Carrera y Carrera: más que joyeros

Tengo una vinculación más que personal hacia esta empresa. No sólo por el caso de estudio realizado para IE Business School, sino también por motivos […]

Tengo una vinculación más que personal hacia esta empresa. No sólo por el caso de estudio realizado para IE Business School, sino también por motivos personales. Algunos me los reservo. Otros que puedo compartir incluyen mis primeros viajes a Madrid, a visitar a mi familia, y la visión de un edificio de corte clásico y antiguo en la entrada por la carretera Nacional I, a la altura del kilómetro 33. La intriga sobre el mismo se resolvió años después.

Hoy podemos encontrarnos también con Carrera y Carrera en la famosa Milla de Oro Madrileña, o en países de todo el mundo. Sin embargo, y como rezaba, de manera intrigante para mí, la leyenda del edificio de la firma, todo comenzó el año 1885.

En aquella época el mundo estaba en plena ebullición y cambio. España, Europa y la ciudad de Madrid. En esta época de aparición de una clase media con un poder económico creciente, gracias a las fábricas y la nueva industrialización, el mundo del lujo era un indicador más de este efecto: el auge de una sociedad moderna e industrial.

Por supuesto, tenemos un emprendedor, que seguramente no se imaginaba dónde estaría su creación 120 años después. José Esteban Carrera abría un pequeño taller artesano. De los diversos servicios que ofrecía, con el tiempo la fama le llega por la talla de piedras preciosas. El negocio pasará de padres a hijos sin problemas y es la tercera generación la que crea la marca Carrera y Carrera que conocemos hoy.

Aliados con el aperturismo y la oportunidad, la empresa adquiere relevancia internacional. Los años cincuenta son burbujeantes para España. Empresas multinacionales (la química Du Pont por ejemplo, curiosamente) deciden invertir en la creciente y floreciente industria cinematográfica. El clima y la luz españoles, además del estilo de vida y unos precios bajos, animan a las grandes superproducciones a venir a nuestro país. Así mismo productores europeos, como Dino de Laurentis, llenan de glamour la piel de toro. Talento como el de Orson Welles, o glamour de estrellas como Ava Gardner (que se quedó a vivir varios años, tuvo un romance con el torero Luis Miguel Dominguín y provocó una visita relámpago de Frank Sinatra para intentar salvar su relación) o Elizabeth Taylor. En 1960 el rey Balduino de Bélgica contrae matrimonio con la española Fabiola de Mora y Aragón, quien llega al altar con una tiara nupcial creada por Carrera y Carrera. El pequeño taller empezaba a brillar fuera de las fronteras.

Carrera y Carrera inicia su expansión internacional per se en los años 80. EE.UU. primero, abriendo una filial, y Japón mediante acuerdos de distribución. Sin embargo, en 1999 la familia Carrera vende el 85% del capital a antiguos accionistas y un grupo de ejecutivos provenientes de Loewe, que llegan con el propósito de profundizar en la internacionalización de la firma.

Carrera y Carrera había logrado superar la barrera de los cien años y buscaba adaptarse a los nuevos tiempos y gustos. Diseñadores nuevos, gente joven dispuesta a trabajar codo con codo con los artesanos tradicionales, entran en la compañía.

En 2006 Lladró adquiere el 100% de las acciones, tras haber inyectado en 2001 unos 15 millones de euros por un 45%, y potencia la internacionalización. Como resultado hoy ningún miembro de la familia Carrera se sienta ya en el consejo de administración ni trabaja en el taller. Aún así la empresa sigue adelante, innovando y creciendo en nuevos mercados y agrandando la marca y su historia.

Fotografía: © -Merce-, distribuida con licencia Creative Commons BY-SA

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