada más útil que la autoconsciencia para saber adónde queremos ir y qué debemos hacer a continuación. En un momento en el que todo el mundo habla de innovación, Christensen nos ofrece una visión de conjunto aparentemente simplista, pero no por ello menos inspiradora. Y eso merece nuestro respeto y agradecimiento.

Foto @Verino77, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

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