Tu nuevo coche será un software

De nueve a multitud. Esta es la transformación que sufrirá la industria de la automoción en los próximos años. Nueve son las compañías que ostentan […]

De nueve a multitud. Esta es la transformación que sufrirá la industria de la automoción en los próximos años. Nueve son las compañías que ostentan gran parte de la cuota de mercado de la automoción, una cadena de valor lineal, con procedimientos específicos y que lleva vigente un siglo.

El coche será software y estará conectado. Es el germen, por tanto, de un nuevo ecosistema, más allá de la automatización y robotización de los actuales sistemas de fabricación.

Las compañías tradicionales están adoptando diferentes posiciones. Desde alianzas con nuevos players tecnológicos a la compra de startups especializadas en este ámbito. Incluso un fabricante tradicional se ha aventurado a desarrollar la tecnología de forma interna.

Tres de las mayores empresas tecnológicas del mundo ya han lanzado sus plataformas de aplicaciones de software especializado: Android Auto, Apple CarPlay y OpenCar. Imaginemos que son el centro de este incipiente ecosistema interconectado.

Por un lado nos encontraríamos a los proveedores: plataformas propias de apps, empresas de conectividad (como las operadoras de telecomunicaciones), los propios fabricantes tradicionales, proveedores de componentes (muchos con inteligencia incorporada a través de sensores), proveedores de software (como Nvidia, entre otros), fabricantes de semiconductores e infraestructura (como Intel o Qualcomm) e incluso, proveedores de tecnología de ciberseguridad (basada en blockchain u otros protocolos).

Por otro lado, estarían los actores que permiten conectar con clientes y usuarios: aplicaciones (desde iTunes a Skype), compañías de seguros, negocios de recambios y negocios retail en los que podemos realizar compras de forma cotidiana.

Sumemos también, las plataformas de pagos, las empresas que proporcionan servicios de movilidad y añadamos a los reguladores.

El ecosistema, por tanto, se basaría en la integración de la conducción y de dotar a los coches de todas las funcionalidades de los smartphones. Una parte más del Internet de las Cosas (IoT) que afectará también al desarrollo de las smart cities.

 

Autonomía en la conducción

En cuanto a la autonomía, la conducción y navegación requerirán de desarrollos basados en inteligencia artificial, sobre las que se podrían fijar distintos niveles.

Por ilustrarlo con dos ejemplos: Tesla (con su AutoPilot) se encontraría en un nivel de autonomía parcial o controlada, mientras que el coche de Google estaría encuadrado en autonomía plena (no sería necesaria la intervención humana).

Como consecuencia, dos elementos se suman a este debate: la seguridad y el componente ético.

  • La seguridad para evitar la toma del control del vehículo por terceros (ya se han patentado protocolos de seguridad en este sentido).
  • La ética centrada en la toma de decisiones complejas en vehículos con autonomía plena (en algunos países ya se están conformando los primeros grupos de trabajo para abordar estas nuevas realidades).

Conectividad

Si hablamos de conectividad, las funcionalidades permitirían a un usuario acceder a un rango de información y servicios más amplios y complementarios a través de las distintas plataformas.

Y la monetización podría ir desde el pago por uso a la venta de licencias o los sistemas de suscripción.

 

Ventajas y desventajas del coche conectado

Pensemos en beneficios inmediatos como la reducción del tiempo que dedicamos a buscar aparcamiento, pagar sólo por el uso que hacemos de un servicio de movilidad (y no por todo el estándar), o poder dedicar el tiempo en el coche a otras actividades.

Pensemos que el grado de adopción vendrá condicionado por los costes de cambio en la accesibilidad y las tecnologías complementarias existentes. Tesla y Google están adoptando posiciones de precios completamente antagónicas.

Habrá que ir analizando qué posiciones competitivas adoptan el resto de fabricantes (tradicionales y nuevos) sobre un mercado de millones de euros y en el que muchos consumidores se muestran favorables al cambio.

Pensemos que también habrá perdedores en esta transformación: autoescuelas, señalizadores, etc.

Si la tendencia se asienta estaríamos hablando de pasar de comprar coches a sólo usar coches. Y como toda innovación, los coches autónomos y conectados deben “saltar al abismo” hasta convertirse en tecnología dominante y masivamente adoptada.

La aparición de estas tecnologías exponenciales que permitan la creación de plataformas (conectando a multitud de actores) generarán el desarrollo de ecosistemas (incluso más allá del ámbito nacional o regional) que aborden los problemas de movilidad que presentan las grandes urbes, respecto a la concentración de la población, la movilidad o la polución, entre otros.

Todo a través de servicios que se adapten a las necesidades específicas de cada usuario. Todo de forma autónoma e “hiperconectada”.

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