La guía definitiva para caer mal en la oficina

Pasamos muchas horas con nuestros compañeros de trabajo, con los que compartimos, además de oxígeno, envidias, rencores, amistades o enemistades, e incluso odios. Si seguimos […]

Pasamos muchas horas con nuestros compañeros de trabajo, con los que compartimos, además de oxígeno, envidias, rencores, amistades o enemistades, e incluso odios. Si seguimos cada uno de estos pasos, acabaremos cayendo mal de forma irremediable a todos nuestros colegas de la oficina:

 

  1. Critica todas y cada una de las ideas ajenas. La idea de trabajo “buena” es la tuya, las de los demás no tienen sentido. Ni te molestes en disimular que escuchas, sería intentar caer bien y no tiene sentido.
  2. Cuenta tu vida con pelos y señales mientras los demás intentan acabar una tarea. Las narraciones sobre lo que has hecho en la tarde del día anterior, los programas de televisión que has visto y las conversaciones con tus vecinos, “apasionarán” sin duda a cualquiera. Desarrolla estos temas especialmente cuando veas que alguien tiene prisa por acabar e irse.
  3. Opina de todo, sobre todo de política (especialmente de la ideología contraria a tus interlocutores, ridiculizando sus ideas). También cuestiona cómo tu compañero de al lado educa a sus hijos: “si él fuera mi hijo, yo…” o “así no lo haces bien”, etc.
  4. Critica a todo el mundo, y deja entrever que cuando alguien se ausente, también le vas a criticar por la espalda. El rol del criticón implacable es fundamental en la oficina, y lo debes ocupar tú.
  5. Quéjate de todo, del calor, de la silla, de otros departamentos, de tu jefe, de tus compañeros ausentes… Es necesario quejarse del trabajo en sí o del proyecto que tenéis entre manos. Desmotivar a los demás es una tarea muy importante.
  6. Di “empezad sin mí” antes de una reunión. Eso denota que te crees imprescindible. Si añades: “ya os contaré al final lo que tengo que explicaros”, el grado de prepotencia será absoluto. La sensación de que hasta que tú llegues y hables, lo demás no tiene sentido no se paga con nada.
  7. Aíslate con auriculares, incluso aunque no escuches nada con ellos. Será otra manera de no oír a los demás e ignorar todo lo que tengan que decir.
  8. Presume de todo lo que tienes, de lo que te has comprado y de lo maravillosa que es tu vida. Si alguien trata de contar “lo suyo” en la oficina, quítale importancia y compáralo con tus cosas.
  9. Cuenta una y otra vez las “gracias” de tus niños y, sobre todo, no dejes de enseñar sus fotos cada día. Si hay vídeos largos en el móvil, mejor. Pero muy largos.
  10. Cuando vayas de vacaciones, escribe a tus compañeros para darles envidia. Y si tú eres el que tienes envidia, menosprecia el lugar en el que está tu compañero. Cuando vuelvas, no dejes de mostrar las fotos, con narración de lo que hacías en cada momento. La paella y descripción del chiringuito que no falte. Las fotos de pies junto a la piscina son fundamentales. Y si hay vídeo, que sea con ruido desagradable de fondo.
  11. Pon en copia a todo el mundo en los correos que escribas, cuantos más mejor. Y no pasa nada si los envías cosas que no tienen nada que ver con el trabajo, así los interrumpes más.
  12. En el grupo de Whatsapp pensado para un proyecto manda cosas sin parar, aunque sea de madrugada, especialmente chistes obvios, copiados de Facebook y archiconocidos.
  13. No te preocupes de tu trabajo, ni de objetivos, solo de tu futuro y de tu posición. Mostrar interés por el equipo te haría popular.
  14. Escaquéate de los trabajos duros y de las responsabilidades. Los problemas, que los solucione otro. Y si ha habido un error, ha sido “Fernández, el de contabilidad”. Ve cambiando de culpables, para intentar caer mal por igual a todos.
  15. Crea estrategias para ascender, cuanto más se evidencien, mejor. Y si puedes pisar a tu compañero, ya es de nota.
  16. Haz la pelota al jefe. Es parte del anterior punto, y fundamental para crear enemistades. Al jefe se le ríen todas las gracias en público, con carcajada si hace falta.
  17. Haz ruidos machacones mientras trabajas, como el clic del boli o golpecitos sobre la mesa. Si lo estimas oportuno, silba mientras trabajas. El estribillo de la canción “Despacito” es ideal para machacar sin descanso.
  18. Aprópiate del trabajo de los demás y atribúyete méritos ajenos. Alguien que quiera ser odiado no debe hacer más que ser oportunista en el momento adecuado a costa del trabajo de los demás.
  19. Guárdate para ti la información relevante e importante. Jamás la compartas. Si alguien lo descubre, serás la “comidilla” de todo el mundo.
  20. Alarga las reuniones innecesariamente. Comenta cosas que no tengan nada que ver con los temas fijados. Los asistentes, que tienen mil tareas que hacer y están deseando acabar, odiarán que alguien saque un comentario de un tema intrascendente.

Con todos estos consejos, y alguno más que se te ocurra, serás el perfecto “odiado” de la oficina.

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