Más allá de la gestión del talento: gestiona el entusiasmo de tu pyme

Trabajo en equipo y creatividad Hace algunos años leí una afirmación de Tom Peters especialmente iluminadora: “Pregunta a cualquiera de tus empleados qué es lo […]

Trabajo en equipo y creatividad

Hace algunos años leí una afirmación de Tom Peters especialmente iluminadora:

“Pregunta a cualquiera de tus empleados qué es lo que hace en su tiempo libre y te contestará que hace actividades creativas, vigorosas, comprometidas… Esto es lo que verdaderamente hace, excepto en el tiempo que trabaja para ti”.

¿Cómo podemos conseguir que nuestros empleados pongan en nuestra empresa todo ese entusiasmo que suelen cultivar fuera?

Talento, entusiasmo y logros

Todos los grandes logros de nuestra Historia, en cualquier campo, se han conseguido gracias al entusiasmo de alguien. Y desde luego el entusiasmo no estaba solo; le acompañaba siempre una dosis razonable de talento para conseguir los objetivos, fueran estos cuales fueran.

Cuando el talento y el entusiasmo se unen forman un binomio imbatible que constituye la fórmula del éxito. En ese binomio el talento es una capacidad, una potencialidad, mientras que el entusiasmo es pura energía, el combustible que pone a trabajar al talento para llevarnos al objetivo.

El talento, contrariamente a lo que se piensa, está muy bien repartido. Cada persona tiene talento para algo, la cuestión es encontrar para qué. La inteligencia humana no es de una única clase, sino de varias naturalezas, y cada persona tiene sus propias y naturales virtudes donde destaca y brilla por encima del resto. Unas personas tendrán talento para gestionar múltiples cuestiones en paralelo, otras tendrán talento para empatizar con los clientes y construir relaciones positivas y duraderas, otras tendrán una inteligencia creativa capaz de pensar de modos inusuales y por lo tanto de generar ideas originales y valiosas…

El reto para las pymes es triple:

  1. Saber embarcar a bordo a las personas con las inteligencias adecuadas (o talentos).
  2. Lograr encajarlas con las necesidades y retos de la propia organización.
  3. Proporcionarles un entorno capaz de estimular su entusiasmo.

Así, si una organización consigue tener a bordo los talentos adecuados (múltiples y diversos), es suficientemente ágil y flexible para identificarlos y reubicarlos en las funciones más adecuadas, y consigue encender la llama del entusiasmo en ellos, se hallará en posición de funcionar como un equipo de alto rendimiento, capaz de conseguir logros inimaginables.

 

Valorar las pasiones

¿Cómo podemos encender la llama del entusiasmo en nuestra pyme? Bien, lo primero que hay que tener claro es qué es lo que enciende el entusiasmo de las personas. Aparte de las aficiones personales de cada uno (como decía Tom Peters, ahí es donde las personas suelen focalizar su entusiasmo), existen otros resortes.

Las personas cambiamos de empresa, además de por cuestiones salariales, porque buscamos un entorno en el que podamos crecer más, desarrollarnos más, aprender más, evolucionar más. Si en nuestra empresa no encontramos las condiciones que nos permitan ese crecimiento personal y profesional, lo más probable es que deseemos otro empleo.

Si nuestros empleados perciben que en su puesto tienen la oportunidad de crecer (no estoy hablando de cargos ni de “titulitis”, sino de aprendizaje, maduración, de realización),  eso ya es un buen marco en el que activar el entusiasmo.

El entusiasmo puede activarse de varios modos dependiendo de la persona. Algunas personas se entusiasmarán si perciben que están aprendiendo y adquiriendo valor. Otras se entusiasmarán si pueden desarrollar su creatividad en su puesto de trabajo, cosa no tan frecuente.

Así pues, nos encontramos con otro binomio interesante relacionado con el entusiasmo: aprendizaje y creatividad.

 

Equipos dirigidos por la pasión

Una buena manera de conseguir que nuestros empleados sientan que crecen, aprenden, maduran y evolucionan es permitir que empleen una parte de su tiempo agrupándose libremente para crear proyectos de su gusto, en un entorno auspiciado por la empresa. Una de las empresas a las que asesoro organiza una mesa redonda creativa cada cierto tiempo. Algunos empleados sugieren ideas en las que les gustaría trabajar. Luego cada empleado elige de entre esas ideas en cuál le gustaría colaborar y se forman equipos alrededor de cada idea, de modo libre, sin importar de qué departamento es cada uno. A partir de ahí dedican un par de horas semanales a trabajar juntos en los respectivos proyectos. Algunos de esos proyectos llegan a convertirse en nuevos productos comercializables, incluso alguno se ha convertido en un spin-off. Otros no llegan a ese punto. Sin embargo, todos producen efectos positivos en la organización puesto que :

  1. Se genera más cohesión o team building, incluso interdepartamentalmente.
  2. Los empleados se autoforman para afrontar sus proyectos.
  3. Se genera más negocio con los clientes derivado de tener más novedades que contar, además de proyectar una imagen de vanguardia y de ser pioneros e investigadores.
  4. Los empleados se ilusionan con sus empresas, puesto que no solamente hacen lo que se espera de ellos, sino también más cosas que se les ocurren, que les apasionan y en las que pueden expresar su creatividad, además de crecer como profesionales.

No es tan difícil encender la llama del entusiasmo. El talento solo no basta.

 

Foto @seekingthomas, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0

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