Una nueva raza de empresa

Estamos viviendo una época tremendamente complicada para pymes y grandes empresas por igual, en la que los paradigmas que se consideraban ciertos están cayendo uno […]

Estamos viviendo una época tremendamente complicada para pymes y grandes empresas por igual, en la que los paradigmas que se consideraban ciertos están cayendo uno tras otro, y en el que el modelo de gestión empresarial considerado como estándar de facto está en cuestión. En este entorno está surgiendo un nuevo tipo de empresas, que no tiene miedo a desafiar el status quo y redefinir su estrategia, forma de entender el mercado o su gestión interna.

Son empresas que han tenido que redefinirse, consecuencia de la caída de la demanda, la presión en costes o la velocidad a la que se mueve el mercado, con el fin de aumentar su competitividad. Con estos condicionantes se han dado cuenta que, o daban un golpe de timón a su estrategia competitiva, o en poco tiempo su futuro se verían amenazadas. Para ello han debido realizar múltiples cambios en su forma de entender su propia empresa, el mercado o su gestión.

“Si los cambios fuera de la empresa suceden más rápido que los cambios dentro, el fin está cerca” – Jack Welch.

  • Transparencia y apertura: cada día el cliente busca más empresas abiertas y más humanas, que resulten cercanas y transparentes, por lo que se vuelve necesario transmitir la realidad de la empresa: en qué está trabajando, qué ideas tiene para el futuro e incluso cómo piensa afrontar la incertidumbre que todas las empresas están sufriendo. No se trata de revelar “la fórmula de la Coca-Cola”, pero sí de abrirse al exterior.
  • Colaboración: De la mano del punto anterior surge de forma natural la necesidad de colabora, ya que la época en la que todo lo necesario para alcanzar el éxito estaba dentro de los muros de la empresa ya hace tiempo que pasó. Debemos establecer vínculos de colaboración con los distintos actores que pueden aportar valor a nuestra empresa.
  • Jerarquías más planas: Lo que sucede fuera de la empresa debe tener un reflejo tras sus fronteras. Excepto en contados casos (muy escasos) de empresas donde el trabajador lo único que aporta son sus manos, la realidad es que hoy el talento es uno de nuestros diferenciales competitivos, por lo que debemos dejarlo crecer, asumir responsabilidades y dar lo mejor de sí mismo. En este escenario, no son necesarios tantos escalones, y además el papel de los mandos debería pasar de “jefe” a “líder” facilitador.
  • Tolerancia al fracaso: Si hay algo que inhibe la innovación en la empresa es el miedo a equivocarse, cosa que debemos eliminar. No se trata de que los errores sean buenos, ni mucho menos, pero sí debemos cultivar una mentalidad de “atreverse” a probar cosas nuevas, pero siempre en entornos controlados y monitorizados (por ejemplo, hacer las pruebas con una pequeña muestra de clientes, etc.). Si es aceptable equivocarse, esa tendencia de la que nos quejamos amargamente (“aquí nadie propone ideas”) se invertirá en un corto plazo.
  • Estructuras ligeras y ágiles: De forma similar a lo que sucedía con las jerarquías, si queremos ser capaces de hacer que nuestra empresa sea más ágil y, sobre todo, tenga capacidad de adaptarse a los cambios del mercado, debemos intentar eliminar todo atisbo de estructuras pesadas y monolíticas, y adoptar la mentalidad de la startup, focalizando esfuerzos y estructura únicamente en lo que realmente nos hace especiales.
  • Productividad y no horas: Si hay un cambio que puede tener un impacto en la capacidad productiva de la empresa es cambiar las horas por los objetivos. Realmente lo que nuestra empresa quiere es servir mejor a más clientes con los que ganar más dinero, y no tener a sus empleados trabajando mínimo 8 horas. Si cambiamos como unidad de medida las horas trabajadas (es más fácil de controlar, aunque no sirva para nada) por los objetivos (ir fijando objetivos a corto plazo para cada empleado y, si los acaba antes, pues estupendo) la productividad, calidad del trabajo y satisfacción final del cliente aumentará (ya que un empleado feliz es un empleado productivo).
  • Largo plazo y global: Posiblemente la más obvia como concepto y la más difícil de cuantificar. Creo que resulta obvio que en la época de bonanza nos hemos dedicado únicamente a ver cómo explotar nuestro negocio a corto plazo, sin pensar en las consecuencias a largo. A partir de ahora nos tenemos que plantear el potencial impacto de las decisiones a medio/largo plazo, quitarnos la boina que nos ha impedido ver más allá de nuestro terruño (normal por otra parte, ya que en él florecía una abundante cosecha) y pensar en global.
  • Valiente e innovadora: Muchas empresas españolas sufren de un curioso síndrome de inferioridad, de mentalidad de follower, y plantean su estrategia en función de lo que hacen los grandes competidores, en lugar de buscar su propio nicho, lo que se traduce en que acaban compitiendo con las reglas del líder de mercado, lo que en la práctica es un suicidio. Debemos buscar nuestro propio espacio, atrevernos a innovar y explorar vías diferentes a las de la competencia, con más recursos y en una situación mejor. Yo siempre digo:

No intentes ser mejor que tu competencia, trata de ser diferente.

Foto: ©  alancleaver, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0.

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