No me oigo bien. ¿Alguien me escucha?

Hibridación e inspiración Siempre digo que los equipos humanos desarrollan métodos, maneras de hacer y de funcionar, e incluso filosofías de equipo que pueden muy […]

Hibridación e inspiración

Siempre digo que los equipos humanos desarrollan métodos, maneras de hacer y de funcionar, e incluso filosofías de equipo que pueden muy bien ser de aplicación universal para otros equipos de cualquier otro ámbito. En mi caso siempre hablo de los músicos, puesto que además de hombre de empresa y académico, también soy músico y conozco desde dentro ambos mundos.

Resulta muy revelador e inspirador hibridar mundos distintos, incluso desconectados, e ir desgranando, en este caso desde la música, las ideas que más pueden ser entendidas desde el punto de vista de una organización y que constituyen verdaderas lecciones de las que aprender. Pensando en los músicos como grupos de trabajo, podemos hablar (y hemos hablado varias veces de ello) de innovación, de creatividad, adaptación al cambio, adopción de nuevas tecnologías, orientación y conexión con el cliente, incluso de fans, que son los mejores clientes. Sin embargo, una de las habilidades más básicas de cualquier músico y que es directamente extrapolable al mundo de la empresa es saber escuchar.

Hablar o boxear

A menudo las conversaciones humanas se parecen más a un combate de boxeo que a un verdadero ejercicio de comunicación y entendimiento. Esperamos a que nuestro contrincante acabe su frase para lanzarle un gancho de izquierda con la nuestra. Mientras él hablaba no le escuchábamos, en realidad estabamos pensando en lo siguiente que le ibamos a decir para “ganar” la discusión. ¿Cuántas reuniones empresariales tienen más de boxeo que de entendimiento?

Los músicos cultivan desde el principio un hábito de lo más sano y recomendable, el de la escucha. En la música moderna tal vez sean los músicos de jazz los que conceden más importancia a escucharse unos a otros, ya que el jazz es una conversación instrumental sobre un tema definido, pero con “palabras” improvisadas en el momento. Se puede tocar dos veces un mismo tema sin repetir las mismas notas, igual que en una conversación se puede hablar dos veces del mismo tema sin usar las mismas palabras. En el jazz hay que prestar mucha atención a lo que dicen los demás antes de atreverse a tocar lo que uno sienta. Es sobre todo un ejercicio de escucha activa. Se trata de construir algo juntos, no de ganar ninguna partida.

La prueba del ácido

Cualquier banda, sea de jazz, de rock o de cualquier otro estilo, realiza una cuidadosa prueba de sonido antes de tocar para una audiencia. En el escenario lo importante es sentirse cómodo y escucharse bien los unos a los otros. Si el bajista no se escucha bien a sí mismo, o no escucha bien al batería o al guitarrista, puede perderse desastrosamente, y viceversa. El público nota esas cosas y los músicos somos muy maniáticos con nuestras pruebas de sonido. Una buena prueba puede durar horas y no hay que escatimar esfuerzos. No olvidemos que subimos al escenario para deleitar a una audiencia.

De igual modo, una empresa debería salir al mercado para deleitar a los consumidores, que serán sus clientes, y si sabe lucirse, se convertirán en sus fans. Pero las empresas ¿realizan su prueba de sonido? Cada departamento debería “escuchar” suficientemente a los demás. Al fin y al cabo, están todos juntos en el escenario y no pueden ignorarse. Si no se escuchan bien a sí mismos (evaluando la bondad de sus resultados) o no escuchan adecuadamente a los demás (sus necesidades y requerimientos, y también sus consejos) el concierto puede ser un desastre.

La edad del pavo

En el último post hablábamos del ciclo de vida de las empresas y de aquellas crisis “naturales” por las que pasará a lo largo de su crecimiento. Una de ellas era la crisis de autonomía, que se resuelve cuando el líder delega parcelas de poder en sus oficiales. Pero estos, no acostumbrados a ser autónomos, se acaban descoordinando generando la siguiente crisis: la de control.

Es en esta época cuando más necesitamos escucharnos unos a otros, porque de algún modo es como si el director de la orquesta se hubiera alejado y ahora nadie nos coordina si no nos coordinamos entre nosotros. El peligro no está sólo en la problemática interna de la descoordinación, sino en que esta descoordinación llegue a ser percibida por nuestros clientes, cosa que es muy frecuente.

Adoptemos el sagrado arte de escuchar y disfrutemos de la música.

 

Foto @ky_olsen, distribuida con licencia Creative Commons BY-2.0 

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