La felicidad, una cualidad muy rentable para las empresas

El éxito no es la clave de la felicidad, sino que la felicidad es la clave del éxito. La frase no es mía, pero como […]

El éxito no es la clave de la felicidad, sino que la felicidad es la clave del éxito. La frase no es mía, pero como si lo fuera. Parafraseo a algún sabio de reconocido prestigio mientras pienso en lo importante que resulta ser feliz para triunfar, tanto a nivel personal como profesional. Tecleo al tiempo que me convenzo de que a esta vida venimos a querer, a que nos quieran, a ser felices y a hacer felices a los demás. Y reflexiono…

Pues bien, dando por supuesto que estar contento no significa ser feliz, las personas felices y alegres tienen un impacto absolutamente positivo sobre quienes les rodean. Por ello, para las empresas cada vez resulta más significativo contar con empleados con la sonrisa puesta, siempre dispuestos a ayudar y a contagiar su alegría y felicidad.

Es más, las empresas pueden aumentar su productividad en torno a un 30% gracias a la felicidad. Y la salud de los trabajadores de una compañía podría mejorar más de un 20% si crece la felicidad percibida.

Desde la Fundación Mª Jesús Álava Reyes aseguran que las personas felices disponen de los recursos necesarios para aportar soluciones creativas, resistir la frustración y generar equipo. “Las empresas deberían valorar la felicidad de las personas igual que otras cualidades, como la capacidad de solución de problemas, la creatividad o la resiliencia”.

Así, María Sopeña, psicóloga de la Fundación, afirma que la felicidad es una cualidad fundamental en los trabajadores porque se basa en una decisión que, a su vez, impulsa y motiva al resto de empleados a mirar la vida con otros ojos, a no dejarse llevar por sus emociones iniciales y a buscar siempre soluciones alternativas, a no conformarse ni establecer juicios a priori, y a ofrecer remedios meditados que redunden en beneficio de todos.

Frente a las voces que señalan que la alegría, como la tristeza o el miedo, se contagia; a María Jesús Álava le gusta pensar que la felicidad se aprende y que nadie es víctima de sus circunstancias. Asimismo, resalta la capacidad de algunas personas para no responder a las contingencias del entorno de un modo reactivo. “Es mejor ser proactivos y coger las riendas de nuestros pensamientos y de nuestra vida. La voluntad nos iguala, lo que es maravilloso, porque todos, sin excepción, podemos ser igual de felices”, apostilla.

En este sentido, de la misma manera que es importante aprender y aleccionar a nuestros familiares y amigos; resulta fundamental enseñar a ser felices en el trabajo. Los psicólogos llaman a esta técnica “modelado”, que consiste en servir de ejemplo de comportamiento y se basa, precisamente, en el principio de aprendizaje por observación. Finalmente, detalla Sopeña, tras adquirir nuevos patrones de pensamiento, ser feliz acaba convirtiéndose en un hábito.

“La felicidad no es conformismo ciego, sino buscar la mejor versión de ti mismo y de lo que haces”. Álava sostiene que la felicidad es la consecuencia de pensar de un modo más adecuado, de no vivir reaccionando al entorno sino siendo coherentes con un estilo de vida con el que nos sentimos mejor y hacemos sentirse mejor a los demás.

Desde la Fundación Mª Jesús Álava Reyes lamentan que la felicidad se encuentre tan denostada y que carezca de la necesaria profundidad filosófica. De hecho, señalan que cuando se ve a una persona feliz suele pensarse que es menos reflexiva e introspectiva, cuando precisamente ocurre lo contrario. Y los expertos lo achacan a que mucha gente confunde felicidad con alegría, decisión con reacción sin reflexión.

La felicidad, añaden, es libertad. Y la libertad es nuestra más anhelada virtud. De esta forma, los trabajadores felices son más productivos porque son libres, ya sea para comprometerse, desarrollarse, expresarse, equivocarse… o para triunfar. No obstante, Sopeña advierte de que muchas veces no nos damos permiso para tener éxito y ser felices.

Además, la psicóloga explica que en circunstancias adversas un trabajador feliz presenta menores tasas de absentismo y conflicto, mientras que en situaciones favorables los empleados felices registran mayores índices de satisfacción y compromiso con la empresa.

En definitiva, “la felicidad es un activo empresarial como lo son la experiencia, la formación o el liderazgo. Y como tal debería evaluarse y tenerse en cuenta como criterio de selección, ya que no es una cuestión de suerte, sino de voluntad, de tomarse la vida de otra manera”, revelan desde la Fundación Mª Jesús Álava Reyes.

 

¿Qué pueden hacer las empresas?

Para aumentar la felicidad de sus trabajadores y, por ende, incrementar su competitividad; las empresas deben, en primer lugar, darse cuenta de que la felicidad es un elemento más de la productividad que puede marcar la diferencia de su modelo de negocio.

En este punto, de la misma forma que una empresa selecciona a sus candidatos en función de la inteligencia o de la capacidad de liderazgo, en la Fundación Mª Jesús Álava Reyes se muestran convencidos de que escoger a empleados que decidan ser felices resulta determinante.

En cualquier caso, Álava admite que hoy en día se están encontrando con que muchas compañías confunden, como les ocurre a un buen número de personas, felicidad con alegría. Por eso ponen, por ejemplo, futbolines en las salas del café. Sin embargo, aunque esto sea un paso, habría que hacer un ejercicio de reflexión más profundo. “Existen muchas medidas que las empresas podrían tomar para mejorar la felicidad de sus trabajadores, pero no hay fórmulas mágicas”, puntualiza.

Una empresa depende de sus clientes. Y los clientes son tratados por las personas que les prestan los servicios o les facilitan los productos. Así pues, “resulta mucho más sencillo satisfacer sus necesidades desde una emoción alegre que desde otra negativa”. Y María Manzano, socia fundadora de Lider-haz-Go! , pone de manifiesto la relevancia del aspecto físico, de la luz, del espacio, de la ausencia de ruido… En síntesis, del cuidado de la emoción de los trabajadores para facilitar que las conversaciones generen soluciones.

“Un equipo en el que prevalece la alegría sabe ver lo que está consiguiendo y aprender cuando las cosas no salen como esperaba; es un equipo en el que uno más uno es mucho más que dos, y en el que la diversidad es la capacidad de reconocer lo que cada uno aporta desde la diferencia”. Manzano remarca que un equipo en el que predominan los trabajadores alegres y felices se comunica mejor con sus clientes y es capaz de encontrar, o de crear, las soluciones que mejor satisfagan sus necesidades.

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